8 de Marzo de 2009 |02:18
Una música encantadora, tradicional y moderna
Pachy Reynoso/ MDZ
 
 
Sergio Embrioni se ganó todos los aplausos porque su dirección musical brilló de manera destacada en la noche del sábado. Con muy pocos puntos bajos, la banda sonora de “Cosecha de esperanza” fue lo mejor de la velada.

Sergio Embrioni volvió a brillar en la noche mendocina. Esta vez no fue como músico de Alcohol Etílico o Enanitos Verdes; tampoco fue por su Mañol actual. Fue por ser el director musical de “Cosecha de esperanza”, el simple e interesante Acto Central con que contó la Fiesta Nacional de la Vendimia 2009.

Ya lo había anticipado a MDZ: “La música de la Vendimia va a ser encantadora y tradicional”, dijo días antes. Y tuvo razón, porque si algo marcó los tiempos de la puesta en escena, manejó los ánimos y las expresiones del público, fue la parte musical.

Desde el vamos, la banda en vivo fue estupenda, con destacadas participaciones como la de Analía Garcetti y Jorge Marziali -que tuvo con una polca un momento de inflexión-, con un grupo de instrumentistas brillantes que le pusieron sentimiento a las notas y por eso llegaron directamente al corazón.

A esto le debemos sumar algunos detalles que fueron claves para que la música se convirtiera en fundamental como las letras de Juan López en varias composiciones y esa mezcla rara de tradición y posmodernidad que surgió en algunos momentos.

Así, la multitud fue sintiendo que la música marcaba el ritmo del corazón y por eso hubo pocos momentos en que se rozó el tedio, como por ejemplo en la etapa de las danzas españolas.
Pero la verdad es que ese detalle fue tan pequeño en comparación con la grandeza del trabajo de Embrioni y compañía que no haría falta ni remarcarlo.

Para el final, quedó la versión pop de “Virgen de la Carrodilla”, con una desgarradora y distorsionada guitarra eléctrica y una suave pero sostenida batería que marcaba los pulsos de todos los presentes.

“Cosecha de esperanza”, en su faceta musical, tuvo momentos de alto vuelo, coros que fueron esenciales y vitales en varios pasajes de la fiesta, un sistema de sonido adecuado para la ocasión (aunque no envolvente), letras maravillosas (como “Cueca del niño grande”, “Gato mirando al sur”, “Cueca de la infancia” o “Ranchera de la madrugada”, todas con letra de Juan López y música de Embrioni y Oscar Puebla) y, por sobre todas las cosas, tuvo la virtud de combinar lo tradicional y lo moderno de una manera tan sutil como destacada, haciendo que nuevamente Sergio Embrioni volviera a tener el brillo de una buena estrella.


Comentarios


Domingo 8 de Marzo de 2009 12:09
por dadivan
impresionante, qué más se puede decir. fue genial.
Domingo 8 de Marzo de 2009 10:24
No estoy de acuerdo
por independiente
La música en sí misma no era ni buena ni mala. Lo que si no tuvo identidad. Recrear temas viejos dandoles un aire distinto y sin que apareciera nada más para mi fue un equívoco. No sumó, sino &qu...


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