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Que más de noventa mil personas pasen por el Festival Nacional de la Tonada da una muestra clara que el culto por nuestra música popular sigue intacto. Además, Tunuyán volvió a erigirse una vez más como el lugar fundamental para que los sonidos de Cuyo se muestren en su esplendor.
Así, después de tres noches de festival –y hay que sumarle dos más de peña-, queda un balance por realizar.
Un dato: en la noche del sábado, los quinchos se quedaron sin comida para los visitantes. Sólo en esa noche se vendieron 130 chivos asados.
Lo bueno:
El escenario: imponente, majestuoso. Usado de excelente manera para la Vendimia departamental, terminó siendo una de las mayores atracciones del evento. Aplausos y más aplausos para los que levantaron esa obra de arte.
El Cuyanazo: el espectáculo integral creado por Morcy Requena y Aníbal Cuadros fue delicioso. Juanita Vera, Mónica Abraham, Jorge Marziali, Daniel Talquenca, Algarroba.com y Sangre nueva fueron una bocanada de aire fresco en el evento. Prolijo, sobrio, educativo y muy aplaudido. Tal vez, habría que ajustar más los tiempos para que no parezca tan largo. Ojalá lo volvamos a vivir en algún otro momento.
Los Sosa: Jorge y Pocho se unieron y se llevaron la ovación del domingo. Con Jorge Sosa casi como un “agitador” desde el escenario y la fuerza de la voz del Pocho, se quedaron con todos los aplausos.
Orozco-Barrientos: fueron la previa de Gieco y la verdad es que lograron que el público los bendijera. Sólo siete canciones necesitó el dúo para mostrar que son una aplanadora del folclore cuyano. Sin desperdicios.
“El Bomba” Contreras: llegó desde Catamarca sin que nadie lo conociera y se fue como uno de los grandes ganadores del festival. Humor simple, directo y concreto. Además, soporto como un caballero la falta de respeto de los técnicos que estaban armando un set musical a sus espaldas.
La Peña: sin dudas, el gran acierto en esta edición tunuyanina. Abrió el miércoles y se transformó por cuatro noches (no funcionó el viernes) en lo mejor. Tremenda convocatoria, mucha buena onda, muy buenos artistas y algo imperdible: el “folcloroke”, un karaoke folclórico conducido por Los Cumpas, que tuvo una excelente repercusión. Hubo noches en que se tuvo que cerrar la lista de inscriptos. Hasta el Loco Juan subió a cantar… Sin dudas, el paso obligado dentro del predio. Para cuidar, mejorar y proyectar.
Carpa de la Cultura: muy buena puesta y presentación. Incluyó mucha historia departamental y hasta un auditorio para que marionetistas pudieran llevar adelante sus obras, seguidas por muchos chicos.
El público: gentil, cálido, respetuoso y, por momentos, heroico, como en la noche del sábado cuando nadie se fue y esperaron la presentación de Luciano Pereyra, a partir de las cinco de la mañana…
Lo malo
La impuntualidad sobre el escenario: un problema que parece no tener solución es la falta de respeto a los tiempos. No es posible que haya artistas -como Luciano Pereyra- que subieran a cantar a las cinco de la mañana. Todo un despropósito tanto para el público como para los músicos. El viernes y el domingo también hubo desfasajes horarios pero no llegaron a ser tan bruscos como el del sábado. Sin dudas, un tema a resolver.
La conferencia de León Gieco: todo bien con el artista pero todo mal con la organización de la misma en la Carpa de Prensa. Diez periodistas y como cincuenta curiosos, que sólo fueron a sacarse la foto con el artista. Fue descontrolada, mal organizada y tediosa. Entregar una acreditación de prensa a alguien para quedar bien es la peor de las ideas, es desconocer el trabajo del periodismo. Eso pasó en la primera noche en Tunuyán y hubo enojo masivo. El sábado y el domingo no pasó a mayores la cosa porque tuvieron que solucionarla de manera compulsiva. Los periodistas que estaban trabajando en la Tonada se podían contar con los dedos de las manos y por eso no se entendió esa “multitud” ante León.
Cultura, ausente: llamó mucho la atención pero ya casi no sorprende. Siempre hay esperanzas que cambie, pero no pasa nada. Ni un funcionario de Cultura de la Provincia apareció por la Tonada, como si no les importara defender ese bastión cultural. A fuerza de ser sinceros, sólo alguien que pertenece al staff de Cultura estuvo en la Tonada pero... como asistente de escenario del Cuyanazo. Otro faltazo que no se entiende, como en Rivadavia.
El público: más de una vez se han escuchado las voces quejosas acerca de la falta de espacio para nuestros artistas y para nuestra música. Este año, la grilla de la Tonada contó sólo con tres artistas de nivel nacional. Y eso le molestó a muchos, especialmente en Tunuyán. ¿Adónde quedaron –entonces- aquellos que se golpean el pecho defendiendo a la tonada, a los tonaderos, a los poetas cuyanos? Esta edición tuvo mucho pero mucho artista local y no todos fueron escuchados con atención o beneficiados por el aplauso. Incluso, algunos tuvieron que soportar silbidos porque estaban justo antes de la “estrella” de la noche. Mucha hipocresía, como en todas partes.