Mimetizados en el lenguaje, desde el propio gobierno de Cristina de Kirchner, pasando por el radicalismo, los seguidores de Cobos, y los múltiples kioscos y sellos políticos que pululan en toda elección, llámese proyecto Sur de Solanas, Libres del Sur ex 100% Kirchneristas, Coalición Cívica, ARI, Socialistas, el nuevo partido de la ex Rectora de la UNCuyo Victoria Gómez de Erice; y ¡cuántos más!, se autodenominan “progresistas”. Imbancables señores, realmente insoportable es escuchar esa palabra que pretender abarcarlo todo y no dice nada.
Progresistas existen de izquierda, de centro y de derecha. ¿Resulta que hoy todos somos progresistas? Nadie ataca tal calificación. Hasta la mesa de enlace es progresista, El PRO, es gresista. No sé si los gansos locales, pero me animaría a decir que alguna vez a Omar de Marchi se le puede haber escapado la palabrita. Bien. Remitámonos a la historia. El progresismo tiene sus bases en la revolución francesa, pero más aún profundiza su concepto el liberalismo político de fines del siglo XIX, en pleno auge de la industria y la técnica capitalista, bajo la Inglaterra victoriana. Progreso fue la palabra utilizada por el positivismo argentino de José Ingenieros, pero también por la generación del 80 bajo los gobiernos de Roca. Todos querían el progreso. Entonces, ¿cómo diferenciarlos hoy a quienes se llaman progresistas y sostienen posiciones contradictorias?, ¿o acaso ser progresista implica ser contradictorio? Pareciera que sí. Bajo la bandera progreso se han montado empresas coloniales expoliadoras que siempre tuvieron sus cómplices locales. Fuera de aquel quedaron las mayorías, no aptas para entenderlo. El progreso se impone a sangre y fuego.
Díganme, ¿Cuál es la línea que divide a los progresistas de los que no lo son?, ¡Qué abuso del lenguaje!, sólo con autoclasificarse resolvemos las culpas miserables ante nichos de audiencia supuestamente cautivas del progresismo.
¿Se puede ser progresista apoyando los reclamos del sector agrario?, sí se puede.
¿Se puede ser progresista apoyando los reclamos de juicio y castigo a los culpables de la dictadura militar?, sí se puede.
¿Se puede ser progresista reglamentando los usos de la ciudad, prohibiendo vendedores ambulantes y artesanos?, sí se puede.
¿Se puede ser progresista anunciando el Apocalipsis Now onda Elisa?, sí se puede.
¿Se puede ser progresista saltando de partido en partido?, síííííííí se puede.
¿Se puede ser progresista siendo patrón y teniendo a sus trabajadores en negro?, claro que se puede.
¿Se puede ser progresista apoyando la despenalización del aborto y del consumo de marihuana?, sí se puede.
¿Se puede ser progresista solo con desarrollar una actividad artística, como si los contaminados fueran “los otros”?, sí se puede.
¿Se puede ser progresista manteniendo el status quo de la oligopolización de los medios?, sí se puede.
¿Se puede ser progresista reivindicando “la teoría de los dos demonios”?, sí se puede. ¿Se puede ser progresista desprotegiendo la industria nacional y alentando las inversiones?, sí se puede.
¿Se puede ser progresista apoyando la glamorosa vendimia gay?, sí se puede.
¿Se puede ser progresista, pidiendo más seguridad?, sí se puede.
¿Quién es más progresista que quién?, ¿quién lo gradúa?, ¿Qué mide que una persona o un grupo político sea más progresista que otro? ¿Cobos y Jaque son progresistas?, ¿Carrió es progresista?, ¿Macri es progresista?, ¿Néstor y Cristina son progresistas?, ¿Gerardo Morales es progresista?, ¿Iglesias y Fayad son progresistas?, ¿Biolcatti y Buzzi o De Angelis son progresistas?. ¿Los intelectuales son todos progresistas?, ¿los de carta abierta, los anticarta abierta, los que no escriben ninguna carta? ¿El periodismo es progresista?, Lanata, Fontevecchia, Nelson Castro, Joaquín Morales Solá, Tenembaun, Verbitzky, Nancy Pasos, y sigue la lista…
Hoy “ser progresista”, o mejor, autoclasificarse de tal manera queda bien, muy bien, es cool, pero sólo en los ámbitos académicos, artísticos, intelectuales, literarios, periodísticos, porque la gente, la masa, il popolo, no manya esa palabra. ¿No estaremos volviendo a la falsa contradicción “democracia o dictadura” que se impuso en la década del ochenta? ¿Y lo nacional y popular?, ¿el imperialismo, ya no cuenta? ¿Pasaron de moda? Sí, parece que sí.
¿Saben quiénes no son progresistas, pero populares?, Crónica TV, el tango, el fútbol, la cumbia, el baldío de la esquina, las barriadas que no tiene pavimento donde la gente se caga de hambre, donde muchos ni siquiera tiene gas ni agua potable. Los bolivianos que trabajan explotados en la zona del Valle de Uco, los que laburan en la construcción de sol a sol, las viejas que van casa por casa distribuyendo el Atalaya, los fracasados que se tiran a muerto, los borrachos, las familias que se desintegran por no tener qué carajo darle de morfar a sus hijos, los barrios donde la cana no entra, la marginalidad consecuencia de muchos progresistas, el dialecto los ninguneados. A otra cosa mariposa. Me tienen harto con la palabra progresista, no se les cae una idea, están complotados. Cuando logren sacar del pozo a toda esta gente hundida en la insatisfacción, hablen de progreso, o mejor desistan de nombrar, al menos, la palabra progreso, y muevan el culo de la silla, que con eso, creo, bastaría por un buen tiempo. El problema es que cuando mean fuera del tarro, la meada les cae a los de abajo.