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El peronismo mendocino está a las puertas de una derrota electoral dolorosa que podrá tener consecuencias en el futuro institucional del país, a manos del Frente Cívico, una fuerza igual de despareja y contradictoria que el PJ, pero que lleva en sus alforjas ese “halo” de imagen positiva que recubre todo lo que el vicepresidente Julio Cobos toca, hace o dice a pesar de los gritos de “traidor”, del empeño peronista en recordarle la estafa de los Vale Más, y de los ataques furibundos del kirchnerismo cerril, artillería pesada que en realidad lo fortalece.
La posible derrota peronista que indican los sondeos, con los resguardos del caso, será consecuencia directa de una infinidad de situaciones que el PJ no ha logrado resolver en el curso de los años, que nacieron con la Muerte Oficial del “Equipo de los Mendocinos” aquel día en que José Octavio Bordón decidió pelearle la presidencia a Carlos Menem, y que se profundizaron tiempo después cuando Rodolfo Gabrielli les dijo a los intendentes peronistas “el poder es de ustedes”. Así, se inauguró una extraña etapa de poder territorial, un concepto hiperlocalista basado en políticas clientelares, movilización, fuerza sindical, planes sociales, militancia rentada y “aparato” prebendario, un modelo vacío de contenidos que –hay que decirlo- no es exclusivo del PJ. Semejante panorama ahuyentó a miles de mendocinos que incluso habían optado por Bordón, Gabrielli o Arturo Lafalla. Lo que quedó es un partido que poco a poco fue expulsando a decenas de justicialistas para convertirlos en peronistas retirados, aunque habían aportado pensamiento a tres gobiernos de la provincia, universidades, ONG, la diplomacia, u organismos internacionales. Los ex candidatos Francisco “Chiqui” García en 1999 y Guillermo Amstutz en 2003 sufrieron las consecuencias inmediatas de tal éxodo.
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El peronismo no logró renovarse, y no pudo enamorar a la clase media cautivada por Bordón, la que hoy es más proclive a votar por el Frente Cívico o aun por el Partido Demócrata y su “aire” PRO; que por los candidatos que el justicialismo ha puesto a disposición de los electores en un comicio crucial.
Es cierto que el PJ no tiene una elección sencilla. La sorprendente gestión de Celso Alejandro Jaque se convirtió en una mochila de plomo difícil de sobrellevar, al punto que hubo todo tipo de negociaciones para mantener al gobernador en un lugar marginal de la campaña, para que los candidatos del PJ, especialmente Adolfo Bermejo y Omar Félix, salieran a la cancha a hacer su juego. El problema es que cuando tuvieron la pelota en los pies, no supieron qué hacer… Especialmente Bermejo. El intendente maipucino, un dirigente de imagen excelente que en su departamento va a arrasar, ha elegido una campaña relativamente silenciosa, de mensajes difusos, con una exposición pública muy estática, lo que configura un error estratégico grave. En ajedrez siempre decimos que una sola debilidad –en este caso el gobierno de Jaque- no alcanza para perder. Pero cuando éstas se multiplican, el derrumbe suele ser inevitable.
De Bermejo se sabe que ha prometido “Luchar por Mendoza”, una frase escueta, potente y sencilla a la que le faltó un mayor grado de precisión. Por eso, en el transcurso de la campaña, cada entrevista del candidato con los medios ha sido negociada hasta el hartazgo. No fue la única ocasión. Bermejo dejó plantados a empresarios y ejecutivos invitados de AEM esta semana. A cambio, el intendente maipucino eligió –al igual que cobistas y radicales, especialmente- “caminar” la provincia, una actividad lúdica que reluce en tiempos de campaña electoral.
En el video, a continuación, se puede ver una promoción del candidato a senador en la que se exaltan dos aspectos: la virtud de caminar con la gente, y el silencio. Se lo puede bajar, junto a otras informaciones, del sitio “Luchemos por Mendoza”.
Distinta ha sido la actitud de Omar Félix, quien en las últimas horas ha salido a despegarse del kirchnerismo criticando incluso a Celso Jaque. Es que Félix ya está oteando los escenarios posibles del postkirchnerismo. El sureño es un dirigente pragmático, que podría pasar sin problemas a engrosar las filas del peronismo disidente si De Narváez, Macri y Solá logran vencer a Néstor Kirchner en el campo de batalla más urgente, el de la provincia de Buenos Aires.
Del otro lado, en el espacio que comparten cobistas, radicales y peronistas díscolos; están redondeando una campaña electoral “peronizada” como no se ha visto antes. Tienen una figura fuerte y carismática (Cobos), caminaron cada barrio de Mendoza hasta caer acalambrados, al estilo peronista, y no manejan grandes consignas más que las de escuchar las recurrentes quejas de los mendocinos sobre la inseguridad, la pobreza creciente, el desastre de la salud pública, o la falta de trabajo, temas paralelos pero alejados de los que tiene en agenda su principal candidato a senador nacional, Ernesto Sanz, más referidos a la institucionalidad del país, los superpoderes, la coparticipación federal, el control republicano, y otras banderas propias de debate en el Congreso de la Nación. La oposición hace, en definitiva, un tipo de campaña similar a la que hizo Celso Jaque en 2007.
¿Por qué entonces el peronismo puede perder las elecciones?
Ay, Jaque…
Un gobernador que -al menos en la percepción popular- miente, no puede ser creíble en ninguna de sus facetas. Partiendo desde ese punto, es muy difícil remontar la cuesta por más spots de campaña y dinero que se vuelque en la propaganda pública. El Justicialismo mendocino llega hoy a las elecciones cargando un gobernador con 70 % de imagen negativa; a causa –principalmente- de no haber cumplido su promesa de campaña, bajar un 30 % la inseguridad, por lo que después debió pedir perdón. A partir de allí, la relación entre Jaque y la gente se fue deteriorando casi con cada medida oficial, o con cada bolsón de ineficiencia, o –cuando no- en medio de papelones varios, nuevas mentiras, o casos escandalosos. A ello se suma la pauperización de la calidad de vida de los mendocinos.
Francamente, resulta increíble que un movimiento social, popular, con historia, capaz de generar y mantener el poder como el peronismo, y que hace pocos años hiciera gala de su renovación de cuadros; haya alumbrado un gobernador como Celso Jaque. Este es, tal vez, el símbolo más claro de la crisis justicialista, la que podría ser adjudicable perfectamente al radicalismo, Confe y aliados, si no tuviesen a mano la figura salvavidas de Julio Cobos. Sin él, hoy las encuestas estarían virtualmente empatadas, y radicales con sólida formación y trayectoria estarían incluso perdiendo las elecciones con un PJ destartalado y en banda, o aun con el PD.
La inacción, la falta de operatividad, la visión estratégica nula, y la entrega total a factores de poder que son ajenos a los intereses de la mayoría de la población, no son las únicas cargas negativas del gobierno de Celso Jaque. A ello hay que sumarle la obediencia ciega al kirchnerismo. Por dinero, por conveniencia, por necesidad de apoyo político, por lo que fuera; Jaque ha decidido morir con las botas puestas, y hundirse en el Titanic igual que su jefe político lo hará en los jardines de Olivos. A lo largo de estos años de gestión, además, los legisladores nacionales justicialistas han oficiado de “levantamanos”, votando incluso en contra de Mendoza en más de una oportunidad. Vayan como ejemplo las retenciones al campo, o la ley del cheque.
¿Cómo creer entonces que los nuevos legisladores mendocinos propuestos por el oficialismo sí van a ‘Luchar por Mendoza’, si no levan anclas del kirchnerismo?
Bueno, ese era el desafío principal de la estrategia justicialista. El otro, era amortiguar la imagen positiva de Cobos, argumento casi excluyente de los candidatos de la oposición en una campaña que se destacó por la falta de propuestas, ideas, y programas, aunque se tratase de una simple renovación legislativa a la que los políticos han dotado de un clima trágico, de todo o nada, de ellos o el caos.
Los nuevos errores
En esta campaña electoral, el PJ no logró transmitir claramente cuál es esa idea de “Luchar por Mendoza”. Tampoco consiguió despegarse claramente de Celso Jaque y de Néstor Kirchner. Hubo algunos aciertos, como lograr que el gobernador no aparezca en los afiches, y evitar que el colérico ex presidente de la Nación llegue por estos lares. En el medio de esta danza delicada, hubo algunos pisotones que obligaron a solicitadas y aclaraciones, aunque en los últimos metros, el PJ buscará descontar la diferencia apelando a todo cuanto pueda, lo que incluirá tomar la mayor distancia posible del oficialismo nacional. Félix y el jefe de campaña, Rubén Miranda, ya dieron los primeros pasos.
El silencio de los postulantes y la falta de debate público tampoco ayudaron mucho, problema agudizado por el alto margen de desconocimiento. Bermejo y Félix son excelentes candidatos en sus departamentos. Pero la gente no los conoce, o los conoce menos que a los candidatos identificados con Cobos, en el resto de la provincia. Tan así, que el PD con Omar De Marchi a la cabeza les está pisando los talones en varios departamentos, siempre según las encuestas serias.
Así, a este peronismo en campaña le faltó “mendocinidad”, amplitud de criterio, contención de todos los sectores -no sólo los de base tradicional- y una estrategia clara y diferenciadora tanto de Jaque, como de Néstor y Cristina Kirchner. Por eso ahora el PJ quedó atrapado en los límites de un justicialismo que no enamora, no conmueve, ni convoca, más allá de su piso firme e histórico que le permitirá llegar a un 27 ó 28 % de los votos. Muy lejos de aquel peronismo de Bordón, por ejemplo, que logró generar una mística particular, una batalla épica en la que Mendoza era el ombligo del mundo, algo que la gente creyó y que se transmitió a lo largo de dos gobiernos “y medio”, casi, hasta que Arturo Lafalla terminó de enterrar los restos políticos del ‘Rolo’ Gabrielli y los últimos resabios del Equipo de los Mendocinos, el mismo que le había ganado nada menos que a Víctor Fayad y Raúl Baglini con el 53 % de los votos.
¿Puede el peronismo mendocino generar otro Bordón?
Es muy difícil que un intendente peronista, basado sólo en el poder territorial, el discurso tradicional, el clientelismo, la movilización de militantes afines, y encerrado en las nostalgias de un partido y un líder que ya no existen, logre llegar a la gobernación de Mendoza. Basta ver los casos de “Chiqui” García y Guillermo Amstutz para dimensionar este problema histórico. Distinta es la muestra de Celso Jaque, quien -como intendente exitoso en una ciudad pequeña y de recursos generosos- logró encaramarse a la gobernación con un discurso técnicamente prolijo, no muy movilizante pero que sí conformó por lo menos a quienes lo votaron, y a quienes creyeron sus promesas. Jaque aprovechó además una circunstancia histórica que difícilmente se repita, la de una división atroz de la oferta y el voto radical que arrastrará consecuencias políticas por muchos años, salvo que Víctor Fayad decida lanzarse a la gobernación otra vez con un partido propio, o en alianza con otros sectores, lo que ahondará las diferencias.
Pero el gobierno de Jaque resultó un fiasco. Los poderosos intendentes fueron entonces mutando del atonismo a la incredulidad, y de allí al sálvese quien pueda. Hoy, muchos caciques del PJ están pidiendo a sus militantes que “por favor” impulsen aunque sea el voto a sus concejales, mientras ellos mismos filman spots pidiendo apoyo para traccionar a los candidatos. Es la puesta en marcha del “aparato” que tanto temen los radicales, pero que a esta altura parece insuficiente para ganar.
El peronismo mendocino necesita reinventarse, desde lo más profundo de sus convicciones, hasta la estética. Mendoza necesita otro peronismo, uno capaz de generar políticas de Estado, de resolver los problemas, de alternar en el poder con propuestas y estrategias para los mendocinos. Hoy, el PJ, a pesar de que está en el gobierno, es una atomización de patrones de la vereda que defienden sus intereses particulares, ministros y funcionarios que forman casi un partido aparte, y el poder Azul, claro; el del operador Juan Carlos ‘Chueco’ Mazzón. (Que nadie lo dude: Mazzón será el primer mendocino convocado por aquel dirigente que suceda a Néstor Kirchner en el poder real de la Argentina, siempre que sea justicialista, ya sea oficial o disidente). Los azules han apostado a estar, permanecer y multiplicarse. Manejan ministerios, reparticiones, cajas, legisladores, influencias. Son el esqueleto y la herramienta, son el nervio y las células, pero no son el poder.
A muchos analistas mendocinos les gusta decir que al votante local le atraen los “perogansos”, al estilo de los gobernadores justicialistas de los noventa. Celso Jaque pareció uno de ellos, pero rápidamente la sociedad descubrió el vacío de gestión. Si hay derrota el 28, habrá que buscar gran parte de las explicaciones por este lado. Pero no será la única razón.
Hoy, el poder peronista está desperdigado y deslucido. Y por eso pueden perder las elecciones el domingo 28, ante un conglomerado de fuerzas con tantos o más problemas que ellos, y debilidades estructurales y estratégicas equivalentes. La diferencia radica en que el Frente Cívico tiene un Julio Cobos. Y el PJ, hoy, no tiene un “Pilo” Bordón. Tan simple como eso.
La pregunta es... ¿será capaz de generarlo?