6 de Noviembre de 2011 |14:30
La indignación, La Defense y la policía
Javier Fortuny
 
Los indignados de "La Defense".
 
Mientras los movimientos de indignados se multiplican alrededor del mundo, un mendocino residente en Francia relata de cerca cómo se vive la concentración en La Defense. Mirá el relato en primera persona de la resistencia parisina, en la pluma de un paisano.

Por Javier Fortuny

La Defense es, para dejarlo bien en claro, el Wall Street francés. Ahí es donde el movimiento de los indignados parisinos decidió hacer su última aparición. Con un paisaje más newyorkino que parisino, La Defense es el centro financiero de París. Es un lugar donde no se produce nada más que números. Entrada la noche las miles de oficinas que allí proliferan quedan desiertas dándole a La Defense un aspecto casi de pueblo fantasma. No hay sonidos de gente caminando o hablando, no hay ruido de autos, colectivos o camiones.

Durante el día, miles de personas caminan entre la estación del metro,  el shopping, los altos edificios de oficinas y la explanada central. Pero al salir de la estación de metro bien entrada la noche, quedamos rodeados de esos edificios modernos donde solo quedan las últimas luces prendidas.  El silencio imponente de los rascacielos  lo intimida a uno al punto poético de creer que las empresas devoraron al hombre. Las letras luminosas de los nombres de cada compañía que ostenta uno de esos edificios se apoderan del ambiente y no hay ninguna persona a la vista.

Por eso los indignados parisinos se convocaron en La Defense, símbolo de un sistema que está consumiendo al hombre. Centenares de personas con una sola característica en común, la indignación, se reunieron bajo el Grande Arche, un edificio con forma de arco que está en línea recta con el Arco del Triunfo. La cita estaba hecha para las 5 de la tarde hora de Francia. Con tan solo un megáfono un moderador comenzó la organización desde las escalinatas del Grande Arche. Para las 6.30  habían empezado las exposiciones de quienes quisieran tomar la palabra.

Con el adelanto de una hora por la temporada invernal, la noche había llegado temprano. Algunos comenzaron a poner sus carpas sobre la explanada. Mientras tanto, una veintena de traffics de la policía que hasta el momento  observaba el espectáculo decidió tomar acción. Fue la primera intervención de la policía, que trató de impedir que se instalaran las carpas. Entre empujones y gritos de reproche hacia las fuerzas policíacas, los indignados ganaron la primera batalla y pudieron instalar sus carpas. “El pueblo unido, jamás será vencido” fue coreado por los manifestantes, en español. Acompañado también por el clásico parisino dedicado a la policía “police partout, justice nulle part” (policía por todos lados, justicia por ninguna parte).

Tras esos breves momentos de tensión en que los uniformados interrumpieron la manifestación, los discursos continuaron. Con el megáfono hablaba quien tuviera algo que decir, no más de 5 minutos cada uno. Una de las personas que tomó la palabra fue un hombre de alrededor de 50 años que dijo “Gracias a la juventud, los viejos estamos con ustedes”, mostrando que la indignación no es sólo cosa de estudiantes y jóvenes desempleados. Otra de las personas que tomó el megáfono fue un residente colombiano en París que nombró las dictaduras que sufrió Latinoamérica, entre ellas la de Chile y Argentina, y las comparó a los dictadores económicos contra los que se lucha ahora.

El objetivo de la manifestación era acampar durante la noche para esperar a aquellos que retornarían de Cannes tras marchar contra el G20. Pero eso no fue posible. La policía tenía órdenes de limpiar la explanada después de las 21 hs. Sin discriminar entre hombre, mujeres, jóvenes o viejos, la policía arremetió contra los indignados, destruyendo carpas y empujando con sus escudos. La orden era dispersar a la gente y eso se iba a lograr.

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