4 de Febrero de 2010 |17:43
Saquemos del medio a los gordos molestos

Por Ulises Naranjo para MDZ on line

Finalmente, Hermanos en Armas, estamos logrando el mundo que queríamos, aquel por el que tanto luchamos; el sitio que nos merecemos. Ya conseguimos sacar fuera de los límites de la Ciudad a los viejos, a los locos, a los discapacitados y a los pobres. Difícilmente veas a alguno de ellos en un centro comercial, un restaurante, un cine, un hipermercado, un barrio privado o cualquiera de nuestras exclusivas avenidas. Con tiempo e infinito esfuerzo, de a poco, vamos consiguiendo el espacio que nos merecemos y aquellos descastados que lo burlen recibirán su castigo.


Ahora bien, Pueblo de Dios, coincidimos en que un gran problema para nosotros lo representan los gordos y no será simple la solución. Es que los gordos –a diferencia de los negros, los marrones, los carenciados, los dementes, los tullidos y los jóvenes– difícilmente pueden ser encuadrados dentro de una conducta criminal.

No obstante, Camaradas Elegidos, estamos avanzando. Iniciaremos la redada, el arreo de las vacas, con una sanción económica y social: medida tras medida, haremos que no quepan en el sistema, que lo sientan como ajeno, que se descubran impropios, que se encierren en sus hogares y ya no salgan.

Les mostraremos que el mundo, tal como lo concebimos, no está hecho para ellos. Les cobraremos doble en los vuelos aéreos y no pondremos asientos para gordos en ningún lado –cines, ómnibus, salas de espera, estadios– y no saldrán en ningún comercial de firmas prestigiosas y difundiremos los beneficios de la breve comida gourmet.

Así iremos logrando nuestro objetivo: asociaremos el éxito con la delgadez y no habrá tienda en el mundo que venda ropa para estos groseros desgraciados, emperadores de la gula, paladines del exceso, glotones sin remedio.

Por ahora, no podremos meternos en cárceles, pero haremos que sus propios hogares se transformen en una cárcel de la cual ya no puedan salir.


Los gordos son feos. Los feos son desagradables. Los desagradables son mal nacidos. Los mal nacidos desconocen la pureza. Quienes carezcan de pureza no entrarán por la puerta del Reino de los Cielos, sino que quedarán atorados en ella.


La dieta de la lechuga


Difícil ser gordo en estos días. Y lo decimos así "gordo", no por afán discrimintativo, sino por relación directa de la palabra con su significado social. Recientemente, se conoció la noticia de que una azafata tomó la foto que aquí mostramos y que, gracias a la imagen, una aerolínea ha decidido cobrarles el doble en sus vuelos. Nosotros, en esta ocasión, vamos a ocuparnos, en particular, de lo difícil que resulta ser obeso y conseguir ropa para salir a la calle. De hecho, hay lugares específicos donde sólo venden ropa para ellos, algo que debiera ser natural y regular, se vuelve así una especialidad que denota discriminación.

Mendoza, en este sentido, marcha a un ritmo acompasado con la vergüenza nacional. Los comercios exhiben una clara restricción en la oferta de talles. Y lo que es peor: clasifican los talles con una escala que no coincide con las medidas antropomórficas reales: el S –“small”, pequeño en inglés– es pequeñísimo, el M no es “medio” y el L no es “grande”.

Esta situación, y la introducción parabólica de esta nota, denotan exactamente lo mismo.

 

Digan si no es cierto: las prendas son más pequeñas y más caras. El modelo social indica que si sos una chica, tenés que lucir como una Barbie y si sos varoncito, ser como su novio, Kent. Y comer una lechuga por día para lograr entrar en los talles y lucir como una chica de comercial de yogurt light.

Muchos jóvenes terminan así con su autoestima por el piso y muchos con problemas de bulimia y anorexia. Y algunos terminan muertos.



Un paso adelante y diez para atrás


En Provincia y en la Ciudad de Buenos Aires hay en vigencia leyes de talle, que obligan a los negocios a vender ropa también para gorditos. La dificultad de hacer cumplir estas letras es evidente, pero por lo menos las tienen. Aquí, en Mendoza, hace unos años, hubo una interesante avanzada para que se sancionase una Ley de Talles. Vamos a ella.

El proyecto, fue promovido por la entonces senadora Graciela Herranz y consiguió, a duras penas, la aprobación en el Senado, pero luego, y hasta hoy, comenzó una larga siesta en Diputados y allí está, durmiendo la mona en algún escritorio de la Casa de las Leyes.

Herranz, abogada con postgrado en Terapia Familiar y especializada en Violencia Familiar, dice al respecto: “Hay mucha gente que no quiere que se apruebe esta ley. Le echan la culpa a la moldería europea, a los moldes que vienen de fábrica, con talles que siempre son muy pequeños. Recuerdo muy bien cómo se opusieron a la aprobación los demócratas Juan Carlos Aguinaga y Diego Arenas y la gente de la Cámara de Indumentaria”.

Y sigue, la radical, ahora distanciada de las lides políticas: “Aguinaga decía que afectábamos la libertad de comercio, pero la verdad es que los gorditos no pueden vestirse bien, aunque tengan plata para hacerlo. A los molderos no les interesa que una gorda aparezco luciendo sus prestigiosas marcas. Otro problema que se argumentó es que los municipios no iban a poder poner un inspector para controlar el cumplimiento. Eran excusas para paralizar la ley”.

Un pequeño avance al respecto lo representa el hecho de que existe en la provincia una ley, la 7.634, que, en su artículo tercero ordena que los negocios tengan talles grandes en ropa “de mujer”. Este es el pequeño avance, seguido de un enorme retroceso, pues lo cierto es que el Ministerio de Salud no se ocupa de hacer cumplir lo que manda la letra, de la que resta su reglamentación, tarea pendiente del Ejecutivo. O sea: un pasito para adelante y diez para atrás.


No somos perfectos


Sin palabras:



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