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Viajar a Cuba es como un destino deseado por muchos argentinos. La isla caribeña es un emblema de Latinoamérica. La revolución castrista y su héroe el argentino Ernesto "Che" Guevara son las motivaciones que más pesan para viajar hasta la isla.
Pero la vigilancia disimulada y estricta del Estado sobre los nativos se torna asfixiante. Un testimonio en primera persona de un mendocino que lo vivió en carne propia y los imperdibles testimonios de dos cubanos que se animan a cuestionar al gobierno castrista y sobreviven en La Habana es el motor de este informe.
Estas secuencias ocurrieron hace menos de un mes. Más precisamente el 11 de agosto en plena capital cubana. La experiencia la vivió un mendocino que nos acercó los videos con los testimonios de dos cubanos que viven en condición de exiliados en su mismo país. Las condiciones en que se registraron los comentarios y los relatos de Rafael González Ruiz (Foto abajo) son tan interesantes como la misma narración de este habitante de la Cuba de Fidel.
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A la vez, el testimonio de nuestro reportero ocasional deja en claro el nivel de temor implícito que está instalado entre los isleños cuando se refieren al Estado y sus principales referentes: los hermanos Castro.
El primero en entrar en contacto con el mendocino que estuvo en la isla el mes pasado con fines turisticos fue González Ruiz quien asistió a nuestro amigo en su infructuosa batalla por comunicarse a través de un teléfono público con sus familiares de Mendoza. Ese primer encuentro ocurrió durante los primeros día de agosto. Luego nuestro “corresponsal” continuó su periplo vacacional por la isla y después de 10 días regresó a La Habana y ocasionalmente regresó a la plaza donde había encontrado a Rafael.
Fue el mismo cubano quien reconoció al mendocino turista. Y fue él quien estaba acompañado con otros tres hombres quien lo invitó a conversar “compartiendo” como dicen los cubanos.
Llamó la atención cómo los tres que acompañaban a quien después fuera el reporteado como desaparecieron de la escena, según el relato de nuestro amigo turista. “Por un momento la charla se tornó una especie de reportaje al revés, él me preguntaba más de Argentina que yo de Cuba y en ese tren apareció la policía…”, recuerda el turista quien transforma su relato turístico en una narración casi de un episodio de espionaje ocurrida en una noche calurosa de La Habana.
Cuando se acercó el policía a pedir las identificaciones y al verificar que el mendocino tenía condición de turista el efectivo se centró en su compatriota. Pidió a través de una radio los antecedentes de González Ruiz y fue identificado con sus antecedentes e inmediatamente su conducta con el argentino fue calificada de “asedio” por el uniformado.
Resulta que González Ruiz ha tenido actividad política y se ha animado a cuestionar al gobierno y por eso ha sufrido persecución y ha estado preso por eso, y según nuestro “enviado” después de ese proceso tiene cierta protección de los Estados Unidos dentro de la misma isla a través de la embajada suiza. Estas explicaciones son necesarias para entedrr por qué González se mantuvo en libertad en ese encuentro con el policía aún cuando éste quiso detenerlo.
“En cuanto el policía quiso llevarlo preso y yo intenté explicar que no estaba haciendo nada malo, sin que el policía me escuchara, él sacó del bolsillo trasero del pantalón un papel y dijo a viva voz: ‘¿Sabes que es esto? Es la Declaración Universal de los Derechos Humanos, dime dónde está escrito aquí que diga que yo no puedo hablar con un turista en Cuba’. Ese fue uno de los momentos más duros que viví allí. Era impresionante verlo plantado ante el policía reclamando por sus derechos. En tanto el policía recibió una orden de la central que no detuviera al cubano y así pasó el primer choque”, relató el mendocino que nos dio los videos con la condición de no revelar su identidad.
Ese topetazo con la policía cambió el tono de la charla entre el turista y el cubano. El isleño ya habló de su situación y le pidió a su ocasional interlocutor que escuchara y tomar nota de lo que también pasa en la mítica isla para que el mundo también se enterara de esto y que no hacía falta escapar de la isla en una balsa para sentirse desterrado de la Cuba castrista.
Nuestro amigo prefirió filmar el relato. “Nunca tendría que haberlo hecho en la vía pública”, se sincera ahora. La conversación continuó pero el policía volvió. Y en esta oportunidad ya se dirigió al argentino y lo increpó porque estaba grabando esa charla. “Lo están viendo por las cámaras de seguridad eso me informan desde la central me va a tener que dar la cámara porque no puede filmar aquí”, dijo imperativo el uniformado.
“Me negué la cámara la había guardado en el bolsillo y dije que no estaba grabando. Insistí y el policía se mantenía en su posición, ofrecí que me revisaran mi bolso donde llevaba la cámara de fotos. Eso lo calmó y González Ruiz intentó defenderme y todo terminó yéndonos del lugar”, cuenta en primera persona el mendocino.
De todos modos el registro del testimonio había sido salvado. Los hombres acordaron reunirse al otro día para seguir hablando de esta Cuba oculta. El turista confesó que estuvo todas esas horas con miedo y vacilando si volver a encontrarse con el disidente cubano. Esa mañana del 12 de agosto tiró una moneda como si fuera una excusa (una de tres pesos cubanos, que la usa sólo los isleños, que en una cara tiene la efigie del Che y en la otra el escudo de Cuba). "La moneda mostró la cara del Che, por eso decidí ir al punto de encuentro. Le dije a Rafael que fuera sincero conmigo porque yo estaba en Cuba como turista y sólo quería ayudarlo. Él me respondió que todo estaba bajo control entonces terminamos en una casa donde nos encontramos con Julio. Allí filmamos el otro testimonio", concluyó nuestro amigo mientras repasaba las imágenes que marcaron sus vacaciones caribeñas.
Mirá y prestá atención al testimonio.
Mañana el segundo testimonio. Julio Antonio Ferrer Tamayo, otro cubano perseguido en la misma Habana contará su experiencia de vivir en la isla.