13 de Diciembre de 2011 |12:00
Rolando Concatti y Daniel Barraco 
"El artista necesita del oficio"
Nacho Gaffuri / MDZ
 
Daniel Barraco y Rolando Concatti.
 
Rolando Concatti y Daniel Barraco, autores de "Ensayos entre luces y sombras"

Nos reunimos en un bar del centro, porque se trata de gente con la que hay que reunirse en ese tipo de lugares, porque es como si un café los motivara especialmente para confraternizar, se les suelta la lengua y es fácil hacer con ellos esto, porque se pierde la noción de estar trabajando y se gana en sensación de sentirse entre amigos.

Cuando llega Rolando Concatti, la conversación se inclina para el lado de las dificultades para llegar al centro desde Luján, que es donde vive, y el tránsito y todo eso. Y cuando llega Daniel Barraco la cosa gira hacia la situación laboral de la esposa de Concatti y su próxima ocupación.

“¿Con ese aparatito vas a grabar?”, pregunta Barraco apuntando al mp4. Le cuento la historia del aparatito, que es regalo de mi esposa, que se había cansado de verme lidiar con cassettes y pilas, entonces él hace un chiste, y ya la mesa para la entrevista acerca del libro conjunto Ensayos entre luces y sombras, que presentan esta noche, está tendida.

- ¿Cómo surge la idea de agregarles a estos textos las ilustraciones ilustraciones?

Daniel Barraco: Yo se lo propuse a Rolando. Con él nos conocemos desde hace años, de la época de los 70, de la militancia en el peronismo, y los artículos que él ha ido escribiendo, para mí han sido siempre objeto de mucha admiración, siempre he tenido la idea de que es un tipo realmente capaz medio escondido, por la poca difusión en Mendoza, lo que sucede un poco en las provincias, y para mí había que reunir esos artículos, que tienen una gran claridad, una gran transparencia, una brillante forma de exponer los problemas, cosas que uno intuye pero no sabe expresarlas bien, darlas vuelta bien, y estos artículos vienen a decirte “así es la cosa, esta es la forma de mirar este asunto”, entonces me pareció que había que juntarlos. Y también era una forma de rescatar del olvido esos artículos. Hay algunos escritos hace diez años y que son de absoluta actualidad, que perfectamente podés aplicar como material de análisis a lo que ahora está pasando.

- ¿Hubo que retocar los artículos o quedaron como estaban?

Rolando Concatti: En realidad, hubo que retocarlos, pero mínimamente.

D.B.: Algún colofón, alguna cosita...

R.C.: Fundamentalmente alguna cosa que era tan ruidosamente del momento que un poco los descoloca. Pero quiero decir que Barraco es uno de los grandes descubrimientos de mi vida, en el sentido de amistad y de admiración por los artistas plásticos, porque yo tengo amigos plásticos, pero hay siempre fronteras, con mucha frecuencia el artista plástico es más intuitivo, y también son personajes especiales.

D.B.: ¿Vos decís que provocan rechazo y cercanía al mismo tiempo?

R.C.: Sí… Bueno, no he logrado intimar mucho con ninguno de mis contemporáneos. Hay que tener en cuenta que yo también tuve un largo período en el que tenía dificultades para vincularme más con cierto círculo cultural de Mendoza, especialmente, en los 70, cuando mi pronta inscripción en la Renovación Peronista y en la militancia de aquellos años y el hecho de ser cura mezclaron grupos que fueron siempre más bien de izquierda o que se consideran de izquierda, más antipopulistas. También hubo revistas de mi época, como Claves, que me trató bien, pero no tenía enchufe ahí, salvo con algunos, y en el caso de Barraco yo he asistido prácticamente a su constitución como artista, y muy pronto demostró condiciones y una sensibilidad muy grande, muy distinta, sin hacer alharaca de vanguardia ni de ninguna cosa de otro mundo, pero era claro que marcaba una diferencia. Después se fue a París, y yo también, y son cosas que van aproximando mucho. Todo eso nos ha ido aproximado, nos hemos escrito mucho, y a mí me ha asombrado bastante la capacidad intelectual literaria de Daniel, que lee mucho, lee muy bien, y escribe, y entre los artistas plásticos eso es muy difícil.

- Eso lo demostró con el libro Mañana vas a ver al Che.

R.C.: Claro, y con las cartas de él y con lo que lee, porque a ambos nos gusta leer autores no convencionales. Conclusión: todo eso ha hecho crecer una relación muy afectiva, muy respetuosa, y a mí me ha interesado mucho verlo crecer y he sufrido el que no tuviera probablemente el gran reconocimiento que se merece.

D.B.: Bueno, eso… Tal vez la falta de reconocimiento también tiene que ver con que uno vive acá. Eso yo lo veo claramente en él. Es muy relativo y personal lo que voy a decir, pero creo que él como escritor es infinitamente superior a mí como fotógrafo, entonces yo digo cómo es posible que un tipo como Concatti no tenga el brillo que debería tener, sobre todo respecto de la gente que uno ve que sobresale y piensa “estos no le llegan ni a los talones a Concatti”. Por eso, como te decía al principio, hay que recuperar esas cosas que él escribió.

Suena el teléfono de Barraco y él pide disculpas y se pone de pie para atender. En la mesa la conversación se desvía hacia archivo sonoro de la entrevista y el grabador que Concatti tiene y que a veces le complica la vida. “Todas las cosas nuevas son realmente complejas”, dice, y no se explica cómo es que le consume tan rápido las pilas. Después hablamos de sistemas mecánicos y electrónicos de almacenamiento, de programas para editar sonido... Es una fuente de diálogos Concatti. Y cuando regresa Barraco y pide disculpas, Concatti retoma la entrevista como si nunca se hubiera interrumpido.

R.C.: Todo esto nos llevó hace muchos años a un proyecto muy lindo que todavía tenemos en la gatera y que alguna vez va a haber que hacer. Se llama Artistas y Artesanos en el Fin de Siglo. Él tuvo la ocurrencia de preocuparse por todos los oficios que están desapareciendo, incluso los oficios sexuales, gente que hace ataúdes, los últimos sastres, ha hecho toda una colección y yo he hecho un texto… Habría que terminarlo.

D.B.: Es uno de mis grandes proyectos fotográficos y él ha hecho un texto excelente sobre  la relación entre artistas y obreros, sobre cómo en el artesano hay una cualidad de artista y cómo el artista necesita del oficio, del trabajo que lo acerca de alguna manera al obrero. Es una manera de desacralizar muchas cosas. Lo que pasa es que es un tipo de fotografía que requiere de cierta calidad técnica, y eso es guita, pero mucha guita. Es más fácil imprimir en colores que una buena fotografía en blanco y negro, entonces habría que recurrir a Buenos Aires, o incluso ahora hay una modalidad, desde hace varios años, que es imprimir los libros en Asia, pero es un fangote de guita.

R.C.: Y, por otro lado, es un homenaje a algo que se extingue. Entonces de ahí venimos con esta idea. Ahora él se está inclinando mucho por el dibujo, y a mí me cuesta entenderlo y seguirlo. Hemos tenido unos pequeños chispazos, donde yo siempre me someto, no tengo competencia. Y también en la elección de los textos de Ensayos entre luces y sombras. Hay textos no tan largos, pero porque son periodísticos, la mayoría fue publicada en diarios y revisas, por eso tienen el formato que puede tener un artículo del diario, 1.200, 1.400 palabras como mucho.

- Pero extraídos y puestos en un libro, con esa misma extensión se convierten en otra cosa.

R.C.: Sí, sí. A veces estos textos dialogan entre sí, entonces hemos dejado como una especie de muestreo de cuatro o cinco grandes temas que no están enunciados como tales, pero creo que el que lo lea con atención se podrá llegar a dar cuenta. Hay algunas cosas sobre Francia y varios textos sobre escritores que yo he ido haciendo, habitualmente corrigiendo la versión más repetida y cosificada, el lugar común, y al mismo tiempo aproximarlos a los procesos culturales. Como consecuencia de eso han ido surgiendo cosas que no se pueden decir en el libro y que están puntuadas por las circunstancias del momento, por ejemplo, un artículo sobre Sabato, con quien yo he tenido relaciones de lector muy complicadas, ya desde los años de gran éxito de él tenía objeciones, reconociendo por otra parte que en algunos aspectos ideológicos era interesante, pero no por otro, después vino el tema que lo ha perjudicado tanto, y no, cuando la dictadura, que lo han aprovechado todos para darle y para pegarle. A mí me pareció, hace más de diez años, que era muy injusto eso y que había otra cosa detrás, una necesidad como de anular en el terreno del pensamiento y de la militancia intelectual de mucho de estos, que si pudieran matar a Borges por las mismas circunstancias lo matarían. Bueno, ese artículo sobre Sabato lo hemos tenido que arreglar diez años después, porque quedaba como una defensa casi exagerada y además porque Sabato en los últimos diez años de su vida…

D.B.: Derrapó mucho.

R.C.: Derrapó muchísimo, transformándose en la conciencia ética del país.

D.B.: Y trágica.

R.C.: Y trágica y anunciadora… Por eso te digo, los artículos van teniendo memoria… También está uno sobre Gelman, de quien creo que hay pocos intentos de aproximarlo efectivamente a la gente, y de Cortázar teníamos un par pero quedó sólo uno.

D.B.: También está el de Vargas Llosa, que [a Concatti] un poco lo hiciste a pedido mío, porque estaba en el ojo de la tormenta Vargas Llosa, y Rolando ha escrito una cosa interesante que le da por la cabeza a Vargas Llosa pero no por lo que le damos todos, que es por su gorilismo inocultable y tan desagradable, sino por su literatura misma, que al final es lo que va a quedar de él. Y por una curiosidad, ese artículo está todo rayado, que fue un accidente en la computadora.

R.C.: Cuando lo vi, él me dijo que era un error, y yo dije “dejalo, queda fantástico”, es como decir que este es un texto prohibido que no se puede publicar. Y lo otro que me parece muy importante y decisivo es la tenacidad y la capacidad artesanal de Daniel para hacer un libro, porque todos podemos tener la idea, pero después hay que saberlo diseñar, hay que saber cómo buscar. Daniel es muy perceptivo respecto de la gente que diseña y en todos los niveles artísticos, y después conseguir la calidad, que es lo que hace a un libro diferente, como uno también cuando escribe, que tiene que olvidarse del lector y hacerlo en homenaje a la cosa misma, que si escribo un cuento, el cuento es el que cuenta.

- Daniel, para este libro has utilizado tinta, acuarelas, has intervenido fotos, ¿cómo decidís la técnica para cada uno de los textos?

D.B.: La ilustración misma te lo va diciendo, en la medida en que va fluyendo más en una dirección que en otra. Por ahí vas haciendo un pastel y no le encontrás mucho la vuelta, y después hacés una aguada y sentís que eso está más fluido, que es más dinámica esa ilustración, y te decidís por eso. No es que lo pensás primero. Un día te sentís con ganas de hacer un collage, como con ese de Gibson [se refiere al que acompaña al texto La manipulación de Cristo, incluido en el libro, sobre la película La pasión de Cristo]. Yo agarré una revista y encontré una buena foto de Gibson, justamente a propósito de sus películas, y como uno también está informado sobre los tipos, yo sabía que él tiene una historia complicada, que el padre era un mandril, un gorila tremendo, entonces le vi esa cara, ese ojo que tiene, y dije “bueno, acá hay que hacer algo con este ojo”. Lo recorté, lo puse abajo, intentando darle una idea de ferocidad, y después vas sumando cosas.

En ese momento llega Nacho, uno de los fotógrafos del diario, y tras de las presentaciones nos pide si después podemos ir afuera a hacer las tomas. “Por supuesto”, dice Barraco, que de luces y sombras sabe bastante, y entramos a la etapa final de la entrevista con Nacho haciendo retratos de ellos dos. Otra vez, Concatti retoma como si nada hubiera interrumpido el diálogo.

R.C.: Una cosa que también es importante es que no son ilustraciones de los textos, son inspiradas libremente en los textos. A él el texto le ha disparado su conocimiento en pintura, en dibujo. Hay muchas cosas que él aclara al final sobre la fuente de inspiración y que es muy lindo saber, porque le dan a uno una especie de impacto, como cuando se habla de la tortura, y él habla de las tortura medievales, entonces, sin necesidad de decirlo, está diciendo esta monstruosidad que está en la historia y es como lo peor medieval que tanto denigramos y que seguimos viendo. Es una riqueza eso. Esto tiene un diálogo, y alguno lo puede interpretar como una pequeña polémica con lo que dice el texto.

D.B.: Yo cuando me dedicaba intensamente a la fotografía, casi nunca hice fotografía a pedido, incluso cuando trabajé para Le Monde no hacía cosas que estuvieran directamente relacionadas con el pedido, sino que era una cuestión creativa, y en los dibujos yo he intentado hacer lo mismo, porque la ilustración de por sí es una disciplina un poco subalterna al gran dibujo, en ese sentido, no tengo yo disposición para ir al pie de la letra con lo que está escrito. Por ejemplo, en el caso de Roberto Arlt [se refiere al texto Roberto Arlt o el intelectual como testigo, incluido en el libro], Rolando no menciona ahí algo que está en la ilustración, que es que Arlt tenía un costado muy curioso relacionado con los inventos y quería hacerse millonario con la media de seda que no  se rompiera, entonces dije “vamos a poner unas tremendas gambas acá”.

- ¿Hay como un metadiálogo entre el texto y la ilustración?

D.B.: Y entre un hombre que escribe y otro al que le hubiese gustado escribir.

- Ahora Concatti dice que le hubiera gustado ser fotógrafo y nos vamos todos…

R.C.: Todos nosotros hemos tenido vocación de fotógrafo, y yo he tenido hasta laboratorio en mi casa. Tanto es así que si llego a tener plata un día me quiero comprar una de esas.

Dice sonriendo y señalando la tremenda máquina fotográfica que cuelga del cuello de Nacho, y eso ya es el pie para levantarse y que vayan afuera a hacerse las fotos.

Después vuelven a la mesa, pero la entrevista ya ha terminado, así que, después de que Nacho se despide, el diálogo sigue. “Este tipo es impresionante, te puede hablar de cualquier cosa”, dice Barraco cuando Concatti comienza a hablar de un tema que uno nunca hubiera esperado que se explayara. “Es más”, agrega Barraco, “no sabés lo que conoce de fútbol".

Entonces, tendrá que ser el fútbol el próximo tema.

Alejandro Frias

"El artista necesita del oficio"
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