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Un trabajador de Cementos Avellaneda le dijo, en videoconferencia, a la Presidenta: "Estamos todo el día ahí (en la mina)". A la distancia, desde Casa de Gobierno, Cristina Fernández de Kirchner miraba a Antonio, tal su nombre, junto a gran parte de su gabinete.
Segundos antes, cuando desde el móvil que conducía el vicepresidente Amado Boudou desde la localidad bonaerense de Olavarría, el empleado comenzó a hablar de la minería. Según El Cronista "el aire se cortaba con cuchillo en el Salón de las Mujeres". "Los ministros se miraban entre sí. Ni bien el discurso de Antonio, apellidado Domínguez según Télam, tomó un curso que no los incomodaba, varios celebraron cada una de sus palabras", escribió el diario porteño.
Alguien más asistía de manera incómoda a esas palabras: era el gobernador mendocino, Francisco Paco Pérez, desde Gral. Alvear, quien ha dado instrucciones precisas a sus colaboradores para borrar la palabra "minería" en una provincia que clausuró el debate sobre el tema y en la que oficialismo y oposición no dicen con claridad qué piensan, sino que sostienen, al unísono, una frase de ocasión: "El clima social no está para hablar del tema".
"Vamos a tener que dar una discusión en serio (sobre la minería), tenemos que exigir calidad ambiental a las empresas pero responsabilidad general en cuanto a los planteos (de quienes se oponen a la actividad)", acotó Cristina Kirchner, sin mencionar a los ambientalistas.
Luego, Antonio reclamó que los mineros "puedan trabajar en paz", al tiempo que se quejó por un corte de ruta en La Alumbrera, en Catamarca. "Es la lógica implacable del pueblo", completó la Presidenta, antes de lamentar las posiciones antimineras "dogmáticas y cerradas".