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Un público entusiasta aplaudió la puesta en escena de “Cantos de Vino y Libertad”, el acto central de la Fiesta Nacional de la Vendimia, organizada en cinco actos que contaron cronologicamente nuestra historia.
Laura Carbonari, Omar Abraham, Rodolfo “Fito” Suden y Marcelo Ortiz fueron los encargados de abrir la noche con la presentación de las soberanas vendimiales candidatas a suplir a Candela Carrasco, la reina 2009.
Pero, momentos antes, cuando Cristian Soloa estaba cantando “Virgen de la Carrodilla” se cumplió la peor profecía para nuestro gobernador Celso Jaque y fue precisamente porque la gente no paró de silbar y abuchear en ningún momento mientras se encaminaba hacia el palco oficial.
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Después de las presentaciones de rigor, y de una cueca bailada por la Reina Saliente y la Virreina, se apagaron las luces para disfrutar de la fiesta dirigida por Vilma Rúpolo y creada por Arístides Vargas.
En un escenario despojado, organizado en cinco niveles ascendentes hasta simular una montaña, y un interesante planteo en el escenario principal con una zona de tierra próxima a la fuente de agua, los más de 700 bailarines y actores desarrollan la historia en cinco actos que puntúan los cinco momentos clave de la estructura de la fiesta.
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El espectáculo comenzó con un joven huarpe que invoca a los ancestros y reivindica su origen a través de la música, los elementos, el desierto, los animales.
Luego, en una secuencia de textos, danzas y música que señalan el año 1810, se suceden criollos y españoles, damas y caballeros, campesinos y trabajo; y aparece por primera vez una cepa y su significado simbólico de labor, cosecha y vino.
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Cientos de bailarines recorrieron un puñado de ritmos tradicionales, hasta ser desplazados por la imagen del Cabildo de Buenos Aires y la noticia de la Revolución de Mayo.
San Martín y a sus granaderos entraron a escena y las independencias de otros países de América Latina fueron ilustradas con bailes típicos hasta rematar en la aparición de la Virgen de la Carrodilla con un Ave María.
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Lo nacional apareció como un gran brindis, un juego teatral y musical en el que se mezcla el tango electrónico con el rap que luego derivaronn a una enorme coreografía de zambas, tango y malambo.
Con un gran malambo final llegó a su fin el despliegue escénico, que fue aplaudido y ovacionado, como sucede año tras año.
Ahí si, después de ese momento todo fue emoción porque era momento de elegir a una nueva soberana vendimial.