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Toda actividad que se realice en la naturaleza siempre nos da una lección de vida. A veces en forma grupal y otras veces solos, pero siempre genera algo. Sensaciones de placer, de miedo, de superación de límites, de conocimiento del sitio visitado, de su historia de su gente, etcétera y etcétera.
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La naturaleza tiene una relación dialéctica para mostrarnos su encanto, su belleza y su inmensidad, es el hombre el que se introduce en ella a explorarla y a conquistarla.
¿Hace falta ser un idóneo para transitarla? ¿Es necesario conocerla para disfrutar de ella?
Estos cuestionamientos nos llevan a pensar en una palabra que es la “seguridad”, en educación se la llama “gestión del riesgo”. Esto es: minimizar al máximo el riesgo posible para meterse en la naturaleza y realizar actividades de aventura. ¿Quién cuestionaría que para hacerse una operación por una enfermedad no se recurra a un medico especialista? Y, si tengo algún problema de índole legal, el abogado es el que sabe, y así sucesivamente en los distintos ámbitos de nuestra vida cotidiana.
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Bien, por lo tanto para recorrer y disfrutar de los ambientes naturales y de realizar actividades de aventuras en esos escenarios, se requiere de gente que sea capaz de gestionar el riesgo de la actividad, de planificarla, de programar los niveles de esfuerzo tanto físico como psíquico de las actividades planificadas.
Claro que, si me voy de vacaciones con mi familia a la montaña en carpa, seguramente será un desafío y un aprendizaje el poder organizar todo y pasarla muy bien. Seguramente, tendré que tener conocimientos de armado de carpa, dónde armarla y con qué orientación, en qué posición respecto al sol y al viento, etcétera.
Esto es un espacio de resolución de problemas, y en este tema la “madre natura” es sabia, porque siempre nos pone un desafío a vencer, ya sea personal o grupal.
Ahora, en la montaña como espacio genérico de escenarios de aventuras, puede transformarse en un espacio de peligros o de accidentes potenciales. Si quiero transitar por un itinerario que desconozco o que técnicamente no podré resolver por falta de conocimientos, es necesario solicitar ayuda profesional al idóneo en la temática.
¿Para qué? para disfrutar mejor y minimizar el riesgo.
Desde la historia de la humanidad se sabe que el hombre ha tenido que resolver problemas con su supervivencia en el medio natural, vencer las dificultades para la alimentación, para soportar el frío, los ataques de animales y muchas situaciones adversas que con el avance de la civilización, es indudable que se ha llegado a un confort máximo, pero que a su vez, en muchos sujetos tan “urbanizados” a generado que muchos hayan perdido la posibilidad de “aprender! a resolver problemas vinculados a la naturaleza, como la obtención del agua, el de calefaccionarse frente al frío, el del calor extremo, por todo esto hay que generar situaciones para “Educar en la naturaleza”, para generar sujetos que sean capaces de trabajar capacidades y de lograr habilidades para solucionar problemas. Estas habilidades de tipo afectivo, social, procedimental, conceptuales, son aprendizajes que la dialéctica de la naturaleza nos brinda un espacio de crecimiento en lo individual y lo grupal.
El grupo como sostén en el marco natural
Un capítulo muy importante en este tema es el que juega el “grupo”, y en esto no importa la cantidad de gente que lo conforma, sino la calidad de los integrantes y de los objetivos planteados. Las posibilidades que generan estos espacios de ayudar y compartir con el otro es impagable, siempre habrá alguien que necesite ayuda, uno sabrá más y tendrá mejor condición física que otro, otro tendrá el saber científico para dar un aporte en el lugar indicado y así se va tejiendo esta red de intercambios de saberes con el aporte de cada uno, con sus miedos, sus limitaciones, sus expectativas, sus anhelos, todo esto se va encerrando en el proceso grupal y en este complejo “cóctel” de las relaciones y vínculos humanos cada sujeto con su propia identidad y personalidad saca provecho y crece individualmente pero desde el otro.
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En un momento cósmico de individualismo, del famoso “sálvate como puedas”, de esa libertad individual mal ejercida, el salir con un grupo a la montaña es un ejercicio muy profundo para lograr “ser” en una concepción planetaria venciendo a esos “no lugares” que dice Marc Augé en donde la alienación y la masificación son moneda corriente.
El concepto de incertidumbre que juega un rol fuerte en las actividades en el marco natural hay que acompañarlo con el concepto de lo ambiental, desde la mirada del paradigma de la complejidad de Morin, quien sostiene que hay que educar en el proceso de pensar y pensarse en una mirada compleja y global planetaria. La actividades en el marco natural dan la inmensa posibilidad de educar en esa mirada, en la de reconocerse como parte del sistema de este cosmos.
Guillermo Roldan un amigo y profesional de la montaña escribió para un trabajo “en la Pedagogía de la Motricidad, la Educación Física, en tanto que educación, organizadora de conductas con sentido emancipador de la naturaleza humana, se pone en valor la necesidad de re-incorporar la dimensión ambiental (natural) a la motricidad. Las modificaciones del ambiente en función del modo de vida urbano, ha distanciado al hombre del siglo XXI de las condiciones de intemperie. A este tenor nos encontramos con una generación de personas con un pobre desarrollo motriz de adaptación al ambiente (natural). Es así como hay quienes consideran al entorno natural como fuente de indicios a ser descifrados motrizmente, un reto (interior) que provoca una respuesta motriz; pero también hay a quienes ese medio los atemoriza a punto tal que los paraliza.
Aparece aquí el desafío pedagógico de los educadores físicos que centramos el proceso educativo en medios naturales: constituir procesos (duraderos) en los que se comience a movilizar el reencuentro con la motricidad olvidada.
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Así cobran sentido los objetivos de vivenciar actividades de aventuras, que para los mendocinos tienen forma de paseos por las montañas, donde consideramos distintos aspectos del paisaje para que nuestros participantes vayan registrando (en su memoria motriz) aquellos signos que el medio emite constantemente.”
Por lo tanto, vectores de consideración en la planificación de una salida didáctica, por un lado la dosificación del esfuerzo y por otro el grado de dificultad propicio para desencadenar encanto y no rechazo hacia la actividad. Esto deberá traducirse cada vez que salimos a la montaña, en la difícil tarea de realizar la elección de un (único) itinerario que se propone a los (numerosos) participantes, de motricidad, motivación, experiencia e intereses heterogéneos, para que los aprendizajes se tornen significativos.
Por todo esto es importante educar al ciudadano para vivir en la sociedad, ser alguien en el trabajo y la producción, saber ser responsable ante los demás, pero no debemos olvidar ni menos dejar de lado la educación en el tiempo libre, que esto incluye en gran parte las actividades en el marco natural, y la seguridad como la pedagogía en este espacio es un desafío profesional.
Tanto Guillermo Roldan como el que suscribe la nota, somos integrantes del Grupo Ecoandinia, que es un programa de actividades en la Naturaleza en el marco de la Asociación Laberinto Sur con personería jurídica 1025/10 que trabaja en el marco del proyectos sociales en el tiempo libre, recreación y lo ambiental.