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Sabido es, que, a veces, una misma situación puede presentar resoluciones ("versiones") tan variadas como innumerables. Se trata del famoso, "que hubiera pasado si..." que muchas veces nos ha acosado son sus enormes signos de interrogación, luego de haber tomado una decisión determinada.
De la infinita cantidad de finales posibles, tres son las que plantea la obra "Tres versiones de la vida", el espectáculo teatral que se presenta hoy, a las 21.30, en el teatro Plaza de Godoy Cruz.
Escrito por la francesa Jazmina Reza (autora también de la célebre "Art") el texto dramático narra las peripecias que debe sortear un matrimonio -un astrofísico y su esposa- cuando una pareja de invitados -el director de una revista científica y su mujer- llega antes de lo previsto a cenar. La cena, lejos de ser algo eventual, esconde un intención secreta: el científico necesita publicar una investigación que le llevó tres años.
A partir de allí se desprende un entramado de "acciones y reacciones" que va configurando los planteos y situando a los personajes -interpretados por Luis Luque, Déborah Warren, Nacho Godano y Andrea Bonelli- en un encuentro no planificado que tiene tres finales diferentes.
Déborah Warren, una de las protagonistas -recientemente sumada al elenco- dialogó en esta entrevista sobre la obra y otros temas relacionados con la vida de una actriz.
- Contáme acerca de la obra
- La obra es una pieza maravillosa de Jazmina Reza, una autora francesa. Es una comparación del ser humano con el universo. Son tres versiones de la vida (las mismas personas, la misma situación, de un mismo momento) que dependen de las actitudes y de cómo responden las personas. Es a partir de estas que se modifica la realidad.El observador, en este caso, el público tiene esa maravilla de ver más allá de lo que se ve, de lo que podés pensar de una persona y de una situación. Por momentos es desopilante y por momentos es muy profunda y naturalista.
- ¿Cuándo te sumaste al elenco?
- Me sumé cuando terminaron de hacer la temporada en Mar del Plata y me convocaron para hacer de Inés Iniroi, que es la esposa de un científico muy importante (Luis Luque). Ellos tienen una relación de muchos años, con hijos y con todo aquello que se pueden ver en todos los matrimonios. Aunque él es un tipo elevado, de la ciencia, su pareja es una más.
- ¿En qué te basaste para componer el personaje?
- El personaje es maravilloso. Es bastante obsesiva, le interesa mucho la forma, lo social y tiene buen corazón y ganas de ayudar pero la puede la forma. Por eso es muy rico y tentador para actuar. Lo construí, primero que nada, a partir de la visión Luis Romero, que es un gran director. Cuando volvieron de Mar del Plata tuvimos un mes y medio de ensayos pero tratamos los personajes con profundidad, eso habla muy bien de él. Desde su mirada y además, dejándome llevar por lo que el texto propone, con esas dos guías uno puede construir un personaje rico. Calculo que con el andar de las funciones se irá enriqueciendo cada vez más. El actor de teatro termina de armar su personaje con el público, que es quien te devuelve las cosas. Por eso el teatro es tan mágico y tan diferente de la tele. Al relacionarte en ese “aquí y ahora”, el público mantiene vivo al personaje. En los ensayos podés probar muchas cosas que se hacen después efectivas con lo que te transmite la gente. En el teatro es muy importante la interacción de la gente.
- Ya que estableciste la diferencia con la tv y estás grabando “Aquí no hay quien viva”, ¿qué diferencias notás al interpretar a Grace?
- La Primera Dama es muy diferente. Ella quiere ser lo que nunca pudo ser, e Inés (mi personaje en la obra) es esa primera dama. Grace tiene aristas femeninas exacerbadas: de competencia, de envidia, de ambición y es una enloquecida desaforada. No le importa nada, vende a los hijos, la casa, pero es sumamente querible. Tiene un “yo” afectado. Son dos personajes divertidos pero muy diferentes e su interior y en su psicología. Inés se guarda todo y Grace no se guarda nada.
- ¿Cómo construiste esta arquetípica mujer?
- Fue muy divertido. Cuando me convocaron me dijeron que era mala, rígida y que debía oscurecerme el pelo. Al principio me preguntaba si no era muy mala pero al mes de estar haciéndolo, comencé a disfrutarlo porque es muy jugoso el personaje. Siempre se tienen esos pruritos de pensar que la gente no te va a querer si hacés de mala. Lo fui construyendo a partir del texto y de la química con Eduardo. En la tele también el personaje se va haciendo con el otro y se profundiza a medida que va enfrentándose a distintas situaciones y hechos, esto te permite un juego más abarcativo. Una obra empieza y termina siempre igual, y que por eso te permite una profundidad importante. Las dos cosas son hermosas pero es mucho más vertiginosa la tele que el teatro.
- ¿Sentís nostalgia por alguna de tus intepretaciones?
- Hay dos personajes que volvería hacer. Uno es el de “Corte fatal”, una obra con Rodolfo Bebán, Pablo Codevilla, Chango Vieira, Graciela Estefani y elenco. Mi personaje se llamaba Bárbara. La obra narraba un asesinato, ocurría en el primer acto y al final de este entraban los policías y pedían la reconstrucción del hecho. Para hacerlo, iluminaban la platea y se rompía la cuarta pared. El público participaba y decidía quién era el asesino. Cada uno de nosotros teníamos un monólogo final y competíamos, en el buen sentido, para ser votados y cerrar la obra. Las funciones las hicimos en el Maipú en 1999. Otro personaje era el de “Dewi”, que hacía, ese mismo año, en la comedia musical, “Vivitos y coleando” de Hugo Midón.
- ¿Cuándo te acercaste al teatro?
- Empecé a hacer teatro a los quince dirigida por Mario Camorano con “La verbena alborotada” en un Café Concert llamado “La Fusa”, después, a los 17, participé en “Aquí no podemos hacerlo”, otra comedia musical y luego entré en la tele. “Los días felices” fue la primera obra para adultos con Ricardo Darín, Jorge Mayorano, Silvia Pérez, Virginia Fayad y Pablo Codevilla, con dirección de Fernando Ciro.
- ¿Y cuándo decidiste dedicarte de lleno?
- Viene desde muy chiquita (risas). Volvía loca a toda mi familia, me gustaba cantar, bailar y los hacía actuar a todos. Ya los quince vivía a contramano, todos mis compañeros se iban de vacaciones y yo hacía teatro.
- Me imagino, entonces, que nunca te planteaste qué hubieras sido si no eras actriz…
- No me lo planteé. Pero en paralelo hice una carrera que se llama "Rebirthing" (“Renacimiento”), una técnica de respiración conciente. Le dediqué muchos años y formé gente. Creo que cuando no me atrapa mucho el arte, me atrapa todo lo relacionado con lo energético. Y tengo también, una compañía de teatro independiente, Plenilunio.
- “Tres versiones de la vida” es una obra comercial, ¿cuál es la diferencia entre esta y una propuesta independiente o alternativa?
- En general, la diferencia está en el capital que se necesita para generar el proyecto. Para una obra comercial se requiere mucha plata, (avisadores, sponsors, etc) y el teatro independiente, en cambio, maneja un capital mucho menor y por eso está en un circuito más chico. Además, no tiene la presión de responderle a un productor, ni la de funcionar –eso es muy fuerte en la tele y el teatro- y por eso puede explorar otros territorios o animarse a dirigir puestas menos convencionales. No cumplir con las formas o las normas del teatro comercial, te da otras alternativas, aunque eso no implica que lo independiente sea mejor. Pero sí, sos un poco más “libre”.
- ¿Tienen su propia sala?
- No, actuamos siempre en “Liberarte”, un teatro que pertenece al off pero que está en plena calle corriente. También he dirigido en “El ombligo de la luna”, que desgraciadamente cerró, estaba cerca de El Abasto. Además trabajamos con Cultura a través de funciones vendidas por las municipalidades.
- En Mendoza aún no se revierte la problemática del cierre de salas, ¿qué pasa en el under porteño?
- Acá se cerraron muchísimas pero otras abrieron. Alfredo Zema, por ejemplo, abrió hace poco un teatro en la zona de El Abasto, pero mirá cuántos años después. La dueña de “El ombligo…” tuvo que cerrar porque le pedían condiciones de seguridad que no podía pagar.
- Además de tus intervenciones en el programa, la obra y tu compañía, ¿te quedan propuestas artísticas para el resto del año?
- Hace muchos años que tengo en el tintero un disco. Vengo componiendo canciones desde hace más de cuatro años. Pero por las cosas que van apareciendo me cuesta darme el espacio para terminarlas. Es algo que tengo ganas de hacer por mi. Y tengo muchas ganas de hacer cine también. Por otro lado, estoy en un proyecto de escribir un guión pero siempre aparece algo...
- Por último, ¿conocías Mendoza?
- Visité Mendoza con “Los días felices” y luego con “Taxi”, una comedia maravillosa con la que viajé mucho.