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“La única manera de crecer es compartiendo”, se lee en el mail de Valeria, quien, junto a un grupo de amigas, luego de leer una nota en MDZ, decidió que el lado del mostrador que prefiere es el de la ayuda, con sus vocales y consonantes, la ayuda que suma y multiplica y nunca resta.
Empecemos contando la historia de la escuela 1-736, del paraje La Majada, en pleno desierto lavallino.
Una escuela privada
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La escuelita de La Majada da ilusión a 36 niños y es dirigida por la dedicada docente Iris Azcurra. Si una ventaja tiene, es que, como sostienen las maestras, allí no se suspenden las clases por falta de servicios, sencillamente porque no los tienen.
Es, a todas luces, una escuela privada: privada de luz, agua, gas natural, cloacas, internet, en fin, cerámicas, aire acondicionado, laboratorios bilingües, cocheras, cancha de básquet …
Perdón: cancha de básquet tiene, montada sobre las arenas del desierto. De aquí que los niños (estos hermosos niños nuestros, de todos) no piquen la pelota cuando juegan, sino que se limitan a intentar encestar. A veces, lo logran y su estadio es entonces el más grande del mundo.
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En fin: dejamos en claro entonces que la escuelita de La Majada es una escuela privada, privada de demasiadas cosas. Para que se den una idea, apenas hay dos piecitas (diminutivo de pieza) en las que se amontonan todos los chicos y sus ejemplares docentes. Esta situación bien referida fue por nuestro diario en una nota de Gabriel Conte y Pachy Reynoso.
Aparecen los muy hijos de puta
En esta historia hay personajes variados: están los niños que son víctimas, las docentes que son heroínas, los ladrones que son unos hijos de la remil puta y los funcionarios que son los torpes y/o ineficaces o ambas cosas. Vamos a los ladrones.
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Así las cosas, hablamos con Roberto Pacini, de la DGE, del asunto. Esta es parte de la charla, sobran los comentarios a pie de página:
- Pacini, quedamos en hablar a principios de marzo sobre la escuela que iban a equipar… No hicieron nada de lo que prometieron, ¿Qué pasó?
- Estamos trabajando para reponer lo que se sustrajo…
- Pero debieron hacerlo hace dos semanas. Los chicos no tienen ni utensilios de cocina y hace diez días empezaron las clases.
- Mañana se los llevamos. Y pasado mañana la heladera y tengo un televisor en el depósito también. Y el generador entre esta semana y la que viene. Ahora estoy comprando el generador…
- Da la impresión de que reacciona sobre la marcha.
- Es que hay un tema de fondo que el director (Carlos López Puelles) quiere resolver: el tendido eléctrico desde el puesto El Pichón hasta la escuela, son doce kilómetros; hoy tiene una reunión con la gente de la empresa Edestesa por ese tema. Son 12 kilómetros de tendido los que hay que hacer.
- ¿Pero por qué todo ahora, que lo estamos llamando?
- Sí, es verdad. He tenido otros problemas de infraestructura y la verdad me ha quedado relegado. Ahora, nosotros creemos que en 45 días el problema de la electricidad va a estar resuelto.
- Entonces, lo llamo dentro de dos meses y vemos si es cierto.
Ayer, en lugar de publicar esta nota, decidimos esperar un día para que el funcionario en cuestión comunicara el resultado de la reunión de Carlos López Puelles y para garantizar que, efectivamente, había concretado los primeros envíos a la escuelita.
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Al cierre de esta nota, Pacini llamó y dijo: “Hoy llegó la heladera y un televisor para la escuela. Es lo que teníamos en stock. Los utensilios los voy a reponer la semana que viene. También hay diez paneles solares y nos falta encontrar quién los instale. Respecto de la reunión de López Puelles se avanzó y esperamos que en 90 ó 120 días ya haya electricidad”.
No debiera ser necesario que la participación de un medio de comunicación termine determinando las acciones no cumplidas, pero así son las cosas. Ya no en 45 días, sino dentro de cuatro meses tras el nuevo plazo dado por el funcionario, habremos de volver sobre el asunto de la electricidad para la escuelita del desierto lavallino.
El turno de las chicas solidarias
Luego del saqueo a la escuelita de La Majada, los ladrones se llevaron el botín, la DGE se durmió una larga siesta y un grupo de mujeres, luego de leer la nota en MDZ, decidieron ponerse a trabajar. Y lo hicieron, con Milagros y Valeria a la cabeza.
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“Junto con unas amigas formamos un grupo de ayuda con la intención de ayudar a ayudar. Nos pusimos el nombre Comunidar. Pudimos ver que muchísima gente es solidaria y quiere acercar su apoyo a quienes más lo necesitan. Vimos tu nota en MDZ y se puso en campaña de convocatoria”, nos cuenta Valeria
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Las chicas armaron juntadas “gourmet” cada jueves en la casa de Milagros y juntaron plata y también mandaron mails para manguear a amigos empresarios, quienes respondieron. Hubo, por ejemplo, una carrera de motos a beneficio y con aportes de importantes esponsors y ninguno pidió figurar en esta nota. Y esto hay que decirlo, amigos.
Y ya imaginan: compraron un montón de cosas (ese montón incluye un generador eléctrico, por caso), algo que ya se había hecho a fin del año pasado. El otro día, llevaron todo: cajas y cajas de útiles, manuales de primero a séptimo grado, el generador y muchas cosas más.
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“Es de no creer. ¡De la nada, la gente te llama, quiere ayudar y lo hace! ¡ Esto no puede pasar desapercibido! No te imaginas la cantidad de gente que nos llama para decirnos que quiere colaborar, con lo que pueden, con tiempo, con ropa, con útiles, hasta actuando o cortando el pelo o con lo que cada uno sabe hacer. Esto es maravilloso”, dice Valeria y, en verdad, emociona.
Comunidar se llama el grupo. Si querés ser parte, si querés ayudarlos a ayudar, escribiles a contacto@comunidar.com. ¿Por qué no sumarse a ellas y, por ejemplo, construir dos aulas bien grandes y luminosas, como Dios o los despachos oficiales, así de grandes y luminosas?
A manera de epílogo
Es bastante probable que estemos más locos que de costumbre. Una especie de virus de la estupidez nos determina como pueblo. Vivimos en un país y en una provincia en los que el discurso favorito es tirar bosta a los que aparecen como distintos. Y esta batalla se da en un territorio de superficialidad y falta de argumentos en el que los protagonistas más destacados somos precisamente aquellos que, se supone, tenemos herramientas para cambiar las cosas.
Somos, a fin de cuentas, los que no cambiamos nada, porque tal vez no nos conviene que las cosas cambien. Somos conservadores, precisamente porque queremos conservar.
Un dato para reflexionar sobre nuestra naturaleza: ayer publicamos una entrevista a una de las mejores cantantes líricas del barroco en todo el planeta. Es mendocina y se llama Verónica Cangemi. Durante 24 horas, tuvimos en la home su entrevista, que fue leída por cientos de personas.
Sin embargo, ayer publicamos también una nota del imbécil de Ricardo Fort – quien llegó a la Vendimia contratado por nuestro Gobierno, o sea, por nosotros–. Pues bien, en sólo una hora, la nota de Fort duplicó en lecturas al total de lecturas de Cangemi durante 24 horas. Y está bien que un diario publique tanto a Cangemi como a Fort. Pero los resultados nos pintan a las claras cómo somos muchos mendocinos.
¿No es más bello y bueno tener en el palco a Verónica Cangemi que a Ricardo Fort? ¿No es más bello y bueno leer las reflexiones de la Cangemi que ver las fotos nocturnas del señor Fort? En los dos casos, la respuesta de la inmensa mayoría es no.
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El dilema de la vida, en definitiva, consiste en elegir sobre cuál de los costados del camino levantaremos nuestra casa.