12 de Noviembre de 2011 |20:24
MDZ en Roma: Merkel, Berlusconi, la receta y el “cuoco”
 
Los manifestantes celebran la salida de Berlusconi.
 
Italia no elegirá a su nuevo jefe de Estado: lo hará, en su nombre y por primera vez, Europa. Un doble sentimiento, humillación y preocupación por la crisis, ronda como un fantasma pavoroso por las calles de Roma. Allí está el director de MDZ, Gabriel Conte, quien lo cuenta en esta nota.

Los romanos siempre fueron machistas: las élites militares  políticas arriba, la burguesía emprendedora luego y, al final, “lo que queda y las mujeres”. Ni qué hablar del orgullo por su pasado imperial. Obviamente que ha pasado agua a lo largo de los siglos por debajo de los puentes del Tiber, pero aquella característica –ahora que una mujer “tedesca” los acosa desde la madre Europa- vuelve a ser útil a la hora de auscultar los ánimos de la Italia cotidiana.

Se dice además, por el tono del discurso típico del italiano capitalino promedio, que son lo más parecido en el mundo a un argentino. Esa frase la dijo un cura sexagenario a un grupo de personas con las que hablaba. “Será, en todo caso, que los argentinos nos parecemos demasiado a los italianos”, se escuchó refunfuñar, de atrás, a un porteño que revolvía en un escaparate en la búsqueda de un llavero de recuerdo.

La cuestión viene al caso porque hay varias frustraciones concatenadas que hacen que los italianos en los diarios, en la televisión y, por consiguiente, en la calle, se comparen –al analizar la crisis por la que está pasando el país- un espejo de la Argentina.

Días atrás estábamos en el Palazzo Quirinale, la casa del presidente, Georgio Napolitano. La prensa se mostraba nerviosa en el lugar y los policías, también. A los empujones querían impedir el acceso de las cámaras de TV y de fotos a los autos que raudamente salían del lugar: se vivía un clima inestable, ya que se sabía que el “capo dello stato” había perdido la confianza en el Parlamento y el país se quedaría sin gobierno.

Esperando novedades en el palacio presidencial del Quirinale, en Roma.

En la plaza del palacio, unido por una línea con la cúpula de San Pedro, en el cercano Vaticano y a pasos de la Corte Constitucional que ya había arremetido contra “Il cavalliere” al pretender quitarle los fueros, las vueltas elípticas de un helicóptero le daban un toque “dosmilunesco” a la escena de incertidumbre.

El presidente Napolitano se quedó allí y quien salió fue Mario Monti, el nombre más reproducido por todo el mundo en este país durante los últimos diez días. Venía de ser consultado por el presidente. Prefirió no hablar, pero muchos hablan por él por estas horas.

“Berlusconi –que ocupa formalmente el cargo de Presidente del Consejo de Ministros, lo que, desde 1861, equivale a un “primer ministro” y a la jefatura del Gobierno- ha de estar preparando una gran fiesta para cuando salga del trabajo”, dijo Giuseppe, camarógrafo de una cadena italiana que estaba apostado en la puerta del Quirinale a la espera de novedades.

Claro que para acabar de una vez por todas con las analogías hay que afirmar que aquí, en Roma, nadie salió a las calles a protestar. La procesión, sin dudas, fue por dentro. Y sigue su marcha hasta tanto de construya un plan que le permita al país salir de su triste lugar de escolta de Grecia en los países en crisis, ya que, según comenta todo el mundo en los cafés y en las plazas, “ya hasta España está mejor que nosotros”.

Los argentinos sabemos que los italianos exageran a la hora de compararse con nosotros: buscan sacarse las culpas propias. El “yo no lo voté” a Berlusconi nos une aun más. Pero la verdad es que lo primero fue la crisis económica y luego, la política. Hay que imaginarse que Berlusconi gobernaba por tercera vez en un país que no escarmentó con las dos primeras experiencias. Algo así como si, finalmente (y ahora las comparaciones las hacemos nosotros) nuestro país le hubiese abierto las puertas a Menem por tercera vez.

Claudio es chofer. Su madre es colombiana y su padre, italiano. Su acento es “paisa”, lo que delata un origen en las cercanías, si no en la mismísima Medellín. “La verdad –nos dice- es que con Berlusconi se vio a una persona con dinero que no necesitaba robar y que le daba mucho trabajo a la gente con sus empresas. Ahora no sabemos qué paso. Tal vez le haya hecho mal a Italia ingresar a Europa… Pero, ¿y si no se integraba? ¿Qué sería hoy de Italia?”, analiza y se pregunta, a la vez. Pero en realidad, intenta defender la imagen de un Berlusconi a quien, a todas luces, votó. No puede creer que termine así: “La izquierda habla estupideces” dice un joven que, a primera vista, parece un joven progresista; pero no.

Prefiere recordar con melancolía al constructor exitoso que devino en zar de la televisión y, desde allí, trasladó su show a otra parte, al Gobierno de Italia. Pero no es un análisis descabellado sobre las ruinas de un emperador que no fue: es el propio escritor Antonio Tabucchi quien lo ha caracterizado en las últimas horas como alguien que supo montar “una realidad ficticia a través de la televisión”.

“¿Qué va a hacer el gran defensor del mercado en Italia luego de que el primer golpe contra su gobierno lo diera, precisamente, ´su´ Mercado de Valores de Milán?”, se preguntó gesticulando y a los gritos contra quien quisiera tomarle el guante un anciano rodeado de amigos que tomaban una “birra” en el café Cin Cin, frente a la Piazza Venezia.

Silvio Berlusconi ha caído. La calles de Roma así lo reclamaban, a pesar del esfuerzo de la “nueva derecha” por mostrarse unida y reorganizada. Con la noticia, la gente salió a la calle a festejar. Pero es un festejo doloroso, extraño. No están bien económicamente: “La nafta cuesta 8 euros el litro y va a volver a aumentar dos veces en lo sucesivo”, explica, por ejemplo, una señora mayor que, junto a su marido, optaron por tomarse el micro de la línea 881 desde Torre Rossa hasta San Pietro, dejando el auto en la cochera de su casa.

“Estamos como cuando Marco Antonio descubrió que una mujer podía gobernar, cuando conoció a Cleopatra. Helados del susto con Angela Merkel. Pero con una diferencia: la Merkel no es aliada de Roma”. Con esta frase, otra Angela, italiana, pero que habla perfecto español, guía turística, graficó la situación por la que están pasando.

Hace tiempo, frente a la crisis, “la Merkel”, tal como se la cita en cualquier conversación italiana, admitió que prefería dialogar del tema con el presidente Napolitano y no con Berlusconi, humillando a este último. Pero no fue la única: Bruno Manfellotto, columnista de L ´Espreso, se encargó de recordar este sábado que “la propia biblia de las finanzas, el Financial Times, le dijo a Berlusconi: ´En el nombre de Dios, váyase´”.

No habrá elecciones en lo inmediato, está más que claro. La misma sociedad ha ido cambiando de humor día por día con respecto a esta posibilidad, aunque la sigue apoyando. Un estudio del Instituto Piopoli demostró que en los tres días de inestabilidad política la gente cambió de opinión. El 7 de noviembre, 49 por ciento de los italianos querían “elecciones ya”. Ese día todo se volvió incalculable. El 8, la cifra trepó al 55 por ciento. Pero al siguiente, cuando se comenzó a hablar de la “salida técnica de Monti”, el apoyo a la convocatoria electoral urgente cayó al 40 por ciento”.

Massimo Cacciari, analista y columnista también de L`Espresso,  analiza este fin de semana, por su parte, que “el pueblo no es muy soberano” en Italia. Frente al vacío de poder, ¿por qué no llamar a elecciones?

La respuesta del gobierno y del Parlamento es que “no, porque no”. Traducido por los analistas, el ego imperial queda hecho añicos: simplemente, Europa no tiene tiempo para que Italia se tome el tiempo necesario para convocar a elecciones y elegir así, mediante el voto popular, al nuevo jefe de estado que remplace a Berlusconi. Por lo tanto, le “recomienda” que elija a un gobierno placebo, un gobierno de carácter meramente técnico con un gabinete que deberá ser armado con consultas a la Unión Europea y no a los partidos políticos italianos, centralmente.

El “número puesto” ha sido, durante toda la semana, el economista Mario Monti, ex comisario de Europa, vale decir, un funcionario cercano a los designios de un gobierno continental dirigido, prácticamente, por la Cleopatra alemana quien, señalan, es la dueña de la receta para sacar a Italia de la crisis.

Desde la derecha hasta la izquierda han protestado. Lo han hecho por no poder elegir a su propio gobierno, por el carácter meramente técnico y hasta porque no han podido colar a uno de sus hombres para dirigir el gobierno.

Así, la frase del presidente de la Cámara, Gianfranco Fini, se ha convertido en uno de los chistes de la revista política satírica Il Male, más que gráfico: “El problema no es la receta, sino el cocinero” (“Il problema non è la ricetta, è il cuocco”).

¿Qué receta espera Italia que cocine, entonces, el cocinero Monti?

Según el opositor Paolo Ferrero, de Refundazione Comunista, como “Monti responde a Europa y no a Italia”, lo que se viene es “una ola privatizadora” y “el aumento de la edad jubilatoria”.

Por eso coincidió con sus contrapartes de la derecha en que “hay que llamar urgentemente a elecciones”. Lo que se busca en el Parlamento es que a Berlusconi le suceda un gobierno de carácter “político”. Pero eso no será posible si no hay elecciones porque, simplemente, nadie apoyará ni le otorgará confianza a un gobierno político surgido de la nada. Ni el Parlamento ni Europa lo harán.

Se augura una “transición técnica” y nadie descarta la posibilidad de que el propio Monti continúe, sometiéndose al voto y que hasta el propio Berlusconi vuelva a intentar gobernar, una opción más mítica que real.

Por ahora, Europa decide en nombre del pueblo italiano. Puso la “ricetta”. Y también, ahora, “il cuocco”.

Gabriel Conte en Twitter: @ConteGabriel

Más información:

Berlusconi llega al Quirinale a renunciar: "!Buffone, buffone!", le gritan. Mirá el video

Lo que dice ahora el diario Il Manifestro. Hacé clic aquí.

Il Corriere della Sera.

Comienza el gobierno de 12 técnicos: Il Messagero.

La revistsa L`Espresso, aquí.


Comentarios


Domingo 13 de Noviembre de 2011 19:53
Viva Italia
por marelimar
Excelente su nota, Sr. Director. Muchas gracias por su análisis "in situ".


MDZ en Roma: Merkel, Berlusconi, la receta y el “cuoco”
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