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Hubo que esperar mucho, pero se dio al fin. Atrás quedó recuerdo de Sabina sobre las tablas del recordado Gran Rex. Ahora la historia fue otra. Fue una multitud de siete mil personas en el Malvinas Argentinas, con una gran puesta en escena y con un show inolvidable, tal como todos esperaban de Joaquín Sabina.
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Es que desde el mismo momento en que a las 21.45 se apagaron las luces y arrancó con “Tiramisú de limón”, empezaron a desgranarse las canciones en una noche maravillosa, que seguramente quedará en el recuerdo de muchos.
Vale decir que para Sabina no es complicado juntar dos docenas de grandes éxitos para ofrecer un concierto. Y es necesario aclarar que su público –fiel, cariñoso y respetuoso- agradeció de la mejor manera que aparecieran esas canciones, las que transformaron la multitud en un coro popular envidiable.
Hubo canciones de siempre, como “Medias negras“, “Por el boulevard de los sueños rotos”, “Llueve sobre mojado” (no es lo mismo sin Fito Páez…), “Y sin embargo”, “Una canción para la Magdalena”, “Peces de ciudad”, “Calle Melancolía”, “19 días y 500 noches”, “Princesa”, “Embustera”, “Noches de boda”, “…y nos dieron las diez”, “La del pirata cojo” o “Pastillas para no soñar” entre otras; también de las nuevas, como “Viudita de Clicquot” y “Praga”, y versiones libres como “Conductores suicidas” (a cargo de Pancho Varona), “Como un dolor de muelas (con la notable voz de la andaluza Marita Barros) o “Amor se llama el juego” (sobresaliendo Antonio García de Diego).
Acobijado sobre un escenario que simulaba una ciudad de noche, acompañado por Antonio García de Diego (guitarras, teclados, percusión), Pancho Varona (bajo, guitarrón mariachi), Jaime Azua (guitarra eléctrica), Marita Barros (coros), Pedro Barceló (batería y percusión) y José Misagaste (saxo y clarinete), el de Ubeda demostró que su talento sigue intacto y que es capaz de convertir un estadio en una sala íntima para degustar canciones o llevarla a un clímax especial a la hora de sacudir unos rockanrroles.
Con su ya clásico bombín negro y jugando al personaje que más le gusta, Sabina estreno sus 61 años sobre el escenario mendocino y ofreció una solidez envidiable, un show prolijo y encantador además de regalar canciones que emocionan y enternecen.
Tuvo tiempo para hablar, recitar, reír y hacer reír, recordar a Mercedes Sosa, Sandro, Guinzburg, Fontanarrosa y Castello y hasta hacer un sincero homenaje a San Martín.
Este fue el Joaquín Sabina que brilló en la noche de Mendoza. Sin dudas, un regalo para nuestros corazones.