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Alicia Castilla no da la impresión, precisamente, del rockerito con boina jamaiquina y rastas espesas que compone una canción berreta, cuyo estribillo incluye, necesaria y repetidamente, la palabra “legalícenla”. Ella es conciente de que el asunto es mucho más complejo que el estribillo de un reggae o que los remanidos argumentos de los prohibicionistas.
Alicia Castilla, a sus 65 años, es, más bien, una estudiosa con formación académica, Licenciada en Ciencias de la Educación, amante de las libertades personales y también una señora elegante, culta y, hay que decirlo, fumona también, a la sazón. Algunos la conocen, simplemente, como la Señora Cannabis y tales oficios la tienen de modo permanente recorriendo el mundo, concretando entrevistas, presentado sus obras e integrando paneles y exposiciones sobre la temática.
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Lo suyo es el estudio, el análisis, el consumo y el debate sobre la marihuana y su presencia ancestral en la cultura humana, desde un abordaje especialmente antropológico.
Por eso, tales menesteres aborda en dos libros que son todo un éxito de ventas: Cultura Cannabis (que ya marcha hacia su séptima edición, nada menos que un verdadero best-sellers) y Cultivo Cannabis (que camina hacia su tercera).
De visita en Mendoza, nos concedió esta charla, en el hostel donde se alojó.
- Alicia, ¿la marihuana es todo para vos?
- No, para nada, me canso en mis viajes de que me pregunten todo el tiempo por lo mismo. La marihuana no es todo en la vida. Es más: si me pedís, ni siquiera tengo conmigo.
- O sea que lo tuyo no es andar diciendo “marihuana libre para todo el mundo”…
- No, que fume el que quiera. Es una experiencia de la libertad individual.
- ¿También los menores?
- Por supuesto que los chicos no tienen que fumar marihuana, pero mucho más: no tienen que tomar alcohol, ni cocaína ni fumar paco ni ser adictos a los videojuegos, a la televisión o a cualquier cosa por el estilo. Sin embargo, todo esto está ocurriendo. Las drogas y los menores de edad son una asociación ilícita.

- ¿Por qué fumás marihuana?
- Porque me gusta, porque lo elijo, porque puedo hacerlo. Las drogas han existido en la humanidad desde tiempos inmemoriales y desde siempre el hombre las ha consumido.
- Pero nunca tanto como ahora, que son masivas…
-Sí, claro, Lo que ocurre también es que los jóvenes abusan más de ellas, muchas veces, por falta de conocimiento y de alternativas sociales. Lo mismo pasa con el alcohol, ¿y qué hacemos? ¿Lo prohibimos? No, como con el alcohol, la salida para la marihuana es el consumo libre y responsable.
- Hay una doble naturaleza que es constitutiva de las drogas: son medicamento y veneno, libertad y encierro, maravilla y miseria, arte y vacío…
- Sí, y con el oxígeno pasa lo mismo. A las sustancias, hay que aprender a transitarlas. Es como el andinismo: si sos un irresponsable, te vas a terminar matando, pero la salida no es prohibir que se suban las montañas.
- No hay que olvidar que las drogas son ocasiones de peligro, entonces…
- Igual que las azoteas, los automóviles y los deportes violentos como el rugby. Por eso, digo que las sociedades deben aprender a convivir con esos peligros, esos riesgos que son las sustancias, pero de manera natural.
- Es que hay riesgos sociales que son aceptados y otros que no…
- En el caso de las drogas, en particular la marihuana, el asunto pasa más por los mecanismos de control que por aquello que en verdad representan. La prohibición hace que también se agregue como condimento la posibilidad de ir en contra de lo dispuesto.
- O sea que el descontrol de las drogas es más especial porque están prohibidas…
- Tal cual. Esto me hace acordar a un decreto de Napoleón, creo que en Egipto, donde prohibió el hachís, que ya estaba incorporado en la cultura del lugar como aceptado. El decreto contenía cuatro ítems: quemar lo que se encontrara y meter preso a los consumidores, entre otras cosas. ¿Sabés cuál fue el argumento de Napoleón para prohibirlo?
- No…
- Que había que prohibirlo porque la gente que fumaba hachís, no obedecía…
- Bueno, tampoco me parece que quienes fumen marihuana estén haciendo alguna revolución en particular…
- Napoleón pensaba lo contrario. Sin embargo, con el consumo de alcohol no hay rebelión, porque el alcohol hace que la persona se conforme con lo que es y lo que la rodea.
- Es bastante dudoso lo que dice. Entonces, ¿para usted la marihuana y el hachís, son drogas de rebeldía?
- Sí: la marihuana es una droga de rebeldía. Y la cocaína es una droga funcional al sistema. Los que toman cocaína, quieren más cocaína, más electrodomésticos, más LCDs y más LSD también…
- Bueno, pero la marihuana, más que poner rebelde le hace bajar dos cambios al “fumanchín” y lo deja con una sonrisa en la cara y amando a toda la raza humana…
- Eso le pasa a los que se inician. Los otros, los que fuman habitualmente, fuman y siguen con sus tareas, conjugando el placer con la labor, como los artistas.
- Eso me preocuparía: subir a mi hijo a un transporte escolar que sea manejado por un tipo que ha fumado un faso.
- A mí también me preocuparía, como me preocupa que se haya tomado unos vinos, que sea adicto a la velocidad o a los psicofármacos… Lo que yo propongo no es el desmadre, sino el consumo responsable. ¿Vos sabés cuánta gente fuma marihuana?
- Todo el mundo…
- Y, bueno…
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