23 de Febrero de 2008 |12:40
Cecilia Salinas: la cantante de Jazz
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Con Dancing Mood.
 
Cecilia Salinas, actriz, conductora, docente y cantante de Jazz, acepta la invitación de MDZ y nos cuenta qué significa ser una mujer que intenta buscar un espacio en un mundo de hombres. Literatura, cine y mucha música en una entrevista un tanto lluviosa.
Mirá las fotos y el video.

La tarde se desliza por las calles como una serpiente silenciosa en el desierto. Las moléculas de oxigeno se multiplican y es posible oler en el aire la proximidad de la lluvia. Es un día tranquilo, los autos avanzan por sobre el cemento como en cualquier película realista. Seguros del sitio al que se dirigen.

Las carteras cuelgan de los brazos de las mujeres y las remeras de los hombres siguen rodeando los cuellos en un abrazo infinito. Es una calurosa tarde de febrero, hay cierta humedad que insiste en aplastar un poco las palabras y la gente en las mesas parece hablar más lento, como susurrando.

Cecilia Salinas se acerca entre un grupo de gente desconocida, simplemente coinciden en la dirección, la vereda, la hora y el dia en que han decidido caminar por ahí. Pensándolo bien, quizá el hecho que esas coincidencias sucedan en forma casi constante hace que la vida sea tan interesante. La distancia que nos separa, desparece.

Nos saludamos, Cecilia está vestida de color negro y unas grandes gafas cubren sus ojos. Decidimos sentarnos en la mesa de algun bar para comenzar a charlar, cualquiera será bueno me dice ella y pienso que en realidad es así. Mientras el mozo esté dispuesto a ir y venir las veces que sea necesario, cualquier bar será bueno. Finalmente frenamos nuestros pasos en uno que ostenta un nombre en inglés, nos sentamos en una mesa afuera, todavía qudan algunas libres.

Un vendedor de perfumes truchos intenta convencer a un grupo de chicas que sus fragancias son mejores que las originales, ellas lo escuchan más bien por aburrimiento que por interés. La tarde ha mutado sus colores hacia el gris y la lluvia se presiente cada vez más cerca. El tiempo estaba realizando su habitual tarea, avanzar sin pedir permiso. Decido tomar el primer sorbo de mi vaso y me pregunto, le pregunto, como es un día normal en la vida de una mujer que canta Jazz.


“Estudio eternamente. Soy una estudiante algo más que crónica. Lo que sucede, es que muchas veces el estudio ha estado supeditado a la música, y a las propuestas que de ella han surgido. Y en esto me considero afortunada, porque nunca han dejado de surgir cosas que me permiten continuar experimentando y divirtiéndome. Siempre fue divertido para mi hacer música, vivirla desde lo lúdico. Desde hacer un jingle, participar en un disco o hacer una intervencion para una banda ya conformada, todo es una excusa para pasarla bien y continuar aprendiendo. También por supuesto, trato de terminar mi carrera y además doy clases de lengua y literatura”. Un vendedor ambulante intenta mostrarnos sus relojes. Ella le explica que estamos en el medio de una nota. Es clara y concisa. El vendedor no entiende muy bien de que la va con eso de una nota, pero de todas formas se despide y nos da la espalda.”Musicalmente es el Jazz lo que más estoy haciendo. Hay tantas posibilidades de trabajo y tantos lugares que se abren a esta tendencia que las opciones están presentes a la vuelta de la esquina. Además del Jazz  estoy integrando una banda con la que recién estamos ensayando,  se llama “La Vecindad”. Ahí  yo toco un poco el bajo. Entre risas deja claro que es tan solo un poco. “Hay tres percusionistas muy talentosos, con una energía nueva, que generosamente me enseñan también a percutir. Estamos en un proceso creativo donde buscamos la canción a partir de las improvisaciones que nos arroja la percusión y las voces. Con ellos llegó también un registro de musica brasilera, experimentar con esto me tiene muy contenta, porque es un nuevo mundo para mi.”


La conversación es fluída, algunas personas pasan con un paraguas en la mano, pienso que tal vez hubiera sido atinado hacer lo mismo, la lluvia sigue anunciando su llegada con un picante olor en en el aire. Creo recordar que alguien me dijo, que ese olor se llamaba ozono. De todas formas los recuerdos se tornan un ejercicio cada vez más antiguo, hoy lo que no se recuerda, se googlea.

Un sorbo más de mi vaso, ella hace lo mismo, hay unos segundos de silencio y me dejo llevar por una melodía del disco Kind of Blue que suena en mi cabeza. Descanso el vaso sobre la mesa y pregunto ¿Cómo se comienza a cantar Jazz? ¿Cómo se rompe esa barrera de sacralización que tiene el género?


“A diferencia del mito que rodea a la música clásica, en el Jazz si bien existe, se sortea de forma espontánea, casi de la misma forma que se llega al género. En la música clásica hay todo un proceso de estudio que puede llevarte una vida, una búsqueda de la perfección pero de un modo sistemático. Aunque en el Jazz también hay estudio y obsesión, está más relacionado con la capacidad de hacer espontánea la expresion. Yo comencé cantando estándares de Jazz, las canciones de los Real Book de los compositores clásicos. Eran canciones que yo escuchaba cuando era chica, o porque compraba un disco o porque mi papá también escuchaba muchas cosas. Y de pronto yo me encontraba cantando estas canciones, sin siquiera saber que estaba cantando canciones de Jazz. Fue algo completamente natural. A mi el Jazz, como género, me dio una afinación mucho más precisa de mi oído. En resumen, mi entrada al Jazz fue por lo tanto muy espontánea, no hubo un trabajo premeditado en el que yo dijera, ahora pienso adentrarme en el extraño mundo del Jazz”.


Nos reímos de la expresión, imagino que se refiere indirectamente a “El Extraño Mundo de Jack”, fabulosa película de Tim Burton, pero mejor será no intentar corroborarlo. Hace poco tiempo descubrí en la net un viejo disco titulado “Jazzuela”, que recopilaba todas las canciones que los personajes de “Rayuela”, la obra maestra de Julio Cortázar, solían escuchar cuando se reunían para conformar su imaginario Club de la Serpiente.

Pienso que el Jazz ha convivido con la literatura moderna como un creador importante de atmósferas y de historias, desde “El Perseguidor” hasta “En el Camino” De Jack Kerouac, el Jazz fue símbolo de toda una generación de creadores. Cecilia Salinas tiene una fuerte formación literaria, imagino que quizá a ella, eso también la ha influenciado.


“Sucede que antes que yo cantara Jazz, él ya estaba presente en mi vida en muchos aspectos. En los dibujitos de Tom y Jerry, en la Pantera Rosa y también marcando estados muy particulares en el cine. Todas esas cosas se van archivando en un registro emocional muy interno. Por eso hoy se me hace imposible separar el Jazz como un unidad solitaria, y analizable solo como un fenómeno musical. Y la literatura en este juego de registros, no es ni más ni menos que uno más. Es válido desde el hecho que sirve como un puente, para acercarnos nociones, conceptos y atmósferas”.


La lluvia es un hecho casi inminente. Nuestros vasos se han vaciado y vuelto a llenar muchas veces. El aire se ha enfríado y por las veredas las personas caminan, acelerando un poco más sus pasos. Todos intuimos que el agua se acerca. Por suerte al momento de sentarnos, elegimos sabiamente una mesa cubierta por una gran sombrilla roja.

Por un tiempo, estaremos a salvo. Un teléfono móvil suena en la mesa vecina, una mujer con aspecto cansino lo toma entre sus manos, lo abre y rumea un desganado saludo a su interlocutor. Vivimos épocas en las que se torna casi imposible mantener nuestra ubicación en el anonimato. Es parte del precio que debemos pagar por la tecnología. Le pregunto a Cecilia si las nuevas formas de comunicarse influyen en su carrera. Me arrriesgo un poco más y también le pregunto si bloguea.


“Con “Jazz a la llama” tenemos un blog, con esta banda asumimos el hecho de la multiplicidad y lo disfrutamos. Multiplicidad entre nuestras personalidades y nuestras formas de interpretrar la música y la vida. Y por supuesto también en la interacción con otras disciplinas. Hacemos videos, fotografias y ampliamos este universo hasta llevarlo a la produccion literaria. En este sentido, tener un blog es la oportunidad de mostrar de otra forma lo que queremos decir”.


La lluvia endurece su caída sobre el asfalto. Ya quedan pocos caminantes. Debajo de la sombrilla roja aun es posible seguir hablando sin que las gruesas gotas nos toquen. Por ahora. Siento deseos de escuchar al voz de Salinas sonar en algún parlante. ¿Será posible hacerlo cuando uno quiere o habrá que esperar hasta que se presente sobre las tablas de algún escenario?


“Hay muchas ideas con respecto a grabar un disco y no la tradicional de meterse a un estudio. Recién ahora podríamos decir que estamos arribando a una idea concreta. Después de algunos recitales importantes que fueron grabados y arreglados, como aquél que dimos en el Teatro Quintanilla que fue masterizado y mezclado para un DVD, podríamos decir que de alguna forma ya tenemos un disco grabado, que es distribuido de forma independiente. Yo por mi parte, tengo ganas de hacer mis canciones, es más, grabé un demo con tres canciones el año pasado. La instancia de grabar es algo maravilloso, pero hay que llegar muy bien parada, tienen que cerrar muy bien muchas cosas para que puedas llegar confiada. El trabajo de estudio es un trabajo aparte. Es otro mundo donde hay que tener las cosas cerradas a muchos niveles. Y en un grupo mucho más, por que las opiniones se diversifican.Todos sabemos que queremos grabar un disco dentro de poco tiempo, pero aun no sabemos como va a ser”.


La lluvia ya es un hecho. Cae incesante sobre todo, no hay exclusión en lo que toca el agua. Un loco pasa gritando por la vereda frente a nosotros, está feliz y no le importa mojarse. Quizá no esté tan loco. Los autos comienzan a levantar pequeñas olas en las esquinas y contra los cordones. La tarde está terminando y la tormenta (ya es una tormenta) parece recién comenzar. Prendemos un cigarrillo, el humo se observa perfecto escapando hacia arriba entre las gotas. ¿Cuántos más haciendo Jazz habrá en esta ciudad?


“En Mendoza hay una movida grandiosa. Tan abierta y amplia que yo no creo conocer ni el 50%. Tuvimos la oportunidad de hacer un intercambio muy lindo durante el Independencia Jazz, Quinto Ensamble, Dos Bajo Cero, y muchas bandas más aportaron su visión. Aparte de esto, hay mucha gente joven que está haciendo Jazz, yo no se si será un fenomeno sólo de Mendoza, pero aquí hay mucha multiplicidad de expresiones. Y el jazz le intersa mucho a la gente joven. En este género se produce algo muy particular, la conjunción en una misma época, de muchas generaciones de Jazz. Eso es muy bueno, es un género muy dúctil y permeable”.


Desde siempre la mujer ha luchado por tener un espacio igualitario en el camino de los desarrollos personales y profesionales. El feminismo como una batalla y una búsqueda de imponer una serie de ideales y luego la decantación de eso, hasta llegar al día de hoy, donde las cartas se reparten de manera más pareja. Cecilia es parte de eso como los son todas las mujeres. ¿Será que en la música influye la condición de género para poder avanzar en una carrera artísitica de forma profesional?


“Mi condición de mujer es indistinta para cantar o para lo que sea. En esto de los géneros se dan ciertas cosas tácitas, prejuicios que uno puede obviar. Sí me han sucedido ciertas desinteligencias, pero nada grave. De todas formas el machismo existe en todas partes, yo lo he padecido, pero no creo que sea algo consciente, son hombres que están acostumbrados a que el mundo musical sea mayoritariamente de ellos. De todas formas son aspectos caducos y hay que ignorarlos. No hay que alimentar debates sin sentido. Siempre lo positivo ha sabido superar a lo negativo”.


El agua forma pequeños riachos que corren parejos sobre la calle. Las hojas y los papeles flotan y se mezclan sin destino seguro. Hay un largo camino de agua que deberá llegar al río verdadero, el que corre entre las montañas. Pienso que en este largo camino de internet que recién comienza aun hay muchas dudas y muchos espacios vacíos que llenar. Entre estas cosas ha solucionar, está la pirateria y los derechos de autor. ¿Cecilia estará de acuerdo con la libre distribución de las obras artísticas a través de internet?


“Yo creo que mientras más opciones haya para escuchar y para ver, al alcance de la gente, siempre es mejor. Porque yo creo que la musica, el cine y las letras hacen bien. Le entregan al ser humano una felicidad especial y que eso esté al alcance de la mano es muy bueno.  A mi, en lo personal, no me interesa llegar a una compañía musical tradicional. En la época en la que vivimos se trabaja para expandir nuestras fronteras, las redes de distribución son más personales y eficientes que antes. Se puede existir por fuera de una compañía. La protección que antes ofrecia un sistema hoy es relativa, por lo tanto los derechos de autor conocidos y practicados a la vieja usanza, ya están caducos. Básicamente el artista que quiere hacer conocido su trabajo, va a trabajar para que eso suceda, y si lo hace bien eso siempre pasa. De una u otra manera”.


El perfume de la lluvia es perfecto. El calor se ha ido por unas horas y persiste un suave y preciso frío. Siempre me ha gustado esta ciudad. Con sus calles viejas y sus árboles. Con el calor tremendo del verano que te devora en cada rincón que nos quedemos. Con los cielos perfectos sobre terrazas perfectas.

Con los años detenidos en las paredes de las montañas. Mendoza es un sitio extraño, una vez aquí, es dificil irse. Sin embargo muchos piensan que la única forma de lograr algo es afuera. En otro lugar. No importa cual. ¿Será que la ubicación geográfica influye en el desarrollo de la carrera de un artista?


“Es un mito. La Mona nunca se movió de Córdoba y es Dios. Uno nació acá y muchas de las cosas que forjó sucedieron acá, en este espacio geográfico. Si algún dia me voy será por la simple razón de querer conocer otro sitio, pero no por que crea que en otro lugar las cosas serán más fáciles. Mendoza no impide el crecimiento de nada ni de nadie. Por eso te decía antes que me considero afortunada, hay tanta gente acá que hace cosas y es tan fácil conectarse. Tocás con todos y podés hacer cosas todo el tiempo. Me parece que no hay que irse para ser alguien. Si te vas, es simplemente porque viajar está bueno y nada más”.


Ya casi la luz del día ha desaparecido. El tiempo hizo sus pases mágicos y la noche está ingresando entre tanta nube opaca y oscura. Es buen momento para terminar este encuentro. La lluvia lejos de amainar en su ímpetu, continúa golpeando las cosas y la gente como si fuera la última oportunidad para tocarlas. Es un agradable día para hacer girar un par de discos, Coltrane, Davies, Hancock, algo de Spinetta. Me pregunto qué música escuchará Cecilia Salinas cuando no está parada frente a un micrófono.


“Tom Waits, PJ Harvey, Devendra Banhart, Marisa Montes, Margaret Meneses, Nick Cave, Tori Amos. Y en el Jazz, soy más clásica, el otro día pude ver a Ella Fitzgerald cantando con Joe Paz, también me emocioné mucho con la figura de Marian Faithfull. En bandas argentinas estoy escuchando la Pequeña Orquesta Reincidentes”.


Nos levantamos de nuestras sillas, debemos dejar nuestro sitio de seguridad, debajo de la gran sombrilla roja. Es hora de despedirse, me pregunta hacia qué lado voy, señalo con el dedo índice en una dirección, ella elige la contraria. Saca un paraguas de su bolso (definitivamente hubiera sido buena idea traer uno), lo abre y me pregunta cuál es mi plan para evitar la lluvia. Ninguno respondo. Ella se ríe y me saluda.

La veo alejarse bajo la lluvia, me doy vuelta y acomodo mi bolso de manera que se moje lo menos posible. Salgo a la tormenta.

Vuelvo a casa.

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