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Es hora de ponerse la Patria al hombro

La participación de los ciudadanos en la vida democrática es uno de los principios centrales del pensamiento social cristiano.
No podemos construir una Patria de hermanos, si la mayor parte de nuestros niños, de nuestros jóvenes y de nuestros ancianos carecen de lo necesario para una vida digna Foto: MDZ
No podemos construir una Patria de hermanos, si la mayor parte de nuestros niños, de nuestros jóvenes y de nuestros ancianos carecen de lo necesario para una vida digna Foto: MDZ

Para nosotros, dirigentes de empresas nucleados en la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), es un llamado para renovar nuestro compromiso con el bien común y el progreso de la sociedad civil. Nuestra asociación, nacida hace 70 años del impulso de Enrique Shaw, fue fundada para promover precisamente los valores del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia en el mundo del trabajo y de las empresas.

Por eso, en momentos que el ausentismo parece expresar el desinterés o la desilusión de una parte de nuestros compatriotas con la oferta política del sistema democrático, es necesario recordar que no podemos construir una Patria de hermanos, crecer,  desarrollarnos y ser felices en una sociedad donde la mayor parte de nuestros niños, de nuestros jóvenes y de nuestros ancianos carecen de lo necesario para una vida digna. 

Entendida como la contribución de cada ciudadano y de las organizaciones intermedias de la sociedad al crecimiento de la vida cultural, económica, política y social de la comunidad civil a la que pertenecemos, “la participación es un deber que todos han de cumplir conscientemente, en modo responsable y con vistas al bien común” (Compendio DSI 189).

Enrique Shaw, venerable.

Conscientemente, de manera responsable y con vistas al bien común… De esa manera participamos y para eso votamos. Como pocas veces, probablemente, en estos 40 años de democracia, los cristianos estamos interpelados en conciencia a la hora de emitir nuestro voto. Como reflexionó a título personal uno de los obispos católicos días pasados, para muchos cristianos “las dos propuestas en danza, por diversas razones, presentan a la conciencia formada graves perplejidades que no se pueden minimizar”.

Muchos pueden enfrentar la tentación de “lavarse las manos” y sumarse al número lamentablemente creciente de quienes eligen el ausentismo como opción frente al desafío electoral. El Catecismo de la Iglesia Católica nos ilumina con claridad: el servicio de los ciudadanos al bien común exige “moralmente” el cumplimiento de su responsabilidad en la vida política ejerciendo, entre otros deberes, el derecho al voto (CIC 2239 y 2240). Vale decir, para un cristiano votar es una exigencia moral. O como dice el querido Papa Francisco, “ponerse la Patria al hombro”.

Cuánto nos hubiera ayudado, para un adecuado discernimiento, una campaña electoral en la que se hubieran presentado propuestas. Una campaña en la que, más allá de afirmaciones de carácter general, se hubieran respondido las preguntas que, como dirigentes de empresa que queremos seguir a Jesús, nos estamos haciendo.

  • ¿Cómo y en qué plazos se reducirá la inflación?
  • ¿Cómo se reordenará la macroeconomía cuidando de no agravar el sufrimiento de los más pobres y excluidos?
  • ¿Cómo superaremos las limitaciones y deficiencias del sistema educativo?
  • ¿Cómo promoveremos el cuidado del medio ambiente y de la casa común?
  • ¿Qué lugar se asignará al rol de la empresa privada en la nueva etapa del país y cuáles son los límites que debe tener el Estado?
  • ¿De qué modo cuidaremos los derechos humanos y especialmente el derecho a la vida, visto de una manera integral, desde la concepción y hasta la muerte natural?

Sin embargo, en sus pautas para la construcción del bien común, el Papa Francisco nos recuerda que “la realidad supera a la idea” y además que “el tiempo supera el espacio”. Estos son los candidatos y este es el momento en que, de manera reflexionada y en conciencia, debemos discernir el voto por quien, con mirada de largo plazo, nos permita hacer crecer la esperanza. “Jesucristo, señor de la Historia, te necesitamos. Nos sentimos heridos y agobiados”. Que la oración por la Patria nos ayude a ser una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y sobre todo, el compromiso por el bien común.

Silvia Bulla.

* Silvia Bulla, presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE)