




![]() por Federico Croce
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Un primoroso recital operístico pero con la dulzura y la bella desnudez del piano como único acompañante de la voz dejó a todos los que asistieron a la cava de bodega Salentein con las emociones a flor de piel.
A pesar de que se esperaban alrededor de 250 personas y finalmente los asistentes superaron las 400 almas; nadie se quedó afuera ni debió sufrir incomodidad: la excelente organización del equipo de la casa vitivinícola se encargó de que todo saliera a la perfección.
Un párrafo aparte merecen las “chicas de Killka”: Anabel Simionato, Valeria Señorans y Alejandra Crescentino estuvieron en todos los detalles y mixturaron perfectamente el profesionalismo y la eficiencia con la calidez y la amabilidad. Ayudaron a todos a encontrar su lugar, respondieron preguntas sobre la bodega y el concierto en sí y hasta aconsejaron a algunos turistas en la compra de productos de la casa.
Palabras de anfitriones. “Bienvenidos a Salentein. Estamos muy contentos de que cada vez se acerque más gente a nuestra bodega, y sobre todo nos enorgullece embellecer aún más nuestra cava para disfrutar de la música. No nos agrandamos: la acústica de este espacio es excelente, y mejora aún más cuando está colmada de gente. Les agradecemos de todo corazón la presencia. Prepárense para un concierto espectacular”, dijo Andrés Arena, COO de la casa vitivinícola, a modo de bienvenida.
“El concierto es muy intimista. Se trata de un recital de canto y piano, y está compuesto por arias de óperas italianas. Algunas no tan conocidas, y otras clásicas, las de siempre; las amadas por todos”, comentó Mariela Giovaneli.
El programa. La primera de las bellas canciones en escucharse fue “Casta Diva” –Norma-, seguida de “Ah, non credea mirarti” –La sonámbula-. Ambas compuestas por el genio de Vincenzo Bellini.
El recital continuó con tres obras de Gaetano Donizetti: “Quel guardo in cavaliere” –Don Pasquale-, “Prendi” –L´elisir d´amore- y “Regnava nel silenzio” –Lucía-.
“Tacea la notte placida” –Il Trovatore- y “Caro Nome” –Rigoletto-, ambas de Giuseppe Verdi, fueron las que continuaron; y para el final llegaron las más conocidas, todas de Giacomo Puccini: “O mio babbino caro” –Gianni Schicchi-, “Tu che di gel sei cinta” –Turandot-, “Sola, perduta, abbandonata” –Manon Lescaut- y “Vissi d´arte” –Tosca-.
La perlita de la jornada. Varios de los operarios y personal de la bodega, que se encontraban desde más temprano en el lugar, comentaron que se emocionaron enormemente cuando la soprano ensayó, de sorpresa y antes de que llegara el público, con una canción conocida por todos: el Ave María.
“Estando solas Soledad de la Rosa y Anais Crestin –soprano y pianista, respectivamente-, para calentar motores interpretaron el Ave María de Schubert e hicieron que a todos se nos erizara la piel. No pudimos contener las lágrimas, parecía la voz de un ángel que nos visitaba. Vivimos un momento exquisito”, comentó Anabel Simionato, responsable de arte de Killka.
“No sé si fue el hecho de que estamos inmersos en una festividad religiosa, la evocación a la madre o la dulzura de la voz de la cantante. Lo cierto es que nos dejó perplejos y emocionados”, dijo uno de los trabajadores de la bodega.
Fue tal el impacto que produjo, que cuando todo el público pidió a viva voz un bis, las intérpretes decidieron deleitarlos con el tradicional canto mariano.
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Topísimas. Ignacia Llano, Juliana Romagnoli,
Carina Venezia y Elisa Sicuro. |
Mini-reportaje. Luego del recital, y pese al apuro –debía viajar urgente porque cantaba en horas en Buenos Aires- Soledad de la Rosa accedió a hablar unos minutos con MDZ Sociales:
- ¿Es la primera vez que cantás en el ciclo “Música clásica por los caminos del vino”?
- No, participé hace unos años atrás, cantando “La Resurrección” de Haendel, en el teatro Independencia. Y ayer estuve en el mismo teatro, pero cantando el Réquiem de Mozart.
- ¿Cómo fue la experiencia de volver al Independencia?
- Maravillosamente. Todo fue espectacular: la directora de orquesta (Ligia Amadio) me pareció un ser especial, y todos los compañeros coreutas, divinos. Fue mágico, porque en el aire se palpaba mucha emoción: se notaba que los cantantes lo hacían de corazón. Había alegría, júbilo en el ambiente.
- ¿Y esta participación en la bodega Salentein, cómo la viviste?
- Al principio tuve una sensación de extrañeza, de “algo raro”, porque nunca había cantado en una sala redonda. Me pareció todo un desafío tener que manejarme en un escenario circular. Sin embargo, el resultado fue espléndido: se creó un clima súper intimista y noté que muchas personas seguían el canto y hasta se emocionaban mucho. Eso a vos como artista te impacta.
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Anfitriones perfectos. Andrés Arena, Anabel Simionato, Mariela Giovaneli y Paula Slamovits, felices por la notable convocatoria. |
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