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El 80% de la población de Mendoza no tiene una clara percepción del riesgo sísmico según un reciente estudio realizado por un equipo interdisplinario del CRICYT y la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo.
Esto se explica porque el ser humano tiende a negar aquello que puede afectarlo, una suerte de autoprotección inconsciente que subraya “esto no me va a pasar a mí”.
Sin embargo, las tareas de prevención y educación para la toma de conciencia total del riesgo de la zona en que vivimos parece ser una ardua tarea que no se realiza satisfactoriamente.
Ante un desastre como un terremoto, y no catástrofe natural, término internacionalmente avalado por todos los organismos que trabajan en estos temas, los mendocinos ignoramos que se trata de un escenario complejo en el que intervienen decenas de factores y que de las acciones que tomemos dependerá no sólo nuestra vida sino la de nuestros familiares.
El “Triángulo de la vida”
Respecto de las recomendaciones que pregona la teoría del “Triángulo de la vida” sobre cómo sobrevivir a un terremoto, la periodista Gloria Bratschi, Especialista en prevención, planificación y manejo integrado de áreas propensas a desastres, explica que éste “es sólo un aspecto que tiene que ver con todo lo que son acciones de prevención ante el riesgo sísmico. Es un instrumento al que se puede acudir si se está en una situación determinada de desastre”.
Esta teoría argumenta que cuando un edificio colapsa, el peso del techo cae sobre los objetos o muebles aplastándolos, pero queda un espacio vacío al lado de ellos. Este espacio es el llamado “Triángulo de la vida". Cuanto más grande es el objeto, cuanto más pesado y fuerte, menos se va a compactar. Cuanto menos el objeto se compacte por el peso, mayor es el espacio vacío al lado del mismo y mayor la posibilidad de que la persona que está usando ese espacio vacío no sea lastimada por el derrumbe.
“Lo más importante es que lo incorporemos como una herramienta, pero lo más importante de todo es tener una planificación que tenga que ver con la percepción de vulnerabilidad tanto física como funcional, social, económica, conductual, comunicacional frente al riesgo sísmico”, destaca Bratschi, docente de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNCuyo.
La autora de Comunicando el desastre, argumenta que “si preparamos a la comunidad como corresponde se debería contar con un plan de reducción de desastres. Este plan debe ser provincial, municipal, luego familiar y dentro de todas las acciones de mitigación, de prevención y de preparación podríamos incluir las herramientas del Triángulo de la vida para salvarnos ante un desastre. Pero no es lo único que podemos hacer, tenemos muchísimas herramientas más”.
Ante la pregunta de si las recomendaciones del "Triángulo de la vida" son o no fiables, Bratschi puntualiza que “a pesar de su gra circulación en Internet, los expertos tienen reparos porque no está certificado científicamente su origen. Yo he consultado a expertos de Naciones Unidas y no conocen a la persona que lanza la propuesta, pero eso no quiere decir que no sirva”.
“Las medidas que propone el Triángulo de la vida no están mal. Lo creo personalmente, así como personas que las han avalado desde el punto de vista físico empírico. Pero lo que recomendamos es tomar acciones preventivas que tienen que ver con la preparación de la comunidad en su conjunto para un cambio de conducta y actitud ante un evento sísmico”, arguye Bratschi, consultora internacional en estos temas.
Sumar criterios
“En Mendoza se necesita un trabajo intensivo, sostenido y sustentable para generar una cultura de la prevención que puede incorporar los consejos del Triángulo de la vida si nos ponemos a estudiar si es útil o no y a quién se lo vamos a enseñar y cómo”, señala la experta.
Para Bratschi hay que unificar criterios. “Creo que hay que adaptar todas las recomendaciones a la época que estamos viviendo porque además las recomendaciones que nos enseñaron cuando éramos pequeños ya no son cien por ciento fiables. La ciudad ha crecido, los edificios han aumentado, las urbes están llenas de peligros que nosotros mismos hemos construido. Tenemos que adaptarnos a la época”.
“A mi generación se le enseñaba que ante un sismo había que correr. Eso ya no se debe hacer porque el tipo de construcción sismorresistente, como indica la palabra, debe resistir el sismo hasta que se pueda salir a un lugar seguro. Y esa misma construcción se puede caer o no después, dependiendo del subsuelo sobre el que haya sido levantada. Hay muchos factores que intervienen y que deben ser tenidos en cuenta”, ejemplifica la capacitadora en desastres.
La prevención salva vidas
“Hay que prepararnos antes de que ocurra algo que no sabemos cuándo va a ocurrir. Prepararnos desde la educación formal, no formal y desde todo lo que tenga que ver con acciones planificadas porque estamos hablando de seres humanos que en el momento del desastre pueden cambiar su conducta porque están en otro lugar que no es el que ellos habitualmente tendrían como marco de referencia para adoptar la conducta aprendida ante un terremoto”, dice la experta invitada a foros nacionales e internacionales.
Un terremoto nos puede alcanzar en cualquier lugar, en una plaza, en un colectivo, en un hotel, en un bote en el Carrizal, en un hospital; nos puede encontrar en cualquier lugar y a cualquier hora.
“Las situaciones son múltiples –acota Bratschi-. Y para cada situación la gente debe saber qué hacer ante un sismo u otro desastre en el caso de una persona queda atrapada entre los escombros. Pero no siempre va a ser así, si no queda atrapada, si está bien, la persona debe saber qué hacer”, insiste.
Otra variable a tener en cuenta es que la conducta de una persona, en el momento del terremoto, puede no ser la que se esperaba. “Si estoy en una cama de un hospital, lo que sabía que tenía que hacer cuando estaba sana, no puede hacerlo estando enferma. También, la gente reacciona diferente de acuerdo a la edad. A los 30 se reacciona de una forma y los 70 de otra porque cuando se tiene mayor edad se van perdiendo reflejos. Por ello, hay que hacer foco en los grupos más vulnerables, es decir, en los niños, en las personas de la tercera edad y en los discapacitados”, subraya la experta.
La obligación de dar respuestas
Bratschi insiste en la idea de la complejidad del escenario de un sismo. “Esto todavía no ha sido analizado en Mendoza en una mesa de trabajo en la que intervengan todos los sectores responsables y se ayude a quienes tienen en sus manos la responsabilidad de dar una respuesta a la comunidad ante una respuesta en este caso sísmica”.
“El desastre va a ocurrir igual pero las consecuencias van a ser menores. Si se trabajo todo el tiempo en prevención, se insiste y se repite cuáles son los recaudos y cómo tomarlos vamos a tener una comunidad más preparada ante un sismo importante”, explica la autora de Nuestra ciudad en prevención.
“Deberíamos analizar y sumar las acciones de prevención de Defensa Civil con las del Triángulo de la vida y ver en qué se contradicen, en que se corresponden, revisar todo y dar de nuevo”, señala la experta.
Y se pregunta que “si hacemos foco en los grupos más vulnerables, niños, tercera edad y discapacitados, ¿cómo le enseñamos a una persona con discapacidad que tenga en cuenta el triángulo de la vida, por ejemplo, o que debe colocarse debajo de una mesa fuerte?”
“Entonces hay que seguir analizando todos estos factores en una urbe compleja, complicada, sobre la cual no se ha hecho una planificación y que ha crecido desmesuradamente y desordenadamente como Mendoza. Esto es de competencia multisectorial”, señala Bratschi.
Resiliencia y terremotos
La especialista relata que el Marco de Acción de Hyogo del año 2005 es un documento de las Naciones Unidas avalado por 168 países cuyas directivas están siendo aplicadas por muchos países de la comunidad andina y de Centroamérica. Es el máximo documento en el cual están resumidos todos los criterios para adoptar y para adaptar a la realidad de cada país ante un desastre centrado en el aumento de la resiliencia de las comunidades ante los desastres.
“Los responsables de esto somos todos. Los ciudadanos en cuanto a la autoprotección, los entes gubernamentales en la protección de la vida en general, la educación tiene un papel sustancial y los medios de comunicación tienen un rol extraordinario porque pueden multiplicar los mensajes de prevención”, destaca Bratschi.
Para la periodista, “en lugar de mostrarnos una situación de dolor y catástrofe, como sucede ahora con el caso de Haití, los medios pueden mostrar cómo está la gente soportando las consecuencias del desastre, cómo las personas son resilientes o no. Si mostramos a la gente organizándose y no saqueando -tampoco es saqueo porque la gente está buscando su supervivencia y eso es lo correcto que se debería decir, porque no es un saqueador quien está buscando comida y agua-, tratando de entender lo que ha pasado, el público recibe otro mensaje”.
Los riesgos de nuestra provincia
“En Mendoza no sólo estamos ante el riesgo sísmico, sino ante el Zonda que es riesgo muy severo, el aluvión, la tormenta de granizo, entre otros. Cuando la comunidad ha sido educada y capacitada y ha realizado un cambio integral tomando conciencia de todos los riesgos, las personas están preparadas proactivamente para salvar sus vidas y la de los demás”, asevera la consultora.
Bratschi destaca el rol de los especialistas en esta tarea. “Los académicos e investigadores que nos informan desde la ciencia; los capacitadores en desastres, los expertos en planificación y otros en prevención. Capacitar a quienes van a capacitar, para a su vez capacitar a otros, como en un efecto dominó, es la clave para tener una sociedad mucho más preparada. Y la muerte y la destrucción serían menores. Esto debería ser una política de Estado”, sentencia.
“Mis sugerencias no van sólo destinadas a Defensa Civil sino hacia todos los sectores y se centran en generar un plan integral de gestión de riesgo y aplicarlo como una política de Estado”, agrega la experta.
Mendoza y Haití
“Suscribimos el Marco de Acción de Hyogo y no lo aplicamos. Estamos preocupados por lo sucedido en Haití, lo cual es correcto, pero es momento de ver nuestra realidad y pensar que si ese terremoto devastó Puerto Príncipe, acá tenemos pobreza, sectores muy vulnerables, casas que van a caer y gente que va a morir si sucede algo parecido”, apunta Bratschi.
La investigadora que trabaja en estos temas desde el aluvión del año 1970, destaca que “hay muchas personas como yo, investigadores en la UNCuyo y en el CRICYT que tienen trabajos extraordinarios sobre estos temas que los gobiernos deberían conocer. Los políticos deben saber que es prioritario salvar las vidas de las personas y las personas debe saber cómo salvarse a sí mismas para salvar a otros en caso de un desastre. Hay que trabajar integralmente, sin mezquindades, pero para eso debe haber un plan integral que hoy no existe”.
Y urge a las autoridades: “Hay que hacer este plan integral ya. Hay planes de contingencia pero en sectores aislados. Este plan debe abarcar a todos los sectores unidos. Pongamos por ejemplo, un escenario posible en Mendoza: hay un sismo, luego llueve, luego corre viento Zonda, luego tenemos una epidemia de dengue –que ya tenemos-. Todas estas multiamenazas se deberían analizar ahora, antes de que ocurra. Para eso es necesario tener un plan integral de prevención y acción conjuntas que se aplique”.
Ley de gestión de riesgo
La senadora Nelly López Cerdán, del Partido Demócrata, ha presentado un proyecto de ley sobre gestión de riesgo que ya tiene media sanción. “Tengamos esa ley. Y que en la gestión de riesgo trabajen todos los profesionales, médicos, abogados, ingenieros, contadores, psicólogos, etcétera”, enfatiza Bratschi.
“Pensemos que con un terremoto todo se afecta, la gente pierde documentos, pierde su historia de vida, pierde su identidad, además de las pérdidas humanas y materiales. Entonces todos debemos saber qué hacer inmediatamente. Y también debemos saber qué hacer cuando nada pasa que es cuando más se debe trabajar. Ahora es el momento o después va a ser tarde”, finaliza la investigadora mendocina.
Patricia Rodón
