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Hoy, 22 de agosto se cumple un mes de la tragedia más grande acontecida en Noruega, después de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, en Argentina este hecho ya no ocupa lugar en los medios; es entendible, hay noticias más recientes e importantes que contar, como las primarias, la vuelta del fútbol o el baile del caño. Más allá de que es poco y nada lo que nos une con este país tan lejano a nosotros y convengamos que el interés de los argentinos por Noruega es prácticamente nulo. Obviamente acá, en Noruega, sigue siendo y seguirá siendo noticia por un largo tiempo.
Para que podamos comprender mejor la magnitud de lo sucedido, me pareció muy acertado citar la ejemplificación que hizo mi padre al respecto: imaginemos que un argentino ultra nacionalista de extrema derecha hace estallar un coche bomba en la Casa Rosada, causando 8 muertes. Posteriormente se dirige a un campamento de la Cámpora y dispara a sangre fría, con una satisfactoria sonrisa, contra los jóvenes militantes que se encuentran en el lugar, matando a 68 personas, en su mayoría chicos/as de entre 14 y 18 años. Cuando llega la policía se entrega sin resistirse, alegando que ha cumplido con éxito su misión. Al explicar el porqué de su tan macabra acción, dice que hizo lo que era necesario y que en unos años se lo “agradecerán”. Parece casi imposible imaginar que esto pueda pasar, sin embargo esta historia es real y fue exactamente lo que sucedió el pasado 22 de julio en Oslo y la isla de Utøya (sede del campamento de jóvenes del Partido Laborista, partido del cual el Primer Ministro noruego es el líder).
Ahora bien, yo me pregunto ¿cómo hubiese reaccionado el pueblo argentino ante un ataque similar, ante tanto odio? ¿Con mensajes de paz, amor, democracia y tolerancia? ¿Con marchas callejeras, donde literalmente participó toda la población, llevando flores, antorchas, velas, fotos, tarjetas, ositos, etc. etc.? ¿Ignorando al único responsable en cada discurso y centrándose en homenajear y recordar a aquellas vidas que tal masacre se cobró? ¿Dejando de lado las ideologías políticas, entendiendo y sintiendo que no fue un ataque político sino un atentado contra toda la sociedad? No sé si esa hubiese sido la reacción de los argentinos, pero sé que fue así como reaccionó el pueblo noruego.
Increíblemente, no hubo pedidos de justicia. Porque está sobrentendido que se hará justicia. Está sobrentendido que se juzgará al responsable. Está sobrentendido que el responsable cumplirá su condena. Está sobrentendido que el código penal noruego establece como pena máxima la prisión por 30 años y que el responsable de la tragedia más grande ocurrida en Noruega desde la Segunda Guerra Mundial obtendrá la libertad en 30 años o menos. Aunque para muchos suene insensato, aquí no es siquiera un tema de discusión el trato que se le debe dar al asesino: está sobrentendido que la justicia funciona y es verdaderamente imparcial para todos los ciudadanos.
Estemos de acuerdo o no, entendamos o no a los noruegos, me pareció interesante compartir el accionar de una sociedad tan distante a la nuestra: distante ideológica, social, cultural y, obviamente, geográficamente.