No es común que dos personalidades tan fuertes se unan para compartir un mismo escenario. Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina tienen sus respectivas carreras bien avaladas y sustentadas por la pasión popular y llegar a esta unión significó dejar de lado egoísmos y destellos.
Así, ese paso dado por los españoles le permitió al público disfrutar de uno de los conciertos más emotivos de los últimos tiempos como fue “Dos pájaros de un tiro”.
Apoyados en una propuesta visual impresionante y rodeados de una big band envidiable, Serrat y Sabina desandaron un camino soñado y esperado por todos. Por eso, la cara de felicidad de cada uno de los 20 mil presentes en el Malvinas Argentinas tenía una razón: una unión musical envidiable e irrepetible.
Desde el mismo comienzo quedó en claro que esta gira no era “tomada de los pelos” sino algo muy organizado, con un sentido y varios significados. El “juego” propuesto por las pantallas laterales, con una parodia de “Telenoche” hasta los diferentes atuendos que lucieron ambos artistas en distintos momentos del show fueron pensados y ubicados de manera justa, dando su golpe de efecto en el tiempo oportuno.
Vamos a lo musical. Sin fisuras, Serrat y Sabina tuvieron la sutileza de organizar un show conjunto con todos sus grandes éxitos. Algunos, fueron a dos voces y otros por sus propios autores, y siempre fue atinado y con excelencia. Las canciones de Serrat sonaron más parecidas a las grabaciones de los setenta, gracias a la sección de vientos que esta vez acompañó a los músicos. Así, temas como “Penélope”, “Fiesta” o “Cantares” tuvieron un dejo de recuerdo en su sonido. Pero, algo raro fue escuchar al “Nano” con una aguijoneante guitarra eléctrica de fondo, en los temas propios de Sabina. Sin lugar a dudas, esas canciones más “guarras”, tuvieron un sutil toque de delicadeza en la voz del catalán.
Por su parte, la actuación de Sabina fue impecable, ocupando siempre su lugar y dejando bien claro que nunca intentaría emular siquiera a su coequiper de turno. Es más, logró cambiar algunas palabras de las canciones escritas por Serrat sólo para darle su toque personal.
Con las cosas así planteadas, el show se fue desarrollando de una manera asombrosa y lleno de buenos momentos, con climas creados a través de las canciones que podían pasar de la ternura a las más rabiosas ganas de saltar en el campo.
Si a una excelente propuesta musical se le suma una puesta de luces y pantallas pocas veces vista por estos pagos, el show ya toma otra dimensión. Y exactamente eso fue lo que pasó y es que los mendocinos tuvimos la suerte de ser testigos directos de la entrega total de dos grandes artistas, llenos de talento.
Podría decirse que de esta gira saca más provecho Sabina que Serrat, porque el “Nano” le dio la posibilidad al andaluz de acoplarse a su ritmo, de gozar de detalles impecables, de permitirle aprovechar un espacio poético envidiable y un cadencia musical que pocos tienen. Pero también se podría decir que Serrat se aprovechó de Sabina apara captar su energía, mostrar su lado más festivo y disfrutar de un buen riff a la hora de un rock.
Lo cierto es que –al fin y al cabo- los beneficiados fuimos los que estábamos del otro lado, los que disfrutamos a más no poder con la profesional entrega de dos artistas que siempre tiene algo más por dar.
Fueron dos horas y media de mucha y buena música, de una entrega de buen humor y diversión, de puesta en escena y de canciones, muchas y buenas canciones, que al fin y al cabo, es lo que todos fuimos a buscar.
Lucía –¡cuantas Lucías existen por esta canción!–, Mediterráneo, Con la frente marchita, Esos locos bajitos, Fiesta, La del pirata cojo, Aves de paso, Quién me ha robado el mes de abril, Tu nombre me sabe a hierba, Más de cien mentiras, 19 días y 500 noches, Para la libertad y Ruido fueron algunas de las tantas canciones que estos españoles vinieron a ofrecernos, como un buen regalo de fin de año.
Ficha
“Dos pájaros de un tiro”
Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina
Músicos: Ricardo Miralles (piano), Pancho Varona (guitarras y voz), Antonio García de Diego (guitarras, teclados, armónica y voz), Pedro Barceló (batería y cajón), Víctor Merlo (bajo y contrabajo), José Romero (guitarras y acordeón), Patxi Urchegui (trompeta), José Miguel Pérez Sagaste (saxos), Roberto Bazán (trombón), Caqui Sánchez (coros) y Marcela Ferrari (coros).