18 de Octubre de 2010 |08:44
Diario de un mendocino en la lejana y extraña Malawi
 
Ruti en Malawi, con sus amigos locales.
 
Maximiliano Adrián Ruti es un joven mendocino que estudia y trabaja en África, precisamente en Malawi. La experiencia de encontrarse con lo desconocido lo está volcando en un diario que comparte, desde aquí, con sus comprovincianos.

Llegada a Blantyre

30 minutos antes de llegar a la termina, me desperté por última vez, desde esa distancia se veían las luces de la cuidad. Llegamos a la terminal a las 22:00 y algo más. Cuando baje sentí algo que no esperaba sentir, sentí mucho frío y yo todavía seguía con pantalones cortos, tanto tiempo en St Vicente me hizo menos resistente al frío. Lo que no espere es que nadie estuviera ahí por nosotros, de nuevo muchos hombres preguntando si necesitábamos un taxi, a los primeros dos les dijimos que no.

Al tercero que vino, le dijimos inmediatamente que si y le preguntamos si conocía alguna oficina de DAAP donde iban los voluntarios, el nos termino de responder que no en el mismo momento que fue en la búsqueda de alguien que si supiera. Con la poca seguridad de saber a dónde nos llevaba, que tuvo durante todo el viaje, salimos en busca de DAAP Malawi.
Por supuesto que no la encontramos y de ahí fuimos a otro lugar que le parecía que podía ser y de ahí a otro que un hombre en la calle sugirió que fuéramos, habremos dado vueltas por unos 20 min.

Cansados ya de no encontrar nada y seguir gastando dinero en nada, decidimos tomar una decisión, esta vez las opciones eran dos. Opción 1 : viajar unos 40 minutos hasta un lugar donde el chofer estaba seguro que dormían los voluntarios o eso creía él. O seguir la Opción 2: Ir a un hostel con internet y pasar la noche ahí. El cansancio y las pocas ganas de apostar nuestro dinero en un tal vez nos llevo directo al hostel.

Llegamos allí y un hombre abrió un especia de tranquera y fue desde ahí que vimos una gran casa, con diseño rustico y aunque está todo muy oscuro afuera daba la sensación de que estábamos rodeados por un hermoso jardín.

Arreglamos con el taxista quien nos ayudo a bajar todas nuestras cosas y después arreglamos con el encargado del hostel por una noche, desayuno incluido y 30 minutos de internet. En principio creímos que el lugar tenia free wifi, pero no, tenia wifi pero había que pagar para usarlo.

Solo contábamos con 30 min de internet, entonces decidimos escribir nuestros mail en un hoja Word para después copiarlas desde ahí y mandar todo rápidamente. Redacte yo mis dos mail después Nita redacto los suyos y juntos escribimos el mail que mandaríamos a la escuela. Detallando todo lo que había pasado, el dinero gastado y la dirección y el número de teléfono del hostel donde dormiríamos. Mientras Nita escribía sus mail, me fui a bañar, espera que el agua fuera frio pero nunca esperaba tanto, el baño me cargo de energías nuevamente y me quito de encima 3 días de viaje.

Después de mandar todos los mail, solo quedaba esperar unos 30 minutos para volver a conectarnos y ver si recibíamos alguna respuesta desde St Vicente. Esperamos 40 minutos y nos conectamos, pero nada había pasado, definitivamente ya no quedaba más nada que hacer que ir a dormir. Creí que me iba a costar más dormir, pero esto habrá llevado solo unos 10 min, durante la noche me desperté 3 veces, pero no recuerdo que paso porque rápidamente me quedo dormido otra vez

Malawi

Tantas veces cambie el uso horario en mi reloj, que no sabría decir con seguridad a qué hora llegamos a Malawi, si no me equivoco eran las 12:43 hora local, unas cinco horas más que Argentina.

Una hora antes de aterrizar ya empecé a ver Malawi desde la ventanilla del avión, caminos, rutas, casas, plantaciones y por supuesto el lago Malawi que ocupa algo asi como 1/5 parte del país.

La llegada al aeropuerto y visado fue cansador como siempre, sumando el hecho de buscar las maletas pero a su vez no tuvo nada de complicaciones. Una vez pasada todos los registros y revisiones, ya estábamos oficialmente en la República de Malawi.

Atravesamos una puerta que dividía el aeropuerto y tratamos de encontrar, mientras caminábamos, la persona encargada de recogernos y llevarnos a Blantyre, segunda ciudad en importancia y primera en población y donde es el centro de una de las cede de DAPP.

Como no era de extrañar, nadie esperaba por nosotros para recogernos y personas venían por todos lados preguntado si necesitábamos taxi, nosotros con toda seguridad respondíamos-”No gracias, alguien viene por nosotros”. Solo uno de los que tanto se ofrecieron se quedo con nosotros hasta el final. Ya seguros que nadie esperaba por nosotros solo teníamos un número de teléfono de la encargada de todos los voluntarios y proyectos en Malawi y el dato de que teníamos que llegar hasta Blantyre. Con la ayuda del taxista y un amigo de este llamado Furtune, llamamos a la sede de DAPP, llamamos se podría pero lo único que hicimos fue intentar llamar a un teléfono que decía no existir.

La situación era la siguiente, dos personas de otro continente, estaban en África, con no mucho dinero, el nombre de una ciudad donde teníamos que ir y donde supuestamente alguien iba a estar esperando por nosotros y a todo esto sumando el valor agregado que estábamos en un país donde si bien el ingles es el primer idioma corríamos el riesgo de no encontrar a alguien que lo hablara.

Desde el aeropuerto decidimos llamar a Saint Vincent, llamamos a la Academia. En Malawi era las 13:15, seis hora menos en St Vicente, no me pregunto ni me imagino que estaban haciendo a esa hora pero la primera vez que llamamos nadie atendió, la segunda nos dio apagado y a la tercera después de esperar unos 15 minutos nos atendieron. Nita fue la hablo, por las preguntas que hacia Nita y conociendo a la persona al otro lado del teléfono supuse entender la conversación. En un momento si perdí el hilo de lo que hablaban, pero lo que si escuche sumado a lo que entendí sin escuchar era que teníamos que ir hasta la terminal de Lilongue, capital de Malawi y desde ahí tomar un colectivo hasta Blantyre.

Después de idas y venidas discutiendo el precio con el taxista llegamos a un acuerdo o más bien nos dimos por vencidos ya que las posibilidades cada vez se alejaban más. Desde la salida del aeropuerto hasta la terminal abran sido unos 20 min. Por una carretera que parecía nueva, trataba de reconocer África en sus paisajes, trataba de darme cuenta que ya estaba en Malawi y trataba de reconocerme siendo parte del ecosistema de África.

Malawi
Jueves 16 de septiembre de 2010

La Terminal
Llegamos y automáticamente compramos nuestros pasajes, Lilongue- Blantyre, cada pasaje costo unos 35.000 dólares moneda local (Kwachas). La hora de la partida estaba programada dentro de 45 min. Pero empezaba a creer que me iba a tener que acostumbrar al hecho de que nada iba a suceder con puntualidad en los siguientes meses.

Tengo que confesar que en ese momento sentía una especie de miedo o inseguridad por no saber con exactitud dónde íbamos, que probablemente nadie iba a estar allá esperando por nosotros y lo que más me inquietaba que no tenía esa sensación de saber que esa noche dormiríamos en nuestro destino.

La terminal se empezó a llenar y antes de que llegaran los últimos dos pasajeros, el colectivo apareció. No solo me lleno de calma el hecho de que llegara en sí, sino que además era un colectivo de línea para 60 pasajeros y no uno como el que yo imaginaba.

Numero 50 era el numero de mi asiento, antes de que partiéramos ya tenía mi cinturón puesto, estaba esperando a que alguien diera todas las instrucciones en caso de emergencia y aunque estaba muy cansado no quería reclinar mi asiento hasta que partiéramos, cuando mi mente se despejo del cansancio, entre en razón que estaba siguiendo los pasos y las reglas que se siguen en los aviones y que nada de todo eso tenía que ver con el viaje actual.

Si no me equivoco, el colectivo salió a eso de las hs 18:08, 6 horas nos esperaban de viaje hasta Blantyre. No sé porque, pero yo supuse que iban a ser solo 4, entonces pasada las 4 primeras horas empecé a creer cada 10 min que seguramente ya estábamos por llegar.

Aunque estaba muy cansado y con muchas ganas de dormir no podía perderme el espectáculo que se dejaba ver por la ventana. Vi su gente, sus colores, niños jugando, hombres sentados a la sombra charlando, vi mujeres llevando agua de un lugar a otros con niños a sus espaldas. Todo lo que había visto antes atreves de la televisión o documentales lo estaba viendo y lo estaba reconociendo. Fue tan fuerte la sensación de ver y estar ahí que todavía se me hacía imposible darme cuenta por completo que una parte de mi vida ya se había empezado a escribir en África.
Poco a poco el agotamiento me empezó a ganar y ya no era quien controlaba el abrir y cerrar de mis ojos. Fue asi cuando me quede dormido por primera vez. Cuando desperté sin saber cuánto había dormido (Nota: De todas las veces que me dormí nunca supe por cuanto había dormido). Si se que la primera vez que me desperté, todos estaban comiendo algo, Apenas corrí la vista para encontrar a Nita a mi lado, ella estaba con la mano extendida y me dio mi pedazo de lo que todos comían. Mientras tomaba una coca- cola, también parte de merienda del viaje, mire otra vez por la ventana y vi por primera vez el atardecer en Malawi. No me voy a tomar la tarea de describir lo que vi, porque aunque tratara de describir todo se perdería mucho.

Una vez más me desperté antes de llegar, ya era de noche y cuando abrí los ojos no tenía ni la más mínima idea donde estábamos y cuanto faltaba, pero afuera se veían de nuevo, casas, mercados, gente vendiendo bebidas y alimentos. No sabía porque pero en ese lugar nos detuvimos unos 20 min, al principio pensé que habíamos llegado y que teníamos que bajar pero luego entendí que no que solo era un par de descanso. Pasado esos 20 min y con todos los pasajeros adentro pasamos otro puesto policial y seguimos nuestro viaje. Esta vez no me preocupe por seguir despierto.

Nota: Un policía se subió al colectivo para hacer una inspección. No sé que buscaba ni estoy seguro si el sabia o quería. Asi como se subió se bajo.

Malawi
Miércoles 22 de septiembre de 2010

Llegada a Blantyre
30 minutos antes de llegar a la termina, me desperté por última vez, desde esa distancia se veían las luces de la cuidad. Llegamos a la terminal a las 22:00 y algo más. Cuando baje sentí algo que no esperaba sentir, sentí mucho frio y yo todavía seguía con pantalones cortos, tanto tiempo en St Vicente me hizo menos resistente al frio. Lo que no espere es que nadie estuviera ahí por nosotros, de nuevo muchos hombres preguntando si necesitábamos un taxi, a los primeros dos les dijimos que no.

Al tercero que vino, le dijimos inmediatamente que si y le preguntamos si conocía alguna oficina de DAAP donde iban los voluntarios, el nos termino de responder que no en el mismo momento que fue en la búsqueda de alguien que si supiera. Con la poca seguridad de saber a dónde nos llevaba, que tuvo durante todo el viaje, salimos en busca de DAAP Malawi.

Por supuesto que no la encontramos y de ahí fuimos a otro lugar que le parecía que podía ser y de ahí a otro que un hombre en la calle sugirió que fuéramos, habremos dado vueltas por unos 20 min.

Cansados ya de no encontrar nada y seguir gastando dinero en nada, decidimos tomar una decisión, esta vez las opciones eran dos. Opción 1 : viajar unos 40 minutos hasta un lugar donde el chofer estaba seguro que dormían los voluntarios o eso creía él. O seguir la Opción 2: Ir a un hostel con internet y pasar la noche ahí. El cansancio y las pocas ganas de apostar nuestro dinero en un tal vez nos llevo directo al Hostel.

Llegamos allí y un hombre abrió un especia de tranquera y fue desde ahí que vimos una gran casa, con diseño rustico y aunque está todo muy oscuro afuera daba la sensación de que estábamos rodeados por un hermoso jardín.

Arreglamos con el taxista quien nos ayudo a bajar todas nuestras cosas y después arreglamos con el encargado del hostel por una noche, desayuno incluido y 30 minutos de internet. En principio creímos que el lugar tenia free wifi, pero no, tenia wifi pero había que pagar para usarlo.

Solo contábamos con 30 min de internet, entonces decidimos escribir nuestros mail en un hoja Word para después copiarlas desde ahí y mandar todo rápidamente. Redacte yo mis dos mail después Nita redacto los suyos y juntos escribimos el mail que mandaríamos a la escuela. Detallando todo lo que había pasado, el dinero gastado y la dirección y el número de teléfono del hostel donde dormiríamos. Mientras Nita escribía sus mail, me fui a bañar, espera que el agua fuera frio pero nunca esperaba tanto, el baño me cargo de energías nuevamente y me quito de encima 3 días de viaje.

Después de mandar todos los mail, solo quedaba esperar unos 30 minutos para volver a conectarnos y ver si recibíamos alguna respuesta desde St Vicente. Esperamos 40 minutos y nos conectamos, pero nada había pasado, definitivamente ya no quedaba más nada que hacer que ir a dormir. Creí que me iba a costar más dormir, pero esto habrá llevado solo unos 10 min, durante la noche me desperté 3 veces, pero no recuerdo que paso porque rápidamente me quedo dormido otra vez

Jueves 23 de septiembre de 2010

PRE-SCHOOL AFRICA
Martes, más temprano no hubiera sabido que día es, pero ahora con exactitud lo sé. El día empezó con un cambio de planes, después de desayunar y tomar un baño me encontré a Gibson (*) quien me dijo que el hermano del responsable de llevarme a Zomba había muerto y que no iría a mi proyecto hasta el día siguiente o quizás dentro de unos días. La palabra quizás me hizo entender que no sería mañana el día que llegaría a mi proyecto.

Notas: Gibson, nacido en Malawi, es uno de los encargados de que los DI´s tengan todo lo que necesitan.

PRE-SHOOL AFRICA
Lo que también me dijo Gibson era que íbamos a pasar la mañana con un hombre que había sido DI (*) 5 años atrás y que ahora tenía en Malawi tres preschool. Que el mismo suportaba y visitaba por 3 meses cada año.

Lo conocimos en la puerta de nuestras habitaciones, un hombre de unos 50 años y un nombre que no recuerdo (**). Lo que sí recuerdo es que era de gran Bretaña.

A eso de las 10 de la mañana salimos Nita, el señor y yo rumbo al preschool, caminamos unos 15 minutos, por una calle rural del color de África. La escuelita era parte de un salón de unos 25 m de largo que estaba dividido en dos por una pared imaginaria, en una mitad donde los chicos tenían clases y otra mitad con dos filas de bancas de cemento separadas por un pequeño pasillo que daba justo al altar, Si, la otra mitad del salón era una iglesia.

Nos recibió la profesora de unos 19 niños, justo a la profesora estaba otra mujer que era la encargada de preparar la comida los niños. Cuando llegamos 4 de los 18 niños estaban abrazados a la profesora y lo que menos quería eran que esas 3 personas blancas se les acercaran (***), poco a poco se fueron familiarizando con nosotros y se fueron sentando sobre una gran esterilla en el suelo mirando al frente a un pizarrón que estaba sobre el suelo y apoyado sobre la pared, los 4 niños nos dejaron de temer para tenernos la misma curiosidad infantil que los demás.

Ya todos sentados, llego un niño con su madre (todos y sin faltar uno en este mundo pasamos por el momento que este chico vivió). Entro mitad dudando y mitad sabiendo lo que iba a pasar, ni siguiera tomo mucho cuidado que nosotros estuviéramos ahí, lo único que le preocupaba es que su madre no saliera por esa puerta y lo dejara solo ahí. Nos miraba a nosotros, a la profesora, miraba la puerta y a su madre todo al mismo tiempo y a todos con la misma expresión de preocupación en el rostro.

En un momento, se paro ya casi llorando y abrazo a su madre quien se estaba preparando para salir. Esta más que claro que no entendí una palabra de lo que le decía, pero dentro mío entendí que suplicaba a todos los que estaban ahí y a los que no estaban también que no lo dejaran solo ahí o que su madre se lo llevara con ella. Finalmente la madre se sentó, mientras el niño volvía a su lugar con la cara llenas de lágrimas.

Algo que me llego también al corazón fue ver a otro niño que estaba a su lado, apenas se sentó empezó a decirle algo mientas le corría las lagrimas de la cara y siguió hablándole hasta que logro que se tranquilizara.

Notas:
(*) DI´s es la sigla que denomina a los voluntarios, en ingles Develop Instructor. En español Instructor de desarrollo.
(**) Voy a tener que prestar más atención a estos datos o dejar de escribir sobre ellos.
(***) Muchos padres en algunos países en África asustan a sus niños o les advierten que si no se portan bien o no les hacen caso, un hombre blanco va a venir por ellos. Es por esta razón que muchos chicos en África se ponen a llorar o salen corriendo cuando ven a una persona de piel blanca.

La clase de hoy "El número 2”


Al principio no entendí porque la profesora llamaba a los niños y estos pasaban a la pizarra y hacían una línea vertical con una tiza. Algunos lo hicieron muy larga, otros muy corta lo cual me desoriento todavía más. Luego entendí que lo que los niños dibujaban no era un línea era el número 1.

Pasada la lección era hora de aprender algo nuevo, la profesora les enseño el número dos, lo escribió en el pizaron justo al lado al número uno también hecho por ella y de debajo dibujo un círculo y dos círculos respectivamente.

Después de repetir este número algunas veces, volvió a llamar a algunos de sus alumnos para que pasaran a la pizarra. El primero mal que mal lo hizo, el segundo dudo desde el comienzo como empezar, intento y fue por eso que se llevo las felicitaciones y los aplausos solo por haberlo intentado. La siguiente en pasar fue una de las 4 niñas que estaban abrazadas a la profesora cuando llegamos, la situación se planteo cuando tuvo que ir hasta el pizarrón, se levanto nos miro y automáticamente eligió el camino más alejado para llegar al frente, pero no pudo pasar por ahí, trato de pasar entre sus compañeros pero tampoco pudo entonces no le quedo más remedio que pasar cerca de nosotros. Al llegar al frente no se termino su preocupación, ya que el otro reto era escribir un número en el pizarrón que por primera vez en su vida había visto. Nos miro, miro a la profesora que no la miraba, soltó la tiza desde el aire y sin seguirla con la vista hasta que llegara al suelo, se fue hasta su lugar y se sentó. Si bien no escribió el número, fue ese tal vez el acto de valentía más grande que he vivido.

Antes que terminara la clase la madre se volvió a parar, el niño la vio y fue detrás de ella pero ya era demasiado tarde para abrazarla porque su madre estaba del lado de afuera y dos mujeres paradas debajo de la puerta le impedían salir (*). Casi sufriendo con mi propio corazón la situación, me pare y me fui a sentar donde él estaba sentado, mientras las dos mujeres le decían algo y se reían el se sentó en su lugar al lado mío y al lado del mismo compañero que otra vez le volvía a secar las lagrimas. (*)

Nota:
(*) Por suerte no era yo quien estaba en la puerta impidiendo que llegara a su madre, porque de lo contrario yo lo hubiera dejar ir sin dudarlo.

Fin de la clase y merienda
Un vez terminada la clase, todos se levantaron y fueron donde la maestra los esperaba, allí estaba ella, en una esquina del salón con un balde, para que cada chico se lavara las manos. Mientras tanto la mujer encargada de la comida ponía en cada plato una pasta parecida a la avena. La mayoría recibió un plato y a quienes les toco compartirlo recibieron el doble de ración igualmente todos tenía la posibilidad de repetir.

Mientas los niños estaban por terminar de comer, me empecé a preguntar dónde o quien lavaba los platos para saber a quién o donde había que ayudar. A los pocos minutos una niña con un vestido de color rosa al igual que sus ojotitas que acaba de terminar de comer, se dirigió hacia el mismo balde, de nuevo con agua limpia y lavo su plato. Fue asi como cada niño después de comer lavo el suyo.

Después de eso los niños fueron solamente niños, tuvimos ahí la oportunidad para que se abrieran totalmente con nosotros, para jugar y tratar de comunicarnos con ellos, con todos ellos.

Nota: Aunque la profesora me ofreció lo que los niños comían, dije que “No” sin querer decirlo y fue asi como me quede con las ganas de probarlo, pero no volví a decir que “No” en toda la mañana.

La hora del te

Salí de la escuelita para mirarla desde afuera y vi llegar a la mujer que preparaba la comida trayendo una hoya y una jarra con te. Le ayude a servir el te en las tazas y también a repartirlas entre los niños, que ya estaban sentados a nuestro alrededor. Quedaba toda la jarra llena y solo faltaban las dos mujeres y nosotros. En todo momento tuve el Si listo en mi boca y cuando la maestra me pregunto –“Max, queres te” yo ya había dicho que Si. (*)

Hacía mucho calor para tomar té, pero ya tenía el “si” predispuesto para cuando me preguntaron si quería mas, asi también fue cuando me ofrecieron un pan con sabor dulce y un pedazo de cazaba. Un niño a quien más temprano había ayudado a pelar su maíz paso cerca de todos ofreciendo a los quisieran, por suerte no paso al lado mío, porque no hubiera podido decir que no.

Nota: (*)El primer sorbo de te me llevo directo al Caribe, me hizo recordarte una vez más, nuestras charlas, tú te con limón y el mío solo con mucha azúcar.

Time to go home
Asi decía la canción que cantaban antes de salir, se fueron yendo saludándonos con sus manos como también decía la canción y otros se acercaron todavía más para hacerlo.

Desde adentro y por la puerta vi como unos casi 20 niños caminaban juntos hasta sus casas. Nosotros levantamos la esterilla, la enrolamos y la llevamos junto al pizarrón hasta una casa donde quedaría todo guardado hasta la siguiente clase. Desde esa casa nos despedimos de la profesora, nosotros caminamos de regreso y ella también hasta su casa que quedaba en la otra dirección.

Nota: No se por cuanto irán a quedar nuestros recuerdos en esos niños ni por cuando irán a recordar lo aprendido, pero lo que se con seguridad es que nunca me voy a olvidar de esta mañana con ellos y de todas las lecciones que aprendí.

Sábado 25 de septiembre de 2010

Distribución de zapatos
El miércoles(1) por la mañana, sabiendo desde temprano que no sería el día que iría a mi proyecto, ya estaba listo para ir a 2 centros comunitarios para repartir zapatos y zapatillas a los alumnos y profesores de varias preschools.

Cargamos la camioneta con unos 5 sacos de zapatos y zapatillas para niños y uno lleno para los profesores. El chofer, tres supervisores y 3 DI´s salimos puntuales a las 8:37, salimos por un camino que no reconocí hasta que veníamos de vuelta, habremos andado unos 20 min por una calle rural y solo nos detuvimos cuando el chofer se bajo a comprar una caña de azúcar. Algo que probé una vez en San Vicente y una de las primeras cosas estoy deseando de comer aquí.
Desde que hicimos esa parada habremos seguido unos 6 minutos hasta que doblamos a la derecha, apenas doblamos pude ver casi en la esquina dos grandes casas bacías (*). Creí que era ahí donde nos bajaríamos, porque era ahí donde mujeres y niños esperaban sentados.

Seguimos unos 500 metros hasta una casita de paja donde a la sombra nos esperaban sentados unas 15 personas entre mujeres y niños.

Bajamos 3 sacos, dos para los niños y el que tenía los zapatos para los profesores. Mientras nos organizábamos, vi venir desde aquellos 500 metros que nos separaban de las dos casas, más o menos unas 100 personas.

El conductor se quedo en la camioneta, Nita se encargo de ir repartiendo los zapatos a los niños que eran llamados por un supervisor que tenía sus nombres en una lista. Vince era el otro encargado de leer las listas mientras Baída, (**)y yo nos encargamos de repartir el otro saco de zapatos. Habremos terminado con esta tarea en unos 30 o 45 minutos. Llenos de miradas y rodeados de gente curiosa que se acercaban por sus calzados o solo para ver.

Notas:
(1) 15.09.2010
(*) Las casas aunque un poco más grandes eran del estilo de la del preschool en Chilangoma.
(**) Baída o Vaída, una chica de unos 25 años, de Lituania, viene de una de las escuelas en Dinamarca. Un mes y unas semanas han pasado desde que llego a Malawi.
N° 28. Esa fue la cantidad de niños que no estaban ahí para retirar sus zapatillas, 28 pares de zapatillas fueron dados al profesor a cargo, esperamos que esos 28 niños no tengan que seguir caminando descalzos.

Segunda parte
Salimos nuevamente para ir al segundo centro comunitario, donde íbamos a repartir a unas 9 preschool, el doble de nuestra primera parada.

Fui hablando con Baída y mirando el camino pero sin tratar de memorizarlo, habremos andado otros 15 minutos hasta que llegamos, ahí nos esperaban todavía más personas, cuando nos bajamos todos mirando lo mismo y con la experiencia anterior, no se qué pensó cada uno pero yo pensé que esta vez iba a ser el doble de interesante que la anterior.

Sentados en la puerta de una casa nos esperaban mujeres y niños, bajamos los sacos los pusimos adentro en una esquina de la casa, digo un casa porque eso era, pero seguro estoy que nadie vivía ahí y no lo digo por el hecho de que la habitación de unos 5 x 10 metros sin amoblar, con una ventana al frente, otra más chica en la pared opuesta y con un techo de chapa que dejaba pasar el sol hacia parecer que nadie viviera ahí. No lo digo por nada de eso, solo lo digo porque al entrar a una casa soy de esas personas que saben o sienten si alguien vive ahí. Porque una casa no son paredes, ventanas y muebles una casa las hacen las personas con sus energías es por eso que pensándolo bien cada casa es única.

Esta vez la estrategia fue más fácil y todo se hizo con más orden, un supervisor parado en la puerta llamaba por el nombre de la escuelita a todos los alumnos y maestros para que pasaran, solo ellos podían entrar. Una vez todos adentros el otro supervisor leía el nombre de cada alumno que tenía que pasar a recoger su par de zapatillas, Baída era la encargada de dárselas mientras Nita y yo íbamos separando los calzados en niñas y niños para hacer la tarea más rápida y fácil. Después de entregar todos los calzados a los niños les entregábamos a los profesores. En algo asi como en una hora terminamos de entregarles a todos, cargamos los pocos zapatos que quedaron y salimos, cansados pero llenos por lo que habíamos hecho, volvimos a DAPP Chilangoma en silencio escuchando la estación de radio local.

Notas.
1- Dato que llamo la atención toda la mañana fue que en muchas escuelitas donde solo habían 10 niños, estaban anotados de 2 a 6 profesores, la duda quedo, al pensar si eran esas personas profesores o solo se habían anotado por las zapatillas.
2- Un hombre recibió varios pares de zapatillas de niños que no estaban, esperamos también que esos pares hayan llegado a sus dueños.
3- Los calzados entregados fueron parte de una donación de UE, en varias oportunidades la gente quiso cambiar estos por algún u otro motivo pero a todos tuvimos que decirle que no.

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