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La Red Erbol, uno d elos sistemas de radio más extendidos e importantes de Bolivia, se hizo eco de la columna escrita en MDZ por Marianela Ripa, titulada "La chola y la escalera".
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La columna completa, aquí:
Ayer observé algo que yo llamo una “foto en movimiento”. Una de esas imágenes de la realidad que hablan por sí solas. Algo que Sarmiento hubiera resumido en “civilización y barbarie” y la poesía de Galeano quizás describiera como “la Pachamama irrumpiendo en el centro mismo del palacio capitalista”.
Lo que ví fue una Chola boliviana, con sus largas trenzas, su sombrero y su falda ancha, al pie de la escalera mecánica, con el gesto en el rostro de la incertidumbre de lo desconocido, dubitativa y temerosa. A su lado una mujer, quizás su hija, que intentaba convencerla y le explicaba cómo subir. Me acerqué y le indiqué que más adelante había una escalera por la que podía subir por sus propios medios. Miré luego un segundo alrededor, la persona de seguridad parada impávida observando la imagen, un montón de gente sentada en las mesas del café que se encuentra al pie de la escalera, mirando la situación, ajenas, como lejanas, algunas hasta socarronamente.
Y se me despertaron algunas dudas, ¿de qué reirán? ¿De lo distinto? ¿De que alguien no quiera detener su marcha para ser conducido por un objeto? ¿Es acaso eso muy inadaptado a nuestro sistema de vida, muy alejado a este modelo de sociedad?
La situación podría leerse desde “pobrecita mujer, no sabe algo tan elemental como usar una escalera mecánica” desde esa mirada ya la ponemos en el lugar de “ella es la diferente”, queda disminuida frente al lente por el que estamos acostumbrados a mirar los acontecimientos.
Pero en un intento de mirar la imagen a través de otro lente, pensaba, también podría leerse: “pobre de nosotros que vemos como normal detener nuestra marcha, quedarnos quietos, quietos, bien quietitos para ser trasladados. Que creemos movernos mientras quietos desde una mesa de café miramos a la chola, que creemos movernos cuando cada vez se inventan más cosas para tenernos detenidos.
Acaso como nuestros pies, no habrá algo por aquí que también detiene nuestras mentes, que nos lleva a todos para el mismo lado, a pensar y actuar parecido, a valorar lo que para todos es valioso sin preguntarnos por un segundo porqué, desde cuándo o quién lo dice.
¿Cuánto se habrá detenido de nuestra humanidad en las invisibles escaleras mecánicas que nos llevan día a día por los valores de la sociedad de consumo? ¿Cuánto habrá de sabiduría, cuanto habrá de valioso y desconocido para nosotros allí mismo, entre las trenzas de la Chama? Me vine con la sensación de pobre yo, pobres nosotros, ¿de qué nos estamos perdiendo al dejarnos trasladar por mecánicas maquinas y no usar nuestros pies descalzos para movernos en la tierra?
*Marianela Ripa, autora de esta nota, es abogada del fuero mendocino.