Ley por ley… día por día… semana por semana… así va a ser la pelea en estos dos años hasta 2011… Y si a nosotros nos cuesta ‘armar’ a treinta y dos senadores y tres aliados, imaginen a ellos con 37 dispersos, y tantos intereses contrapuestos…- La frase precedente reporta derechos de autor a un senador peronista, y feliz de la vida. Y fue acuñada apenas minutos después de que el frente anti K del Senado de la Nación fracasara hoy en dos intentos: rechazar el pliego de la titular del BCRA, Mercedes Marcó del Pont, y aprobar modificaciones a la Ley del Cheque, que reportaría unos 10.800 millones de pesos a las provincias.
En verdad, el frente parlamentario anti K -tal como han sostenido muchas veces los kirchneristas- es una mayoría artificial que no ha logrado canalizar el rechazo que buena parte de la población -al menos la que votó y que opina en las encuestas- profesa por Néstor y Cristina Kirchner. Con una oposición que no articula, lo más probable es que se cumpla la profecía de Néstor, y gobiernen hasta el año 2020.
Hasta ahora, radicales, justicialistas del Peronismo Federal capitaneados por Adolfo Rodríguez Saá, socialistas, Elisa Carrió, y diversas expresiones peronistas no kirchneristas, como Mario Das Neves en Chubut o el escurridizo senador Carlos Verna en La Pampa; han estado unidos por conveniencias varias, o incluso broncas y resentimientos internos. Son valores subjetivos que no alcanzan para componer acciones comunes, más allá de ciertas tácticas parlamentarias. Este problema de la oposición se agravará a medida que se acerquen las fechas de definiciones políticas, hacia el segundo semestre, y ni que hablar de 2011. Cuando empiecen los debates por las candidaturas, alianzas, y posicionamientos frente al gobierno, serán un polvorín, mientras el kirchnerismo resistirá unido entonando cantos de sirenas, y blandiendo billeteras de esas que sirven para subordinar a gobernadores e intendentes prácticos y poco afectos a mantenerse en sus principios.
Hoy, la oposición apenas logró contar con 34 senadores y algunas escenas de confusión. La TV mostró, por ejemplo, cómo la pampeana María de los Ángeles Higonet (PJ, y disidente, pero no tanto) se llevó del recinto a su par chubutense Graciela Di Perna, que había ocupado la banca. “Somos oposición. Bajamos, y cuando vimos que habían comprado a Roxana Latorre (ex fiel de Carlos Reutemann) nos fuimos…”, explicaron los asesores de la chubutense. Tampoco se lo vio en la Cámara Alta al senador y ex presidente Carlos Menem. Y las senadoras Latorre y María José Bongiorno (rionegrina, ex Frente Grande); decidieron apoyar a Marcó del Pont. Así, la oposición se quedó con las manos vacías, sin rechazar de un plumazo a la jefa del BCRA, y sin aumentar la coparticipación del impuesto al cheque, una idea que incluso genera un fuerte debate puertas adentro del bloque kirchnerista conducido por Miguel Pichetto, porque hay senadores que tienen en sus espaldas mucha presión por más recursos para sus provincias.
El senador Carlos Verna es otro de los hombres clave de esta historia. Es del tipo de persona que nunca termina de decir su última palabra, y que es capaz de seguir negociando aún después de haber dicho que sí o no a algún acuerdo, tal como describen varios de sus pares. Hoy, tiene su voto y el de Higonet para negociar con unos y otros. Alguna vez comparó a Kirchner con Nerón, y fue uno de los senadores que en 1997 echó a Cristina del bloque que comandaba Augusto “El Choclo” Alasino en el Senado. Pero en el oficialismo se esperanzan en contar con su voto ocasional. Verna fue quien presentó el proyecto para pagar deudas con reservas y salvar a Cristina de un casi seguro rechazo del DNU.
Como dijimos días atrás, la oposición sólo ha logrado ser oposición, pero está lejos de constituir una alternativa. Sí puede, a lo mejor, ser muchas alternativas. Y en esas diferencias se apalancarán las estrategias oficiales para permanecer en el poder, algo que el 28 de Junio del año pasado parecía el sueño trasnochado de algún hiperkirchnerista.
Las encuestas que manejan una vez a la semana varios de los que buscan ser presidente, indican que la imagen positiva de Julio Cobos, la principal figura pública de la oposición –por imagen, pero no por peso político- ha comenzado a reducirse. Y que la caída de Néstor y Cristina Kirchner es menos pronunciada aunque su imagen es decididamente mala. La pregunta es ¿perderían una elección el año próximo ante una oposición muy fragmentada? Es difícil decirlo, en un país a cuyos dirigentes les cuesta horrores construir consensos. No hemos dado ese salto evolutivo de la política. Tampoco en la sociedad civil, y por eso los argentinos solemos tener rasgos autoritarios.
Ayer, importantes senadores de la oposición pronosticaban que el pliego de Marcó del Pont y el Impuesto al Cheque “no se postergan y salen como la lotería”. Por lo pronto, en esta rueda de la suerte, el que ganó fue el kirchnerismo, aun acorralado como está. Esté uno de acuerdo o no en cómo llevan adelante el país, tampoco está tan mal. Es el juego de la democracia.
Hoy, la oposición tuvo que restar quórum. Una herramienta que le venían criticando con dureza a Miguel Pichetto, quien ahora tendrá piedra libre para dejar el Senado vacío cuantas veces se le de la gana. Y eso va a suceder siempre que Gerardo Morales, Adolfo Rodríguez Saá, Verna, y otros cuantos opositores, se queden sin reunir no sólo la cantidad de legisladores necesaria para sesionar, sino los votos. Esto es clave en la cámara que debe ratificar los Decretos de Necesidad y Urgencia, el arma que blandirá Cristina casi con exclusividad, porque aunque en el Senado da pelea, en Diputados los Kirchner son una minoría franca.
La oposición tiene una agenda parlamentaria de calidad institucional y transparencia de la política, que incluye Consejo de la Magistratura y elección de jueces, manejo de los DNU, las cifras truchas del Indec… Y, a la vista de lo ocurrido hoy, tendrán que negociar hora a hora, semana a semana, y ley por ley. Es la propuesta del “ojo por ojo” que el kirchnerismo, acorralado, puede imponer. Una especie de pesadilla pisiquiátrica de quienes sueñan desde hace ocho meses con cambiar el país, sin éxito.