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También, en las indagaciones, nos encontramos con otro tipo de visión que habla de una guerra de laboratorios químicos. La Bayer, por ejemplo, fabrica un producto estabilizador llamado Velcorin, una fórmula de 99,8 % de dimetildicarbonato, que se descompone en materias orgánicas. Una de ellas es el metanol, es decir, el alcohol metílico. Si bien es tolerado por la OIV para las prácticas enológicas, Susana Balbo acentúa que el metanol es “veneno”. El INV indica hasta 0,09 ml por litro de bebida, y que debe ser aplicado con mucho cuidado, con un dosificador especial (foto) en el momento del fraccionamiento. También dicen que es un producto muy reactivo. El Velcorin tiene efectos parecidos al funguicida de la polémica. Pero funciona como aditivo y está permitido, y la natamicina, no. ¿Habrá algo de esto en la pelea? Es difícil saberlo, pero la versión alimenta las teorías más conspirativas.
Para Wines of Argentina, está claro que todo esto no es más que una serie de trabas “para arancelarias” tendientes a frenar las exportaciones argentinas. Los alemanes lo desmienten. Y les hicieron saber a funcionarios argentinos que han hecho “lo mínimo que exige la ley” en estos casos. Es decir, dieron a conocer el problema con muy bajo perfil, informaron que el antibiótico no era tóxico, y -según cuentan las fuentes- no dispararon el alerta en el resto de la Unión Europea –precisamente- porque la natamicina no es peligrosa. Sí les avisaron a los países donde iban partidas “reexportadas”, es decir, que llegaron a Hamburgo para ser derivadas, en este caso, a Francia y a Rusia. “Mal pueden ser medidas protectivas de una industria. Es una medida de Defensa del Consumidor, en el marco de la Organización Mundial de Comercio, cuya misión es justamente evitar las trabas y favorecer el intercambio entre los países. En el único caso en que la OMC permite frenar el comercio…” explicó a este periodista una de las personas que sigue desde muy cerca el conflicto.
El problema sanitario
La Organización Mundial de la Salud considera a la natamicina como un producto medicinal, específico, para combatir infecciones que se producen con determinadas levaduras, especialmente las denominadas “cándidas”. Por eso, todos los intentos por incluirla en el Códex para la industria enológica han fracasado. “El razonamiento es que si se trata de un antibiótico, o un antimicótico específico y uno de los pocos útiles contra una enfermedad, más allá de que no es tóxico, no permiten su utilización en alimentos salvo casos específicos, porque el día en que el cuerpo lo necesite para combatir una candidiasis, por ejemplo, necesita que sea efectivo” razonó uno de los técnicos que desde el INV está estudiando el problema. “En realidad, hay que hacer más estudios de seguridad alimentaria, y producto por producto. La natamicina puede no comportarse igual en un medio acuoso, que en uno graso, o en uno alcohólico”.
La visión desde este lado
-Lo primero que hay que aclarar es que no se trata de un suplemento para los vinos, sino de un elemento que en la Argentina está permitido para la fase de limpieza de las bodegas… Se utiliza para prevenir la aparición de levaduras como la Brettanomyce, que le dan al vino un olor desagradable… como a cuero. La Borgoña, en su momento, perdió muchas ventas por esto…- dice Susana Balbo en Suiza, desde donde se trasladaba este fin de semana a Alemania –previa parada en Francia- para reunirse con los laboratorios que analizaron el contenido de natamicina en los vinos argentinos.
-Es un producto que está autorizado para la limpieza. Además, la Brettanomyce es normal, viene en la uva, y este producto permite que el vino no se contamine…- aclara. Más tarde, técnicos del INV explicaron a este diario que si se usa natamicina para limpiar, luego debe hacerse un enjuague exhaustivo o incluso utilizar vapor para eliminar cualquier residuo.
De todos modos, la enóloga informó que la metodología que se usaba hasta inicios de noviembre en Argentina y en el mundo para detectar natamicina tiene una sensibilidad de una parte en un millón, y que ahora Alemania ha cambiado su equipo HPLC en uno de los laboratorios que hace la determinación, y que la sensibilidad que detecta ahora es de una parte en un billón. “Es un sistema de medición muy moderno pero cuestionable, porque arroja resultados inconsistentes, está aun en su etapa de calibración” explicó Susana Balbo. También dijo que ni siquiera el laboratorio más avanzado del mundo, en la Champaña francesa, tiene un HPLC “masa-masa” (así se denomina). A los ojos de las bodegas de Wines of Argentina, hacer esta determinación es exagerado, cuando no implica directamente una “trampa”, tal la palabra textual usada por la enóloga consultada.
“Sabemos además que con esta medición de sensibilidad extrema, hubo siete vinos argentinos que dieron positivo en cantidades extremadamente pequeñas, irrelevantes, junto a algunos vinos de Sudáfrica y uno o dos de Chile. Lamentablemente no tenemos la precisión, porque no nos dan todos los datos” explicó, para contar a continuación que las autoridades alemanas no responden las comunicaciones argentinas.
En cuanto a los riesgos para la salud, Susana Balbo –que ya había sacado la cuenta de los 3.300 litros de vino diarios por persona para superar las cantidades permitidas- dijo que la natamicina es inocua, que no se acumula en hígado ni en riñones, y que el cuerpo la elimina totalmente. “Sin embargo el anhídrido sulfuroso, que es admitido en vinos en todo el mundo, sí queda en el hígado. Por eso a algunas personas les duele la cabeza cuando toman demasiado” explicó. Estas conclusiones forman parte de la investigación médica y científica que Balbo lleva a Alemania para demostrar que el vino argentino, aun con trazas de natamicina, es perfecto.
-Bueno, pero lo concreto es que las bodegas argentinas deberán adaptarse a lo que les exige el mercado… De hecho Inglaterra dio un plazo para “natamicina cero”- le dijimos a la representante de la industria.
-Sí, pero ellos mismos reconocieron la inconsistencia de los análisis. Han enviado nuestros vinos a tres laboratorios distintos, y han tenido resultados diversos en cuanto a la determinación de la natamicina. Ante esto, han decidido dar un período de gracia de 160 días para volver a medir, por si la contaminación ha sido accidental- contestó.
Los insumos
Otro de los problemas detectados por las bodegas ha sido la provisión de insumos de sus propios proveedores, cuyo control escapa a la industria. “Hemos contratado a un laboratorio muy importante, muy prestigioso en Francia, el de Pascal Chatonnet, quien ya ha detectado rastros de natamicina en productos de uso corriente en las bodegas, como cáscaras de levadura, enzimas líquidas, gelatinas líquidas… Hemos mandado a las bodegas una circular pidiendo que nos manden más muestras para analizar” explica Balbo. Al respecto, ya se sabe que los proveedores de las bodegas deberán certificar sus procesos ante el INV para verificar la ausencia de natamicina. Y un dato más. Las bodegas deben determinar en qué momento se produjo la contaminación, ya que están obligadas a la trazabilidad, especialmente las que tienen certificaciones de normas ISO. Esto es recorrer la ruta completa de lo que se hizo con un producto, desde el principio, hasta el final. “Es decir… quién usó qué cosa, en qué momento, y para qué, y quién limpió cuál vasija, cómo, y con qué…” explicó un técnico del INV a este diario.
Para Susana Balbo, está claro que las bodegas deberán cambiar la metodología de limpieza para evitar cualquier contaminación accidental. Aun así, insistió en el riesgo latente en los insumos. “Nosotros compramos insumos de los que no sabemos si tienen contaminación de natamicina… La clarificación de los vinos, por ejemplo, se hace durante todo el año. Y uno compra gelatinas líquidas para estabilizar los vinos e involuntariamente le incorpora natamicina” dijo la experta. “Lo que nos preocupa es esta intransigencia del Estado alemán, una conducta que no la ha tenido Inglaterra. Nosotros estamos tratando de agregar cordura a todo esto. Las empresas no han incorporado este elemento prohibido de manera voluntaria a los vinos…” insistió con énfasis.
La negociación política y los intereses
Hoy por hoy, el problema de la natamicina se está atacando en varios frentes. Uno, el interno. El INV ha decidido determinar la presencia de natamicina, (algo que no se hacía precisamente porque se trata de una sustancia no permitida), por lo que no saldrá del país ni una botella contaminada, de acuerdo al estándar que ahora impuso Alemania, el que a la larga se normatizará en la UE. En lo político, el gobierno de la provincia no hizo absolutamente nada, y la Cancillería -donde las bodegas por lo menos preguntaron qué se podía hacer- aconsejó no tomar intervención oficial a nivel de países, por una razón bien simple. Si se le da semejante categoría al tema, es posible que los que están exportando a Alemania y la UE sin problemas, y sin natamicina, claro; se vean impedidos de hacerlo.
Por eso, la lucha “en el terreno” quedó en manos de Susana Balbo, quien desde Suiza iría a Burdeos primero para reunirse con Pascal Chatonnet “para delinear una presentación en Alemania, soportada por toda la investigación que estamos haciendo nosotros, más las comprobaciones que está haciendo él…” con la idea de flexibilizar la barrera alemana.
“Vamos a hacer una defensa muy seria y muy profesional, y que nos cuesta muchísimo dinero; para demostrar que éste no es un problema sólo de la industria vitícola, sino también de los proveedores. Las empresas no pueden ponerse a analizar punto por punto cada producto que ingresa a la bodega. Cada análisis debe costar entre 150 y 200 euros. Imaginen que si yo -como bodega- tengo que hacer el análisis o hacer que el proveedor lo haga cada vez que compro una goma arábiga o una gelatina… Estamos generando una industria para un laboratorio, en vez de pensar con seriedad, porque insisto en que este producto no es tóxico para la salud ni produce ninguna enfermedad. De hecho, estamos pensando en solicitar la autorización para su uso. No es ni siquiera peligroso como el DMDC, un producto a base de alcohol metílico que Alemania impulsa y que en la Argentina mató a 28 personas”. Aquí, Balbo se refiere –como dijimos antes- al Velcorin, el producto fabricado por la Bayer, pero que no es alternativo al NAT-3000. Son para aplicaciones diferentes. No obstante, Balbo sugiere que puede haber una guerra comercial entre laboratorios. “No podemos dejar de considerar que pueda haber intereses de empresas involucradas en esto, y que nosotros seamos en realidad el jamón del sándwich. Creo que somos insignificantes al lado de los intereses que se están jugando, del tamaño de las empresas alemanas, de lo que es Alemania en el mundo”. Y remató: “No tenemos la certeza de estar en medio de una guerra de laboratorios, pero tenemos la fuerte sospecha”.
Susana Balbo está convencida de la inconsistencia de los análisis alemanes “que hemos chequeado contra otros laboratorios”. Y la estrategia, en un tema que para las bodegas “quema”, será poner en tela de juicio los análisis y pulsear por el vino ya producido y que está en las góndolas, hasta tanto el HPLC del Instituto Nacional de Vitivinicultura quede calibrado como en Alemania, y pueda arrojar determinaciones comparables. “Hoy estamos en condiciones de mostrar en Alemania, que ha tenido una actitud muy extrema, toda la documentación y la investigación que les permita flexibilizar las posiciones. Tenemos la preocupación de que tomen medidas drásticas sin el respaldo científico y objetivo necesario. Por eso estamos aportando nuestra investigación” dijo la enóloga, quien representa a 193 bodegas de las cuales ocho tuvieron muestras positivas de natamicina.
Alemania ya ha frenado, años atrás, vinos con detección de un tipo de ácido málico. Después lo admitieron, pero –mientras tanto- le produjeron daño a las bodegas argentinas, y un “ruido” considerable, dicen los memoriosos. Y sin recorrer tanto hacia atrás, en setiembre del año pasado, Alemania sacó a relucir una resolución de 1994 que decía que no se podía usar la denominación “reserva” sino en regiones –casi todas europeas y en Chile, que tiene un acuerdo- en donde la palabra de referencia fuese un indicativo de calidad. Hubo bodegas que debieron reetiquetar todos sus vinos por esto. Y ahora, aparece el problema de la natamicina. En honor a la verdad, aunque en el caso del funguicida las autoridades alemanes tienen razón, es claro por qué la saga preocupa a las bodegas. Visto desde los intereses de los empresarios mendocinos, y así lo afirman cuando se les consulta, lo sienten como una estrategia de protección del mercado alemán, y de algunos de los países que exportan a Alemania y compiten con el vino mendocino, aunque sólo represente menos del 0,5 % del vino extranjero que consumen los alemanes.
Lo concreto, es que aunque los argentinos tuviesen 100 % de razón, y los alemanes 0 %, las bodegas tendrán que adaptarse a las condiciones sanitarias exigidas. Hoy, la “papa que se quema en la sartén”, como dijo alguien de la industria, son las miles de botellas que están en el mercado alemán y que pueden dar positivo de natamicina por contaminación accidental. “Ese es el tema que hay que resolver, de manera urgente y al menor costo público y económico posible” dicen en las bodegas.
El CIATI, la voz independiente
Hasta tanto el INV ponga en régimen su cromatógrafo líquido de alta eficiencia para la detección –entre otros- de natamicina, las bodegas están llevando sus muestras al CIATI, en Villa Regina. Allí, unas 200 muestras esperan completar los análisis. Un directivo del centro científico rionegrino, en off the record y pidiendo reserva de su identidad, accedió a contar su visión del problema. –La verdad es que los alemanes tienen razón y las bodegas están histéricas con esto. No damos abasto. Quieren saber ya si el vino que tienen en Alemania o para exportar está o no contaminado… De las muestras que hicimos, hay una cantidad que dio libre de natamicina, otra en la que las trazas halladas pueden corresponder a contaminación accidental, y otras en que había grandes cantidades…
-¿Esto quiere decir que la natamicina se usó como aditivo?-
-Eso quiere decir que fue agregada a conciencia… no de manera accidental…-
Las palabras del directivo, de perfil técnico, arrojan algo más de luz a esta “guerra del vino”. Un número no determinado de bodegas que producen vinos de alta gama, han estado usando natamicina como aditivo en vinos tintos a pesar de que está prohibido. Ahora, el INV ha iniciado una investigación, para determinar por qué se halló natamicina en los vinos. Es un capítulo complejo, que puede llegar incluso a la sanción y denuncias previstas en la Ley del Vino. La otra consecuencia, es que se harán los análisis de determinación de natamicina en todo el vino de exportación, con el equipo comprado.
Sin embargo, y para terminar, lo cierto es que más allá de que la natamicina no es tóxica, o de si los análisis alemanes son muy sensibles, o si su posición política es irreductible; ellos tienen derecho a exigir que los vinos que ingresen a su país estén libres del antibiótico, tal como mandan las normas internacionales del Codex Alimentarius. Sólo China y Sudáfrica permiten el uso de natamicina en sus vinos, y exclusivamente para el mercado interno. Así es que por lo pronto, hay que trabajar en la premisa “natamicina no detectable”. Esa debe ser la máxima preocupación de las bodegas, respetando las prácticas enológicas vigentes. Lo demás, cualquier cosa diferente, es una argentinada. Y, como se ve, en el mundo las argentinadas se pagan caro.
![]() Por Cecilia Zabala | |
Las bodegas deberán dejar de usar la natamicina y los controles y certificaciones serán más estrictos. Ven la medida alemana como un "llamado de atención". |
Por MDZ - Dinero | ||
Los vinos son varios y pertenecen a unas ocho bodegas. Hay mendocinos, y neuquinos. El INV ha iniciado una investigación. | ||