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El rostro de Abel Gajardo (28) presenta lesiones de consideración. Fractura del tabique nasal y dos puntos de sutura en la nariz, además de tener uno de sus ojos “en compota”. El joven denunció que fue un policía el que le ocasionó esas heridas cuando le pegó una patada en la nuca mientras estaba boca abajo. El motivo fue haber mirado a la cara a los policías. La Inspección General de Seguridad abrió una investigación de oficio a raíz de la publicación de este diario sobre la exposición judicial de la presunta víctima (Ver link).
Según Gajardo, fue víctima de apremios ilegales por parte de un grupo de uniformados el domingo alrededor de la 1 en la rotonda de la UNCuyo, en el parque General San Martín.
El joven circulaba con tres amigos en un Fiat 128, de color celeste; iban a tomarse unas bebidas al Parque cuando fueron interceptados por dos móviles policiales. “Uno se nos puso adelante y el otro atrás”, contó el denunciante, quien agregó: “No sabíamos qué pasaba”.
De inmediato llegaron otras cinco patrullas. Tanta movilización se debía a que media hora antes, en el barrio San Martín, un joven fue asesinado de siete balazos y buscaban a los sospechosos, quienes habrían escapado en un vehículo de similares características.
Pero Gajardo y sus compañeros se enteraron de esto varias horas después. Cuando arribó el resto de los móviles a la rotonda, los efectivos los obligaron a tirarse al piso y boca abajo —contó—, mientras unos diez los tenían encañonados con sus armas.
Uno de sus amigos, que estaba en el piso, levantó la vista y miró a un efectivo a la cara, por lo que éste le dio una trompada. “Miré a mi amigo por si le había sucedido algo y un policía me pisó la nunca y me aplastó la cara contra el pavimento”, manifestó el joven. Esa agresión le habría ocasionado las lesiones en el rostro.
En total fueron siete móviles los que participaron de ese operativo. Trascendió que habrían sido: uno de la comisaría Quinta, o del destacamento Espitalieri, dos de la comisaría 33, uno de la subcomisaría Gauna y otros dos de la Unidad Especial de Patrullaje.
En uno de esos móviles lo trasladaron a la comisaría Quinta donde llegó sangrando. A los pocos minutos se descompensó y lo trasladaron al Hospital Central. Allí lo asistieron y luego “me dejaron trece horas en un calabozo porque me inventaron una causa”. Los policías —dos muy jóvenes, indicaron fuentes judiciales— argumentaron que Gajardo se resistió y hubo forcejeos para reducirlo. Pero extrañamente, al único que denunciaron es el único que está lastimado.
Por ello, la primera información que se tuvo el domingo indicaba que lós jóvenes se habían resistido, algo que, al menos Gajardo, niega.
Uno de sus amigos le contó que cuando se lo llevaron al hospital llegó el comisario de la Quinta y les dijo a sus subalternos: “Rajen todos de acá, se les fue la mano “.
Si "se les fue la mano" o no a los uniformados será una tarea que deberá establecer la Justicia. Por lo pronto, el presidente de la Inspección General de Seguridad, Félix Pesce, le confirmó a MDZ que a raíz de la publicación periodística del pasado domingo “iniciamos de oficio una investigación para dilucidar qué sucedió esa noche”. Luego, a través de un correo electrónico, el funcionario dijo que los jóvenes habían realizado una denuncia en el órgano de control que preside.
Abel Gajardo vive en el barrio Unidad y trabaja en un lavadero, pero ahora está perdiendo días laborales, se quejó.
Aseguró que cuando les requisaron el vehículo no encontraron nada, que la agresión del policía fue gratuita, y que en la comisaría uno de los efectivos los amenazó: “Si tienen idea de hacer la denuncia en la fiscalía les va a ir mal”.
Si todo esto es cierto, el joven no se atemorizó. Como se indicó antes, realizó una denuncia judicial y otra en la IGS, al tiempo que fue a ver a un abogado para iniciar una demanda.
Revuelo en el Ministerio de Seguridad
El pasado domingo no se informó desde el área de comunicación de la cartera sobre este hecho. No obstante, a raíz de ese silencio se les consultó a integrantes de Seguridad si estaban al tanto de lo sucedido. La respuesta fue contundente: “Sí, lo sabíamos pero esperábamos que no trascendiera. Pero desde que fue publicado, acá (en el ministerio) están como locos”.
