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Hay una aclaración que, aunque parezca obvia, parece que debe recalcarse porque algunos no la comprenden: el periodista que va a hacer la cobertura de un espectáculo, va a trabajar.
A veces el show o la presentación que cubre el periodista es de su agrado, o entra en su gusto personal. Otras veces, no. El periodista estudió para eso: para ser objetivo, presenciar el show y transmitir a la gente lo que pasó y cómo pasó. Y también estudió para dar un punto de vista, una opinión subjetiva pero criteriosa. Algunos lo harán bien, otros regular, otros mal… pero todos van a tra-ba-jar.
En el caso particular de la presentación de Calle 13, el sector de prensa fue ubicado a un costado del escenario, pero casi a la par del mismo, por lo cual la visión se obstaculizaba en gran medida. Además, alrededor de treinta personas eran verdaderamente periodistas o comunicadores, mientras que los demás seres que poblaban el sector eran invitados especiales, “VIP” y portadores de una “pulserita naranja” que parecía un objeto superpoderoso gracias al cual podían pasearse por los espacios restringidos.
“Tenía entendido que esta pulsera era algo así como un all access –acceso libre a todos los sectores-. Estábamos en el sector de carpas, detrás del escenario, a donde supuestamente llegarían los miembros de la banda… pero de un momento a otro nos sacaron de allí y nos dijeron que nos quedemos con ustedes, en el sector destinado a la prensa”, explicó uno de los portadores del accesorio anaranjado en la muñeca a MDZ.
Si bien la mayoría de estas personas disfrutaron tranquilas del show, casi todas se agolparon frente a las mesas en donde los comunicadores trabajaban… y respondían con insultos –e incluso alguno que otro empujón o golpe- cualquier solicitud de apartamiento.
El hecho más peligroso lo vivieron los fotógrafos y camarógrafos: debieron subirse a los tablones sostenidos por frágiles caballetes –originariamente para trabajar con computadoras y transmitir online- para poder obtener una imagen medianamente decente.
Para colmo de males, una pluma (grúa utilizada para hacer tomas para TV y cine) de considerable tamaño se ubicaba frente al sector de los periodistas: un verdadero escollo para la tarea del fotógrafo, que debía lidiar con la presencia de semejante elemento que perturbaba la captación de una imagen limpia.
¿Para salir? ¡Difícil!
El calor y la cantidad de horas de espera (algunos se animaron a acampar en el predio desde la noche anterior) doblegó a más de uno: sobre todo mujeres, un gran número de personas debió ser asistido debido a desmayos, descompensaciones o descomposturas.
Sin embargo, las salidas de emergencia de los distintos sectores se encontraban siempre obstaculizadas por el amontonamiento de gente. No se logró dejar un camino libre y a los empujones y gritos mediante, los encargados de seguridad corrían del lugar a las personas que entorpecían el rescate y así socorrían a los desvanecidos.
Escasa seguridad
La presentación de Calle 13 fue una fiesta gracias a la madurez, al buen comportamiento del público mendocino. Según la información de colegas de diario UNO, la policía sólo realizó cinco aprehensiones y solo una detención.
Sin embargo, MDZ comprobó el malestar de muchos miembros del cuerpo policial, que se quejaron de la desproporción entre la gran cantidad de espectadores y el número de efectivos policiales que se afectó al evento.
Esto fue reafirmado entre charlas e información compartida por colegas del matutino formato tabloide, que comentaban que los responsables del operativo declararon que hubo menos de un tercio de policías en Luján comparando con los destinados a un partido de fútbol en el Malvinas Argentinas; a pesar de que el número de asistentes duplicaba a los que habitualmente concurren al estadio.
Ahora...¡El recital estuvo buenísimo!