El caso de la muerte del hijo de los actores Antonio Grimau y Leonor Manso volvió a poner en el eje de la discusión la situación de muchos cuerpos que ingresan a las morgues y permanecen como NN durante largos meses.
En Mendoza, en tanto, este tipo de situaciones nos parecen lejanas y propias de las grandes urbes. Sin embargo, si prestamos atención podemos advertir que bien podríamos estar batiendo un lamentable récord. Un NN lleva cuatrocientos cincuenta y cinco días corridos sin ser reclamado por parientes ni amigos en un hospital mendocino.
El ya famoso, y desgraciadamente no por sus virtudes, Hospital Regional Scaravelli de Tunuyán alberga en sus instalaciones el cuerpo de un hombre sin identificación desde hace un año y tres meses.
La situación salió a la luz hace poco más de un mes cuando Héctor Manzano, un conocido conductor radial del Valle de Uco, debió lamentar el fallecimiento de su padre, luego de haber estado internado en la Unidad de Terapia Intensiva del centro asistencial.
“Cuando tuve que entrar a la morgue para vestir el cuerpo de mi papá, el olor nauseabundo me obligó a salir no sólo del lugar sino del mismo hospital, y así y todo, una vez afuera seguí sintiendo el olor”, recuerda Manzano.
En teoría, y más allá del tiempo de alojado el cuerpo dentro del hospital, no tendría porqué sentirse un aroma tan pestilente y penetrante si el lugar se encontrase en condiciones de mantener un cadáver y no permitir que se desarrolle el natural proceso de descomposición. Pero, las serias deficiencias en los equipos de aire acondicionado del Scaravelli no sólo afectan a las áreas de internación sino también a la morgue, que además se ubica a tan sólo quince metros del sector de Pediatría.
El padre de Manzano, quien fue ex empleado del hospital cabecera del Valle de Uco y hacía algunos años que se había jubilado de su cargo de chofer, mientras estuvo internado en el Scaravelli, durante el mes de enero pasado, debió soportar altísimas temperaturas en el interior del nosocomio. “Me tomé el trabajo de llevar un termómetro ambiental –reconoce Manzano- y registró temperaturas de hasta 38 grados”.
El cuerpo no identificado
La historia del NN del Scaravelli se remonta a los últimos días del año 2008, cuando un joven hombre, cuya edad no sería mayor a los 30 años, según aseguran los que recuerdan haberlo visto aún con vida; se encontraba internado debido a un severo cuadro de neumonía. Que de tan severo, terminó llevándolo a la muerte.
Por entonces, no recibió visitas ni nadie llegó al hospital preguntando por él y a la espera de que eso sucediera se mantuvo su cadáver en la deficiente morgue hospitalaria.
Hoy, las autoridades del nosocomio aseguran que “para sacar el cuerpo del lugar se necesita una orden judicial”. Argumento esgrimido por el propio gerente Asistencial Guillermo Ferro a Manzano, tras hacerse público el hecho a través de la tunuyanina Radio Frontera.
La voz de la Justicia
Las denuncias hechas por Manzano y la trascendencia que toman en Tunuyán las noticias dadas a conocer por Radio Frontera provocaron que el juez Fernando Ugarte, a cargo del Primer Juzgado de Instrucción de Tunuyán, tomara cartas en el asunto.
“Ya se lo he dicho varias veces a los directivos del hospital: ese fallecimiento no es judicial. Ese pobre hombre no falleció en circunstancias violentas, ni ingresó al hospital herido de bala o arma blanca, murió adentro del hospital y a causa de una enfermedad que puede contraer cualquier persona”, admitió el magistrado al ser consultado por Mdz.
Ante esta tajante conclusión, la responsabilidad de retirar el cuerpo recae en las autoridades hospitalarias. “Es un simple trámite administrativo. El director tiene que dar la orden firmada del entierro y solicitar a la Municipalidad les habilite hacerlo en una fosa común del cementerio municipal”, puntualiza Ugarte.
El panorama dentro del Scaravelli
“Un simple trámite administrativo”, tal como caratula el juez Ugarte a la solución del problema no resulta tan simple al conocerse la caótica realidad del Hospital Scaravelli. La gestión de los anteriores directivos, Jorge De Pedro y Gustavo Cramero, y sus desmanejos dejaron graves secuelas en el seno de la administración del centro hospitalario.