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Definitivamente, los fierros tienen que ser una nueva religión argentina. De otra forma no se explica que los mendocinos ya se vuelquen al Acceso Sur con un sol implacable de mediodía, sólo para agitar banderas o el simple brazo con tal de saludar a los competidores del Dakar.
Cuidados por la policía, la gente ha traído municiones como para combatir la temperatura: gaseosas bien frías, sandwiches, sombreros. O simplemente se estacionan bajo la benevolencia de los pinos que coronan los espacios verdes del Acceso Sur a pocos metros del empalme con la autopista que trae a los corredores desde San Martín.
Hay de todo. Incluido mujeres solas y novias bien fierreras, como para disipar cuestiones de género, mientras los camiones de los equipos comienzan a pasar, los bocinazos responden a los espectadores y las cámaras hacen click, como un simple souvenir de lo que está por llegar.