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El Ministerio de Seguridad es un polvorín a tiempo completo. El abogado Carlos Aranda, que heredó un sillón marcado por el particular sentido de conducción de Carlos Ciurca, es el que pone la cara ante los mendocinos por cada problema de la seguridad pública, en momentos en que hay policías sospechados de armar causas, internas, problemas en el Instituto de Seguridad, y el escándalo del uso de los helicópteros policiales. ¿Tiene un plan de seguridad el gobierno? ¿Cuál es? ¿Cómo trabaja este Ministerio que está en el ojo de la tormenta desde que a Celso Jaque se le ocurrió utilizar el área para ganar las elecciones, prometiendo bajar el delito un 30 %? ¿Qué piensan los policías? ¿Cómo trabajan desde afuera los “antirreformistas” buscando las debilidades del sistema? Estas y otras preguntas son las que abordamos con el ministro Aranda, en su despacho de la calle Salta, en Godoy Cruz. Lo acompañó en el reportaje el Jefe de Gabinete de seguridad, Eduardo Bauzá, una especie de “catalizador” de Aranda, como lo fue en su momento de Carlos Ciurca. El ministro no toma absolutamente ninguna decisión sin consultarle. “Se involucra en los temas al máximo… puede exponerlos mejor que un comisario general… es la discusión, el consejo, el abrazo, la parte humana de este trabajo” dice Aranda en referencia a su colaborador.
En el peor momento del Ministerio de Seguridad desde que Carlos Ciurca cambió ese sillón por el de Desarrollo Social, Aranda dice que la Reforma Policial dejó asuntos pendientes, y da una definición potente que lo coloca más del lado de la milicia, que de la política. “Ninguna Política de Estado en Seguridad puede hacerse sin la Policía”. Y dice que en cada caso de irregularidades o corrupción, aunque hay que investigarlos a fondo, “hay que garantizar el debido proceso, y la inocencia de las personas hasta que se demuestra lo contrario”. Lo que sigue es un resumen de la charla con Aranda, un reformista crítico de la reforma, que puede sentarse a “matear” y hablar de problemas en común con la “viaje policía” que Alejandro Cazabán, hoy Secretario General de la Gobernación, corrió de la fuerza allá por 1999.
-¿Qué opinión tiene de la Reforma policial del ‘99, y de su destino?
-Mi opinión, diez años después, es que merece la revisión de algunos aspectos. Destaco la creación de la Comisión Bicameral, de seguridad, del Ministerio de Seguridad, de la intervención de civiles en la administración de la policía… Estas son creaciones de la ley 6721, que puso en marcha este sistema, como la Inspección General de Seguridad, el Instituto Universitario de Seguridad Pública, el Consejo Asesor de Seguridad, los foros vecinales y departamentales. Pongo en valor la creación del sistema de seguridad pública. No obstante, creo que hubo cuestiones que no se cumplieron a tiempo, como la puesta en funcionamiento del Consejo de Seguridad Pública, que se produjo 10 años después de la sanción de la ley. Y el Instituto Universitario fue funcionando de a poco, con cuestiones incluso que no se resolvieron. La Reforma debería de haber tenido un seguimiento gobierno tras gobierno, para ir advirtiendo sobre todo lo que no se cumplía.
-La Bicameral de Seguridad debería haberlo hecho…
-Sí, las distintas bicamerales que hubo. Pero no sucedió. La política de Estado no tuvo que continuidad. No hay que escribir tanto la política de Estado, si no las cuestiones concretas. Cuando uno se sienta acá e interactúa con los intendentes, tiene que darles la misma atención sea de Capital, Junín, o Las Heras, y del partido político que sean. Tienen problemáticas diferentes que hay que atender. Es decir, cuando hay un problema en la Policía de Las Heras, de Rivadavia, o de San Martín, o de donde sea, el responsable siempre es el mismo: el ministro. Y quien tiene el problema, a los ojos de la comunidad, es toda la policía.
-¿No piensa que la ISG debería ser autárquica, tener más poder de resolución, por ejemplo en los casos de sanciones, que las termina resolviendo el Ministerio? Lo que dice la Inspección ni siquiera es vinculante. ¿Cuál es su utilidad, entonces?
-La inspección está en período de transformación y va a ser autárquica. Hay una ley que así lo prevé. Queremos que en 2011 incluso pidan y gestionen su propio presupuesto. Sí creo que la Inspección podría ser el órgano de contralor y tomar decisiones siempre y cuando se garanticen las etapas del debido proceso, y habría que repensar quién termina definiendo una sanción disciplinaria. Es verdad que nosotros a veces aplicamos sanciones que difieren de lo que sugiere la Inspección. Habría que garantizar que los sancionados, o los que no lo están; tengan la instancia de apelación de lo que dice la IGS. Todo esto hay que repensarlo. A ver… la subsecretaria de Trabajo puede hacer un acuerdo o sancionar a alguien. Y el que está disconforme, puede recurrir a la Justicia. Esa persona no va a reclamar al Ministerio de Gobierno. Tal vez habría que hacer algo similar, pero con procesos especiales en ciertos casos, porque hablamos de gente que pasa a disponibilidad, o está suspendida… o en “pasiva…” No cobra lo que tiene que cobrar, y en definitiva es inocente hasta que se demuestre lo contrario.
"Hay que garantizar que los policías sancionados tengan el debido proceso, y que puedan apelar las decisiones de una IGS autárquica"
Eduardo Bauzá: El ministro firmó una resolución importante para que los policías que trabajan en la IGS no puedan ser trasladados. Son, en definitiva, la división de asuntos internos de la policía. Antes podían ser trasladados y eso los condicionaba para investigar a la propia policía…
-¿Qué deuda tiene la Reforma? ¿Los comisarios son reformistas…. cómo se sienten ellos con la Reforma?
-En ese aspecto, la Reforma no miró hacia el futuro, contempló sólo la situación de ese momento, que era difícil… con policías haciendo paro… Admiro la manera en que la política logró confluir en la Reforma en Seguridad. Era una coyuntura difícil y había que estar ahí. Pero hay policías que la apoyan con hechos concretos. Tenemos más de cien licenciados en seguridad pública, policías que ya habían rendido con la ley de vieja policía, más de sesenta materias. Nadie les dijo “te equiparamos el título”, y tuvieron que meterse en la carrera para ser comisarios generales. Diría que casi todos los comisarios generales son hoy técnicos o licenciados en seguridad pública. Eso, es aceptar la Reforma.
-Bueno… no tenían mucho remedio… ¿verdad?
-No es así, porque aquella resolución fue prorrogada una y otra vez, y el último plazo opera el año que viene. Todos los jefes de hoy, en la realidad han asumido la Reforma, porque han aceptado pasar la capacitación que les proponía la Reforma. Muchos otros, la resistieron. La policía es muy subordinada. Dice “sí señor” y va para adelante. Cuando uno se sienta a hablar con ellos, descubre que tienen su opinión, que quieren colaborar para que esto esté mejor. Cuando digo que la Reforma no miró hacia delante, hablo por ejemplo de los suboficiales. La Reforma los hizo desaparecer, no los tuvo en cuenta. Ni los nombra. En ese momento teníamos miles de suboficiales que fueron olvidados, que estuvieron ocho o diez años sin ascender. Por eso tomamos la decisión de otorgarles ascensos y darles oportunidades. El otro tema pendiente de la Reforma es sustancial, y marca el futuro de la policía. Sacamos tres escalafones intermedios: subayudante, subinspector, y comisario mayor. Pero no se modificaron los tiempos de la carrera policial. Hoy tenemos comisarios generales con 22 años de servicio y a los que les faltan aún ocho años de carrera antes del retiro. Y en lo operativo, nos encontramos con gente muy joven y sin experiencia, que ya tiene poder de mando en su jerarquía.
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-¿Qué experiencia debería tener un comisario general ideal, y qué edad?
"La capacitación policial no puede ser rígida. Los policías tienen que estar a la altura de las innovaciones, y adquirir siempre nuevos conocimientos"
-¿Hay personal de Inteligencia trabajando en las redes sociales, como Facebook o Twitter?
-Cuando yo llegué a Inteligencia, por las limitaciones y prohibiciones en el Estado para ingresar a sitios como Facebook, no lo hacíamos. Pero sí hay gente mirando incluso los diarios, para ver las ofertas de compra-venta que puedan significar una pista de artículos robados. Así hemos detectado, por ejemplo, a una persona que se dedicaba a estafar vendiendo el mismo auto varias veces. Estas son las cosas anónimas que nunca se saben, porque la preparación de un delito no es delito. Hay casos que no llegan ni a la denuncia.
-En el caso del “fan tour” del helicóptero… ¿no deberían poner a todo el mundo en disponibilidad, e investigarlos a todos? La imagen que da la Policía con esto, es pésima.
-Es entendible que haya gente que entienda e interprete que hay que hacer eso. Tiene que ver con el orden, como cuando un chico en la casa se porta mal, y se va a dormir castigado. Pero como responsable, como funcionario de un área, tengo que garantizar los debidos procesos. Aun ante la prueba más contundente, las personas son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Y esto lo digo no sólo como ministro, sino además como abogado, especialista del derecho. Ante los hechos incluso probados, hay que verificar cuán graves son, y de qué magnitud estamos hablando; para ver qué sanción corresponde… Incluso, desde lo humano, uno puede expresar un montón de cosas… a uno le dan ganas de decir… “pero qué pelotudos…”, en el caso de que sean ciertos algunos hechos que se denuncian.
-Bueno… pero parece que ahí tenían montada una Pyme…
-En el Ministerio de Seguridad hay muchos temas a resolver todos los días. El del helicóptero es un tema más, de los muchos que tenemos en el Ministerio. Los temas sencillos, tienen resoluciones sencillas. Los complejos, más largas y arduas. Porque incluso tienen que ver con las consecuencias posibles de las decisiones que uno tome. No es lo mismo apercibir a alguien, que echarlo. Entonces, hay que ser muy cuidadoso y responsable en la administración de estos casos. Le doy un ejemplo concreto y real. Si yo hubiese echado a los policías denunciados por abuso en el caso de Maipú, donde había una denuncia penal, no “pedidos de informe”, se hubiese cometido una injusticia mayúscula.
-Son casos distintos…-
-¡No! Una menor había dicho “me violó un policía”. Imagínese que yo hubiese intervenido la comisaría y pasado a todo el mundo a disponibilidad, o hubiese echado a uno, dos, cuatro o diez policías. ¿Quién se hace cargo de eso? Mire… por la misma gente, por la comunidad de Mendoza, y porque no se deben cometer injusticias, cuando uno está sentado en este sillón tiene que apaciguarse, y resolver con cuidado y con todos los elementos a mano. Aun si yo mismo tengo sospechas de si algo ocurre, o si no ocurre. En este cargo, no puedo permitir que me lleguen las presiones de la política, de la misma comunidad, o de los medios. Hay que resolver los temas con cuidado-
Eduardo Bauzá: –Estamos hablando de un piloto subcomisario, con más de mil horas de vuelo, en las que la provincia hizo un esfuerzo importante. Es posible que haya cometido una falla ética en aquel viaje a Potrerillos, porque estaba patrullando, al igual que el día en que encontró el avión caído del Aeroclub. No generó gastos extra, no dejó de atender una situación de seguridad por ese vuelo, pero sí es probable que haya cometido una falta ética… Yo pregunto… ¿A ese tipo, que tiene muchísima experiencia, lo tenemos que matar?
-¿Pero ganaba dinero con esos viajes? ¿Y la “escuelita”?-
-No. Si fuese así, sería yo quien diría que hay que separarlo de la fuerza… Lo mismo si se comprueba lo de la “escuelita”-
-El episodio del helicóptero da imagen de desmanejo. Y además, en el mundillo político se dice que tanto Carlos Ciurca como el Secretario General de la Gobernación, Alejandro Cazabán, meten “la cuchara” en el Ministerio. ¿Cómo se lleva con esto?
-Me da risa cuando se dice que hay otros ministros que mandan en el Ministerio. Coyunturalmente, es imposible manejar Seguridad sin estar aquí. Hay que estar 24 horas sobre el sillón… Esto implica radio policial, celular, reuniones, decisiones, tiempo, y más tiempo. Es imposible conducirlo sin estar en el volante. Así como hablan de Ciurca, o de Cazabán, podrían hablar del gobernador, porque nos “baja línea”. ¡Es nuestro jefe! Nos llaman para darnos fuerzas, para estar al día, pero ellos no saben si estoy en una reunión en un barrio, o en un homicidio. Sí debatimos a veces la política general, porque hay que debatirla. Pero el que pone la cara soy yo, el que definitiva está aquí, en el Ministerio. La verdad es que tengo mucha libertad en las acciones, y nunca, ni Cazabán, ni Ciurca, ni el Gobernador Jaque, me han manejado la dirección del Ministerio. Le doy un ejemplo. Hay cambios en la policía en esos días. Para mí sería muy fácil decir “Chiqui, a quién pongo; Carlos, a quién pongo; Celso, a quién pongo”, porque podría ser un títere, y eso me redituaría mucho más, o porque me convendría en lo político o en lo económico, o en lo que sea. Sí me considero parte de un equipo. Carlos Ciurca tuvo la grandeza de incluirme en su mesa, y hacerme conocer todos los aspectos del Ministerio. Eso permitió una continuidad, que se notó incluso cuando tuve que ir a defender el presupuesto del área. Y no estaban ni el Chiqui ni Ciurca al lado mío. Igual, pareciera que hay gente que no entiende que hay Ministerios que pueden trabajar en equipo. Debemos trabajar juntos, ir juntos a las reuniones… abordar los temas de seguridad en forma conjunta.
-¿Qué están haciendo en la lucha contra el narcotráfico?
-Combatimos y apuntamos a la cabeza de las organizaciones, para desbaratarlas. Aprovechamos mucho la información de la calle, y de los barrios. Fortalecimos Narcocriminalidad, que trabaja mucho con AFIP, aeroportuarios, policías federales. Y la sensación se nota en un dato de “mercado”. No hay faso en la calle, cuesta más conseguirlo, y es más caro. Hace unos meses, un kilo de marihuana que en el NEA o Paraguay costaba 50 pesos, puesto en Mendoza costaba 1.000, y exportado a Chile, mil dólares. Ahora, el kilo de marihuana cuesta entre 1.600 y 1.800 pesos en Mendoza. Les cuesta mucho más traerla. Hace unas semanas, hubo un golpe importante en el NEA con 500 o 600 kilos que venían a Mendoza, una parte aquí, y el resto para llevar a Chile. Estábamos tras esa pista. Nuestra preocupación es que no se instale el “paco”, que se investigue a las personas que uno ve que se enriquecen de la noche a la mañana, y los negocios que se montan alrededor del tráfico de drogas.
"Nunca, ni Ciurca, ni Cazabán, Ni Jaque, me manejaron la dirección del ministerio".
-¿Cuánto más debería ganar un policía?
-El doble, por lo menos. Tampoco el gobernador, un maestro, o un trabajador de la salud deberían ganar lo que están ganando, aunque se han hecho esfuerzos por mejorarles el sueldo.
-¿Qué cosa cree que es lo más importante que está haciendo por la seguridad de los mendocinos?
-…(piensa) Revindicar a la policía con la comunidad, y que ellos entiendan que me voy a poner al frente de la fuerza y a trabajar con ellos. Es decir, buscamos reconstruir la separación, ese divorcio tan fuerte, entre la policía y la gente.