Con la armonía que la caracteriza, Marcela nos recibió en su casa, y después de una charla en la que se habló de todo un poco comenzamos la entrevista para saber que es de la vida de esta hermosa mujer que 30 años después de aquella recordada coronación dialogó con Mediamza.
“Mi vida es una vida de lo más tranquila, tengo dos hijas Josefina y Agustina. A las dos les va muy bien una se acaba de recibir, la otra está estudiando y tengo dos trabajaos. Tengo una vida muy privada y me vinculo con mis amigos de toda la vida”, expresó.
Hace 30 años vivía una de las experiencias mas fuertes de mi vida, me impresiona mucho como ha pasado el tiempo, yo siempre he vivido despegada del tiempo, sé que hay tiempos como los que laborales que se deben cumplir pero siempre he sido así, pese a que este último tiempo es demasiado veloz, también es cierto que yo voy entrando a otro tiempo de mi vida, tengo 51 años” reflexiona.
Si bien nunca con su familia fue de seguir demasiado las fiestas recuerda que “cuando era chica me enganchó mucho la vendimia del año en que salió Mónica Roberts y desde ese momento fue muy fuerte la vendimia para mí”.
Entre risas dice “yo no sé si ella sabe la fascinación que ella despertó en mi su belleza, porque era como salvaje para la época, porque por más de que se usaban las minis y se veían mucho era un poco osado usarlo para lo formal, ella lo hacía y me parecía muy animado”.
Si bien dice que siguió a Mónica Roberts hasta Mendoza junto a la familia de su amiga, explica que se quedó enganchada con todo eso pero siempre le pareció algo a lo que ella no podía acceder, “en mi casa nunca compartíamos lo relacionado con vendimia, cuando mi papá murió dejamos de ir a la finca osea que ni siquiera desde la labor” recuerda.
![]() Marcela junto a su fiel compañera, Preciosa |
La convocatoria
Don López Martín que en ese entonces era el presidente de Pedal llegó hasta su casa y le dijo a su mamá que Marcela debía postularse para ser Reina, a lo que su madre respondió que no podía decidir ella, que lo debía decidir su hija.
Ella pensando en la tarea y responsabilidad que significaba consideraba que no se sentía preparada para eso, y recuerda que “Don López Martín insistió de una manera absoluta hasta que un día les dije yo: por favor no vengan mas, voy a pensar 48 horas pero no quiero que venga mas porque sonaba el timbre y yo le decía a mi mamá Don López Martín mamá, ¿qué le digo?, ¡qué le digo!. Marcela recuerda que él fue muy astuto, porque le dijo tu abuelo, su “Nono” del alma, el papá de su mamá, fue presidente del club por lo que ella en su honor debería de representarlos.
“Yo pensé si mi Nono viviera, hubiera estado muy contento, bueno entonces lo hago por él, total creía que todo empezaba y terminaba ahí. Pero eso no terminó nunca” dice alegre. “Cuando me coronaron reina de Ciudad que lo hizo la Sra de Hueda me recitó una poesía impresionante y ahí me di cuenta de la sensibilidad que representa para muchas personas la vendimia desde la poesía, desde la labor, desde lo festivo, lo social, para diferentes grupos la vendimia es importante”.
La vendimia departamental
Después llegó el momento de la fiesta departamental ella no había vuelto a participar en una desde que Mónica Roberts había sido electa, por lo que contó que cuando subió al escenario fue impactante y pensó que lo increíble que era eso, porque “no hay una previa que te prepare para esa cierta popularidad con la que te encontrás, el público tan afectuoso, tan sensible, el momento del homenaje a la Virgen de la Carrodilla, era tan increíble todo que por momentos me salía de la fiesta para ver el público, porque la energía que transmiten es muchísima, yo sentía que vivía una noche perfectas en la que yo no hacía nada, me la regalaban”
Explica que cuando salió reina departamental, le dio un poco de temor lo que se venía en Mendoza Capital, porque pensaba que iba a estar sola allá ya que si bien estudiaba y tenía amigos esta era una situación diferente”.
“Yo tenía mucha timidez y mucho temor de esa exposición pública, era algo que me atemorizaba, pero las personas que me acompañaron fueron excelente, una Ester Anchelergues y Don López Martín que se portaron con una calidad y discreción conmigo que aun hoy recuerdo, y el otro que era divino era Don Morales chofer del Municipio, que era una persona muy cálida, tenía siempre la palabra justa en el momento justo”.
Un párrafo aparte se merece la familia de Marcela, que ella contó la acompañaron desde Pedal y hasta la Fiesta Nacional, tenerlos cerca para ella en esos momentos tan importantes fue sin dudas otro de los pilares que le daba fuerzas para seguir en lo que parecía un sueño.
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Mendoza, la fiesta nacional
Marcela recordó que anduvieron mucho por Mendoza, que era mucho más tranquilo que ahora pero que aquella fue una experiencia lindísima, recordó la alegría permanente que hay en las calles y en la gente, “si uno no se plantea que es un momento muy breve en la vida, te podes confundidor y enredar”, reflexionó. “Te apabullan, te preguntan, te saludan, quieren estar con vos”. “Yo me acuerdo a la mañana siguiente de salir electa, estábamos desayunando con el Intendente como es tradición y todos los periodistas me preguntaban a mi, y eso me impresionaba”.
Además explicó que ella considera que antes no había una competencia real, se cumplía un protocolo y una tenía que salir, porque así estaba estipulado, pero no había una competencia sobre quién sería o no la reina, “éramos todas iguales” recuerda.
La corona una sorpresa
Está claro por su relato que ella no creía que iba a ser la nueva reina nacional, de hecho contó que cuando estaba en Mendoza y sus hermanas la llamaban y le preguntaban quién era la más linda, quién era la que iba a salir ella consideraba que la representante de Guaymallén, porque “era una mujer que se imponía, yo la veía muy mujer y pensé… esta rompe el escenario”, recordó. “Además el año anterior había salido la Josefina Izquierdo, también una mujer con una gran presencia entonces yo no pensaba que iba a ganar, yo creo que me sentía como una niña de pueblo, fue una experiencia social que desconocía por completo, no porque no tuviera amigos, pero todo era en dimensiones impensadas para mi hasta ese momento”.
Justamente por eso Marcela explica que vivió todo con mucha sensibilidad, y con un gran compromiso y pensaba permanentemente cómo iba a hacer para poder cumplir con semejante responsabilidad, “por un año eso me produjo una sensación muy profunda” dice.
El año de reinado pasó rapidísimo asistió a muchos actos protocolares, a fiestas y destacó que siempre respetaron sus decisiones ya que no la obligaron a ir a los actos a los que no quiso asistir, como por ejemplo recuerda “me oponía a la construcción del complejo Las Leñas, porque me parecía un proyecto muy extranjero respetaron que yo no quisiera estar allí”.
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Recuerdos y anécdotas
Cuando entregué la corona entendió porque eso no podía durar más de un año, por lo demandante y agobiante y eso que todos eran muy atentos amables y todos fue muy lindo.
Una anécdota de ese año, “en ese momento el chofer de lo que en ese entonces era la Subsecretaría de Turismo de Mendoza era tan bueno como toda la gente que trabajaba allí, pero él cuando yo me subía al auto para ir a una acto me decía, m´hijita Usted no se ha pintado, hay que pintarse para ir a los actos, yo le respondía que a mí no me gusta mucho pintarme. Él llevaba un rouge en la guantera y me lo pasaba y decía, vamos píntese los labios y yo me pintaba los labios el me ayudaba a ponerme la corona”.
“Como él toda la gente con la que me vincule, que son los que trabajaban todos los días en el municipio, casa de gobierno, subsecretaría de turismo, todos fueron amables, atentos, respetuosos, de ellos guardo gratos recuerdos” manifestó.
Otra anécdota hace referencia específicamente a la corona, Marcela cuenta que no llevaba a ningún lado la corona “me daba pudor ponerme la corona, por ejemplo cuando fui a la fiesta del té en Misiones en un pueblo que era tan humilde, que me parecía un símbolo de mucha opulencia. Cuando me instalaba en el lugar y los que organizaban nuestras actividades me preguntaban si había llevado la corona y yo les respondía que no, me decían pero no puede ser tiene que trae la corona y entonces mandaba un telegrama a mis compañeras de Mendoza que decía: envíen corona al lugar donde estuviera, mil veces las chicas con las que estudiaba me mandaron la corona”, recuerda entre risas
Vendimia hoy
“He participado por muchos años, pero hace un tiempo no participo más y realmente me doy cuenta que ya está, siento que no tengo que subir a una escenario y saludar. Creo que eso es de las chicas jóvenes, es su tiempo. Creo que uno como reina queda en el recuerdo de la gente como era en ese momento. Yo no le tengo miedo al paso del tiempo, por eso siento respeto por eso”.
“Pero quien dice que un día me de la locura y piense que quiero volver, no sé, eso lo dirá el tiempo” concluyó.