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En una audaz apuesta MDZ convoca al debate sobre la reforma constitucional en Mendoza.Bienvenida y oportuna iniciativa, máxime cuando su director, Gabriel Conte, explicita una bien fundada posición reformista.
Conte realiza una descripción suficientemente clara en la nota editorial que nos exime de dar argumentos adicionales sobre la necesidad de una amplia Asamblea Constituyente para permitirnos discutir nuestra provincia en un proyecto nacional.
Nos interesa, en cambio, describir algunas cuestiones/problemas de imprescindible comprensión para el éxito del proceso: El miedo.
En todas las iniciativas reformistas anteriores hubo sectores que utilizaron la estrategia de infundir miedo. Asustar a la población. En la construcción del miedo el rol de la comunicación social es sumamente importante, por ello, especialmente bienvenida la postura de MDZ.
El miedo no es racional. Es un sentimiento, no un razonamiento. Consecuentemente todas las experiencias que acotaron las reformas en función de ganar mayores apoyos requirieron una fuerza política desproporcionada a los resultados.Esto lo sabe cualquier político profesional. ¿Qué sabe? Sabe que cuando se plantea una reforma constitucional tiene la oportunidad de meter miedo y ser exitoso.
Imagine usted un legislador con pocas perspectivas de renovar su banca... Aquí tiene un filón espectacular. Y si llega a encontrar un multimedio que le de micrófono... En lugar de un legislador ponga Ud. un partido político completo y tendrá mejor (peor) resultado aún. Este es el mecanismo extorsivo que inhibe las reformas. Máxime luego de la interpretación jurisprudencial amañada sobre las mayorías requeridas.
Aunque parezca pretencioso, no se puede abordar esta discusión sin enfrentar el miedo que suele primar en los sectores conservadores.Por si hiciera falta aclararlo, en Argentina los sectores conservadores no sólo se llaman “sectores conservadores”.
Se nos ocurre que, finalmente, el miedo sólo se puede enfrentar desde una experiencia de socialización, de cómo construimos el vivir con otros, de la confianza en el prójimo. Porque si el miedo es un sentimiento, no es con argumentos como lo combatimos, es con otros sentimientos. Con solidaridades vividas.
La propuesta del diputado nacional Guillermo Carmona de utilizar un mecanismo similar a las audiencias que se realizaron por la Ley de uso del suelo y, en general, todos los mecanismos participativos son importantes también en vistas a vencer el miedo.
El miedo a la reforma esconde a veces el miedo a las mayorías. Este miedo atávico es constituyente de la cultura argentina desde “La cautiva” de Echeverría al “La vuelta del malón” de Della Valle, pasando por el “Facundo” y tantas otras obras artísticas fundantes, la imagen de lo popular asociado a lo bárbaro ha “legitimado” las peores atrocidades de las oligarquías argentinas.
En una etapa como la actual es fundamental que los medios no den legitimidad a los discursos atroces. No den legitimidad a los chantas que querrán meter miedo.
El provincialismo, la mentada “mendocinidad” como discurso chauvinista que desprecia el entorno regional se reveló no solamente como una hipocresía infundada sino como un bluff en términos de resultados. Una reforma constitucional debe abordar seriamente el federalismo, es decir, considerarnos como parte de una nación, en armonía, integrados, con el todo y con sus partes.
Será menester precaverse de discursos exaltados que postularán la virtual escisión, principalmente intentando desvincular nuestras finanzas de las nacionales.
El todo y las partes
Una Asamblea permitirá la irrupción de múltiples sectores que presionarán por que se contemple sus expectativas. Una constitución no debería ser un collage de pretensiones sectoriales, a veces contradictorias entre sí. Hace falta una conducción política sólida para que, a la vez que se contiene las partes, no se pierda un horizonte estratégico, un rumbo, un sentido, una promesa.
Podemos expresar las que nosotros quisiéramos, pero eso será seguramente fruto del debate. Sin embargo, nuestro destino inescindible del proyecto nacional, de la Patria Grande Latinoamericana, la preservación de los derechos humanos como imperativo del funcionamiento del Estado, aparecen, a priori, como infaltables en la argamasa necesaria para dar coherencia al proyecto.
Lo político
Reducir la discusión a la reelección del gobernador es minimizar la cuestión. Enfocarla a la “reforma política” como se la suele pensar, esto es, si hay boletas más grandes o más chicas, si hay más o menos nombres, si elecciones juntas o separadas, también.
Otras cuestiones (como los distritos provinciales que son claramente un adefesio sin sentido), son de indudable pertinencia. Cabe, sin embargo, pensar en fuertes cambios en los mecanismos de representación, principalmente orientados en el sentido exactamente inverso a como se plantea la “reforma política”, es decir, cómo disminuir la autonomía de los representantes respecto del pueblo, o, dicho de otro modo, cómo aumentar su autonomía de los poderes concentrados.
Un sinnúmero de oportunidades para un debate que se presenta como oportuno y necesario. Para vivirlo con alegría, compromiso y participación que parece una buena receta contra los que quieren asustarnos.