14 de Julio de 2009 |10:20
Violencia y crimen organizado: amenaza global, responsabilidad de todos
Marcelo Ruiz/ MDZ
 
 
por Carola Mittrany, ComunidadSegura.org

Tráfico de drogas, armas, personas. Las cifras del crimen organizado son muy difíciles de precisar, debido a su carácter poroso, que muchos pretenden desconocer o intuitivamente prefieren ignorar. Por otra parte, la violencia vinculada al crimen es notoria. En el caso de América Latina los niveles de violencia, criminalidad organizada e inseguridad urbana asociados al narcotráfico alcanzan niveles de letalidad superior a muchas zonas en conflicto.

México, en particular, ha sufrido una escalada de violencia. En noviembre de 2008 los muertos relacionados con el narcotráfico fueron 943. Esta es una cifra demasiado alta, más aún si se la compara con los muertos en Irak: 317 civiles iraquíes perdieron la vida en el mismo mes. Pero este no es el único caso: levantamientos alentados por los narcotraficantes en Río de Janeiro, corrupción policial en Buenos Aires, linchamientos en Guatemala, creciente criminalidad en Caracas, son sólo algunos ejemplos de un fenómeno que esta vinculado a la incapacidad del Estado, a la insatisfacción económica de las necesidades básicas, a la ruptura de redes sociales y familiares, y a la falta de respuestas políticas adecuadas (1).

Expertos señalan que la vulnerabilidad a  la delincuencia de muchos de los países de la región e debe a condiciones socioeconómicas. Para ellos, la desigualdad en los ingresos suele ir asociada a la delincuencia violenta, y América tiene algunos de los países con las mayores disparidades en riqueza del mundo (2).

No obstante, otros alegan que es falso el dilema que señala la pobreza o la falta de desarrollo como origen del problema. El investigador Raúl Benítez Manaut del Centro de Investigaciones sobre América del Norte sostiene que en el pasado había pobreza en niveles superiores y ello no implicó que la población optara por el crimen como medio de vida.

Para Manaut, este es un fenómeno reciente, gestado a finales de la guerra fría, pero sobre todo desde los años noventa. Es un producto de la globalización y la apertura de mercados, más que del subdesarrollo. El atraso de amplias zonas rurales, su falta de comunicación y la ausencia del Estado son factores que contribuyen, pero no explican la gestación del crimen organizado (3).

En este sentido, el incremento de la delincuencia común y del crimen organizado tiene vasos comunicantes, pero está más asociado a una transición incompleta hacia la democracia, la debilidad del Estado de derecho y la tardanza en la instrumentación de la reforma del Estado en el sector de seguridad.

Estas vulnerabilidades son agravadas por la industria de la droga, especialmente por la producción, el tráfico y el consumo de cocaína. De acuerdo a la Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés) se calcula que en América del Sur se producen al año 1.000 toneladas de cocaína, que en su mayoría se envía a 10 millones de consumidores en Estados Unidos y Europa. Los países vecinos a los productores son proclives a convertirse en países de tránsito, y otros aspectos de la industria también tienden a extenderse a medida que aumentan las presiones de la aplicación de la ley.

Las víctimas son los países y comunidades atrapados entre ambos fuegos. La delincuencia relacionada con las drogas y la violencia que esta alimenta en la región son una amenaza para la seguridad pública y un obstáculo para el desarrollo. Afecta negativamente a sectores de la economía, alejando a inversores públicos y extranjeros, además de desestimular el turismo.

Está claro que una aplicación endeble de la ley permite el narcotráfico, lo que, a su vez, sirve para debilitar aún más el Estado de derecho. No es ninguna casualidad que los países más afectados por el narcotráfico tengan algunos de los índices de asesinato más elevados del mundo. Un estudio reciente elaborado por la Red de Información Tecnológica Latinoamericana afirma que entre 83 países estudiados los cuatro con mayores tasas totales de homicidio se ubican en el continente: El Salvador lidera la lista (48,8 homicidios por cada 100 mil habitantes), seguido de Colombia (43,8), Venezuela (29,5) y Guatemala (28,5) (4).

Pero el problema no se restringe a una única región. África Occidental sufre el ataque de los narcotraficantes latinoamericanos que se aprovechan de la fortaleza del euro y de la demanda creciente de cocaína en Europa. En los últimos cinco años, la cantidad de cocaína que circula por esta vulnerable línea costera ha aumentado a un ritmo exponencial, según datos del UNODC.

Por ello, abordar la amenaza del narcotráfico en el continente americano debe ser una responsabilidad compartida. Iniciativas como el Pacto de Santo Domingo (véase “ONU impulsa pacto para frenar narcotráfico en Centroamérica, México y Caribe” en esta edición del boletín) pueden fortalecer las instituciones locales y reducir la vulnerabilidad frente al crimen organizado que genera la violencia.

Ningún país es inmune al problema: todos participan, sea como fuente de drogas, país de tránsito para el tráfico o como importador. Esta naturaleza transnacional del problema exige la cooperación de todos, tanto de organismos regionales locales como de las Naciones Unidas, la Unión Europea y los bancos de desarrollo. También exige compartir más la información entre regiones, por ejemplo entre África Occidental y América Latina.

Los programas más indicados deben actuar sobre las causas del problema a largo plazo, promover la educación, el empleo, el desarrollo rural y la renovación urbana. También se debe proveer asistencia técnica para mejorar la capacidad y la integridad en la aplicación de la ley y los sistemas de justicia para que puedan brindar mejor protección a testigos, contrarrestar el tráfico, luchar contra la corrupción y el blanqueo de dinero, proteger los derechos humanos, combatir la violencia de las bandas y enfrentarse a la delincuencia organizada.

Los retos son muchos, pero las consecuencias son nefastas y representan un riesgo para todos los países, por eso la cooperación es fundamental para actuar sobre las causas del problema. En juego están vidas humanas atrapadas en un ciclo perverso que se alimenta de su capacidad para corromper el tejido social e institucional por donde pasa.

La autora: Carola Mittrany es miembro del equipo de Comunidadsegura.org

Notas:

1 Tedesco, Laura. Violencia urbana: Un desafío al fortalecimiento institucional. El caso de América Latina. FRIDE, Madrid, febrero 2009.

2 Maerten, Francis y De Andrés, Amado Phillip “David contra Goliat: ¿Pueden México, Centroamérica y el Caribe combatir con eficacia el narcotráfico, la delincuencia organizada y el terrorismo?”. FRIDE, Madrid, febrero 2009.

3 Manaut, Raúl Benítez. La nueva seguridad regional: Amenazas irregulares, crimen organizado y narcotráfico en México y América Central. FRIDE, Madrid, marzo 2009.

4 Red de Información Tecnológica Latinoamericana. Mapa de la violencia: Los jóvenes de América Latina 2008, Sumario Ejecutivo. Red de Información Tecnológica Latinoamericana, Brasil, 2008.

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