En los cerros, la fiesta es otra. La de otro pueblo que busca un lugar en la fiesta, pero que se ha acostumbrado a contemplarla a lo lejos. De acuerdo con estimaciones de la Policía de Mendoza, hubo este sábado entre 8 y10 mil personas.
Muchos, como es el caso de los Barrionuevo, llegaron desde temprano y acudieron a los cerros que circundan el teatro griego Frank Romero Day desde hace años.
“Es una costumbre venir acá, como la Vendimia”, señaló don Barrionuevo, mientras jugaba con su hijo a la escoba. No son improvisados. Como la mayoría, fueron con mesa y sillas y hasta la heladera porque hoy la temperatura en el pedemonte escaló a los 32 grados.
También son tradicionales los vendedores. Marcelo Falasca vende chupayas desde hace 16 años entre los cerros. Y, como a muchos de sus pares, la crisis se siente en el sector informal y tan coyuntural como la vendimia.
Coronitas para las niñas –a 5 pesos-, almohadones para las señoras –también a 5 pesos-, choripanes –a 10 pesos- son algunos de los precios que oscilaban entre los vendedores.
“¿Hay crisis o hay hambre?”, se le preguntó a una señora junto a la parrilla de sabrosos chorizos.
“Y….”, respondió la doña, queriendo que haya más hambre que crisis.
Los locutores no se olvidan de los cerros. Las arengas llegan hasta arriba porque, como dice un grupo de cuatro vecinas de Las Heras, cómodamente sentadas en sus sillas mientras toman mate, “el verdadero espectáculo está acá”.
Con todo, la policía esperaba una noche tranquila. Se habían afectado alrededor de 500 efectivos en la zona de los cerros, aunque no cuidaran todo el predio. “No nos podemos hacer cargo de los automóviles que suben y quedan a la vera de los caminos que suben hasta acá”, señaló un uniformado.
“Esta es la fiesta de la familia”, señaló un inspector, y destacó que “generalmente los aprehendidos son por alterar el orden, porque están borrachos, pero son hechos aislados”.