Pueblo chico,…Todos tienen algo que ver, todos están involucrados.
De una forma o de otra, los habitantes de Tunuyán son parte del hospital Scaravelli. Hospital de referencia del Valle de Uco, que tiene en su planta permanente de personal, más de 400 personas, un número similar de empleados que la Municipalidad de Tunuyán, y tiene tanta incidencia en el día a día de esa ciudad como la propia administración municipal.
Quien no trabaja allí, lo hizo o tiene algún familiar que lo hace; o es proveedor o simplemente, y no por ello menos importante sino todo lo contrario, paciente.
A pocas cuadras de todos lados, atrás de todo pero a la vez cerca, el hospital es un eje fundamental en el andamiaje del pueblo.
La importancia del Scaravelli no sólo se mide en el fundamental aspecto sanitario y asistencial que representa sino también tiene mucha incidencia en el aspecto económico y social.
Los que nunca estuvieron dentro, quieren estar. Pero, llamativamente, los que sí estuvieron, por nada del mundo quieren volver a hacerlo. Y, todos coinciden en lo doloroso que les significa que las cosas allí no funcionen bien.
Los mismos que aplaudieron, se alegraron y se mostraron orgullosos de “su hospital” cuando fue protagonista en el programa televisivo “Cuestión de peso”, por ser uno de los pioneros en el interior del país en realizar intervenciones quirúrgicas de By Pass gástrico, hoy ven al Scaravelli como un foco de corrupción, de oportunismo político y de mala administración.
…infierno grande
Con sólo recorrer unas horas la ciudad, a este periodista le bastó para dimensionar el virtual “incendio” que se está propagando en Tunuyán tras denunciarse ante la Fiscalía de Estado la utilización de implementos del laboratorio del hospital Scaravelli en beneficio de instituciones privadas.
Secretos a voces, verdades a medias, acusaciones cruzadas…todos saben algo de lo que pasa dentro del hospital. Vecinos, amigos de la infancia, ex compañeros de escuela o actuales compañeros de trabajo hoy están enfrentados en sus intereses y conceptos sobre cómo se están manejando las cosas adentro.
Las acusaciones son muchas y de variada índole, algunas extremadamente graves y otras son simples señalamientos de ventajismo ocasional. “Se quieren salvar con la plata del hospital”, es la frase más repetida.
“Es tiempo de hacer”, dice por su parte el director del hospital, Jorge De Pedro, en su columna de la primera edición del boletín “El hospital informa”, de junio de este año, donde detalla una serie de avances conseguidos en su gestión al frente del nosocomio. Y, como si hiciera falta, el propio editor de la mini revista aclara que la publicación “no tiene intereses creados ni responde a línea política alguna”, dejando claro cuál es el concepto que tiene el pueblo tunuyanino de la actual gestión administrativa.
Precisamente, esa respuesta a cierta línea política es uno de los aspectos más criticados por el común de los ciudadanos. “No importa si sos bueno o malo, si estás afiliado o sos amigo de ellos, seguro tenés algo para manotear”, dijo uno de los empleados de una estación de servicio al ser consultado por la realidad del hospital.
Las acusaciones y denuncias
Los vínculos con instituciones privadas de parte de los directivos del hospital, Jorge De Pedro y Gustavo Cramero, son uno de los aspectos más señalados como irregulares de la actual gestión.
Tanto al director, De Pedro, como al gerente asistencial, Cramero, se les endilga “beneficiar” a socios y amigos con prestaciones en el nosocomio.
A pacientes internados se los saca del hospital para realizarles radiografías y ecografías en institutos particulares a pesar de contar con los equipos, y de última generación, para hacerlo en el propio edificio hospitalario, llegando incluso a saturar de pacientes a uno de esos efectores privados.
Se mantiene un servicio de traffics para la realización de trámites de la institución y transporte por el que se han llegado a pagar cifras superiores a los 15 mil pesos mensuales. Dinero con el que, aseguran los denunciantes, bien podría haber servido para comprar un vehículo utilitario o reparar alguna de las tres ambulancias que permanecen abandonadas en el patio del hospital.
Cerca del 50% del personal hospitalario aún permanece bajo la modalidad de contratación como “prestador”, incluido personal de limpieza y mantenimiento. Aunque, también figuran en esa lista de prestadores médicos y especialistas que ya cobran un salario como “personal de planta permanente” del hospital, con importes que llegan a superar los 10 mil pesos.
Otro de los hechos más resonantes y más escandalosos de los que se acusa a los responsables del manejo administrativo es la venta de historias clínicas de pacientes como “papel”, incluida gran parte de las confeccionadas en el año 2007. Además del acceso irrestricto con que cuentan algunos abogados “amigos” a esos archivos, generalmente de pacientes accidentados ingresados por guardia, incluso antes de que el paciente deje la internación.
A De Pedro, en particular, se le objeta la contratación de un “médico auditor”. Ya que se trata de un joven profesional sin experiencia en el hospital y que estaría percibiendo una “prestación” superior a los 6 mil pesos.
Hasta el nombramiento del propio director se cuestiona. Porque según la Ley 6.015, que establece el Régimen de descentralización del hospital público de la provincia de Mendoza, De Pedro tendría que tener una antigüedad en el Scaravelli superior a los cinco años, que no cumple, para poder asumir la Dirección.
Por otro lado, hay dos personas más que están en boca de todo Tunuyán como quienes componen el “equipo operativo” del desmanejo, Eduardo Anzorena, encargado de mantenimiento, y Lidia Soria, responsable del área de Esterilización.
Anzorena, es un empleado “de planta” del hospital que estuvo de licencia psiquiátrica hasta unos días antes asumir el cargo que ostenta y que le ofreció “su amigo de la infancia” De Pedro y que además de su salario “oficial” cobra una prestación que ronda el 50% de su sueldo.
A este hombre se lo señala como el “tercer director”. Personaje que tiene acceso permanente a la oficina del director, que autoriza y decide la contratación de servicios de mantenimiento y reparaciones a su antojo y que ostenta el privilegio de acelerar pagos a esos proveedores en tiempo récord, cuando hay empresas a las que se les ha llegado a adeudar varios meses.
Precisamente, fue Anzorena quien contrató a un albañil para que con materiales que había comprado el hospital, y que en su momento no se tenía previsto utilizar, construyera una churrasquera, con horno incluido, junto a la zona de calderas para ser utilizada por un selecto grupo de empleados del hospital a la hora de reunirse y hacer celebraciones.
Lidia Soria, por su parte, además de ser quien se ocupa de la esterilización de materiales médicos y hospitalarios, es quien se encarga de la administración, contratación y control del personal de limpieza del Scaravelli.
Muchas son las denuncias que pesan sobre esta mujer porque, aseguran en los pasillos del hospital, regula las bajas y altas del personal según los “aportes” que realizan. Más precisamente, se la acusa de solicitar sobrefacturaciones de horas extras a los más de 15 empleados de limpieza que trabajan bajo la modalidad de “prestador” y sólo ven en sus bolsillos el importe correspondiente a las verdaderas horas trabajadas.