"Soy peronista, de izquierda y manejé una policía". Esa declaración de principios de Marcelo Saín resonó en el recinto del primer piso del vistoso hotel Diplomatic. Esa situación fue como una marca a fuego de la disertación de Marcelo Saín y uno de los puntos altos de este primer Desafío Mendoza inspirado en la frase "Vivir sin miedo".
Decodificar el mensaje múltiple de este primer "conversatorio" convocado por MDZ puede resultar complejo. Es que los disertantes, el ministro de Seguridad Carlos Aranda, junto a los expertos Marcelo Saín y Alberto Binder mostraron la cara y la contratara del abordaje de la inseguridad como problemática social.
Pero a la vez se notó el tradicional chauvinismo mendocino ante un diagnóstico crítico que viene de un "porteño". La misma reacción cuando en 2004 tuvo la dirigencia política y judicial ante la observación realista de la situación carcelaria que dejó el veedor de la OEA el salvadoreño Florentín Meléndez en aquel momento. El episodio ocurrió siendo gobernador Julio Cobos el actual vicepresidente que hoy, 1 de julio, estaba entre el público. Todavía recuerdo los comentarios patrioteros de un alto magistrado local en contra del jurista centroamericano. "Podría contarnos cómo son las cárceles en su país" dijo desafiante el juez hipermenduco para disimular las falencias propias. Aquel episodio se me hizo presente cuando escuché hoy al ex ministro de Seguridad entre 1999 y 2003.
Lo que venía siendo una jornada de análisis profundo para buscar los motivos por los cuales vivimos con miedo terminó opacada por la reacción localista y corporativa de Orquín. El ex funcionario de Roberto Iglesias "saltó" inmediatente después de la magistral exposición de Saín, quien con sus argumentos académicos -comprobados con sus experiencias ejecutivas-, fijó agenda para cualquier candidato avispado.
Dicho sea de paso, Francisco Paco Pérez sentado en primera fila tomó nota de todo lo que escuchó. Una actitud emergente y que demuestra algún sentido de inteligencia política. En ese mismo tren también se lo notó interesado a Enrique Vaquié el candidato radical a diputado nacional, que se deslumbró con la tesis de Saín sobre el mercado negro que regula al delito y que encuentra rescoldo dentro de los sistemas policiales.
Todo esto tuvo el preámbulo meduloso de Alberto Binder que dio certeras pistas sobre el posible camino a seguir en está búsqueda de "vivir sin miedo" a través de la impronta reformista que consiste en aplicar modelos políticos en materia de seguridad ciudadana en reemplazo de los pactos entre los sectores involucrados para que nada cambie.
Pero en ese cuadro promisorio, Orquín tomó la lanza de la autodefensa de los policías locales como si las críticas profundas y fundamentadas del ex jefe de la policía aeroportuaria hubiera sido contra la corporación azul mendocina. El otro localista fue el ministro del área. Aranda buscó llevar agua para su molino e hizo centro en la estructura policial y la idea de dar respuesta a todos los requerimientos de la inseguridad emergente en los barrios. Aranda cargó las tintas hacia el sector judicial, como siempre lo hace, haciendo la salvedad de que no son todos los magistrados quienes fallan en la satisfacción de la demanda social.
Los ánimos se tensaron sobre el final del primer encuentro de análisis llamado Desafío Mendoza. Por lo menos se opinó sin miedo pero quedó una sospecha sobrevolando. Ante la actitud solidaria y defensora de Orquín y Aranda para con los uniformados, supuestamente cuestionados por los aguijones de los "porteños" pareció estar frente a la concreción de una de esas teorías locas de estos "advenidizos" que denuncian pactos entre el poder político y las cúpulas policiales.