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La cuestión es, sintetizando, más o menos así: alumnos, sus padres y madres junto a directivos y docentes (aunque también, los celadores) de la escuela privada Icei apadrinaron a niños de la escuela Yapeyú.
La historia sería simple y concreta -y no sería noticia, por cierto- de no mediar una serie de detalles que la hacen realmente trascendente.
Por ejemplo, que la escuela Yapeyú queda a cientos de kilómetros de la Icei, que es de gestión estatal, que queda en la frontera entre Argentina y Chile, en el paraje La Jaula, allí en donde se arrincona el río Diamante con la cordillera, en el límite de San Carlos con San Rafael.
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Los de aquí, entonces, iniciaron una cadena de favores: el colegio Icei puso a la venta (y vendió con éxito) chequeras a los padres de sus alumnos para financiar una serie de donaciones destinadas a la escuela de frontera.
"Así -nos cuenta Ana Laura, una de las chicas que viajaron a llevar los regalos- cada chico recibió un bolsón con un uniforme nuevo, zapatillas nuevas, juguetes y una muda de ropa extra".
Marina Borrero, una de las madres que acompañó a los chicos hasta aquel lejano lugar de Mendoza, evaluó la experiencia con palabras muy concretas, tales como: "enriquecedora", "gratificante" y "aleccionadora".
Pero son los chicos los que aportaron su gran impresión por la visita: "Nos quedamos a dormir, cantamos karaoke, desayunamos juntos", cuenta Agustina.
Y completan todos, queriendo contar y revivir una vez más -como, de hecho, calculan que lo harán en 2010, nuevamente- tremendo encuentro: "Nosotros nos vimos como ridículos cuando, caminando por la arena, nos preocupábamos porque ensuciábamos las zapatillas, las medias...", según Ana Laura.
Hernán contó que fue "impresionante" cómo los chicos de La Jaula les mostraron el lugar y les indicaron el nombre de cada planta, cada animal, cada bicho.
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No pintaron ningún mural ni dejaron impreso el nombre de la escuela donante, el Icei. "Nos parece que eso es invasivo. Es absurdo eso de llegar de repente y plantarles nuestro nombre", señala José Thomas, promotor de la misión cumplida y gerente del colegio.
Pero es el padre de uno de los chicos de la "cadena de favores" el que puso el acento en el compromiso y el respeto mutuo: Roberto Senra asegura que "lo importante y movilizador para cada uno de nosotros, fue que las chequeras que compramos tenían nombre y apellidod el destinatario; cada uno de los nombres y apellidos de los chicos de La Jaula".
Así, esta historia no tiene final feliz: la felicidad es el presente y, esperan, lo será el futuro también. Ya que el Icei -ya como padrinos de la escuela de frontera Yapeyú- esperan poder volver varias veces al lugar el año próximo. Y tienen un puñado de otras esperanzas: que sean los chicos de allá quienes vengan y tengan sus vacaciones. Y que más agente ayude a cumplir estos sueños.
Por eso, quienes deseen sumarse a la iniciativa, deben hacer clic aquí.