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Basada en un excelente libreto y apoyada en la impecable participación de los músicos en vivo, Cosecha de esperanza, deja abierta, justamente eso, la esperanza de que alguna vez el espectáculo de la Fiesta de la Vendimia puede mejorar.
Eligiendo una línea más tradicional, con apenas algún que otro detalle novedoso, Walter Neira evitó las "osadías" de la fiesta que dirigió en 2006 y propuso un espectáculo prolijo pero muy cercano a los clásicos de cualquier vendimia.
El desarrollo narrativo del show estuvo organizado en cinco cuadros, con escenas esencialmente coreográficas que fueron relatando la historia de Ángel, un anciano y cansado viñatero, que no puede más con la suma de todas sus derrotas.
Ese presente, mostrado a través de una batalla entre los elementos, reflejó la desazón de un hombre curtido y castigado por los sinsabores de la lucha constante.
Mediante la técnica literaria del flashback, Ángel evocó su pasado y su infancia regresó a través del niño que fue, de la educación que recibió y de los trabajos que aprendió, siempre con la viña como exigente testigo y apasionado acicate.
En el recorrido vital de Ángel se relata el encuentro del amor y la mujer, de la maternidad y de los hijos, de los valores del trabajo y del respeto a los mayores; el recuerdo de los primeros inmigrantes españoles e italianos y el respeto por los nuevos trabajadores “golondrina” llegados de los países limítrofes. Siempre en el registro realista, el texto destacó los rigores de la explotación y el desarraigo.
En distintos momentos del espectáculo estos aspectos narrativos fueron subrayados por proyecciones digitales en una gran pantalla circular ubicada en el extremo superior izquierdo del escenario organizado en siete niveles. Éstos fueron muy bien usados y las entradas y salidas de bailarines, actores y figurantes funcionaron casi a la perfección
Todas las escenas fueron desarrolladas a partir del despliegue coreográfico, con un apoyo dramático constante pero lateral. Y aunque, las coreografías fueron excelentes y prolijamente ejecutadas, la seguidilla de danzas "obligatorias", léase las que ilustran a los inmigrantes europeos y de los países vecinos, hizo excesivamente extensas algunas escenas y monótonas otras.
En este punto conspiraron dos aspectos: la pequeñez del escenario principal (de hecho es uno de los más pequeños que se han visto en los últimos años en el Frank Romero Day para el espectáculo del acto central de la Fiesta de la Vendimia) para tal cantidad de bailarines. En muchos pasajes había más de 400 personas sobre el escenario.
El otro aspecto que ensució la puesta fue la elección del vestuario: con una estética muy despareja, los bellos trajes blancos con reminiscencias medievales de la primera escena desentonaron rápidamente con la profusión de colores brillantes y una reducida paleta del resto de la fiesta. Las prendas de tafeta (o seda) amarilla, anaranjada, verde sin matices, chinas con inverosímiles faldas de lamé y criollos con furiosas camisas rojas, en muchas escenas prácticamente iguales, no estuvieron a tono. Aunque es cierto que las prendas del vestuario deben contrastar por múltiples motivos (distancia, televisión, fotografía), podría haber sido más eficaz si se hubiese apelado a una paleta menos ramplona.
Hubo momentos de gran belleza plástica, entre ellas, la escena inicial que ilustraba la desesperanza de Ángel o la escena del romace del protagonista con su mujer; hubo momentos simpáticos, como el que con dos muy bien confeccionados muñecos gigantes se representó a españoles e italianos o la entrada de un camión lleno de actores en la fuente.
Hubo ideas originales, como que las candidatas bailaran Claveles mendocinos; la participación de un coro puntuando las escenas, las arañas del mal sueño de Ángel, los maniquíes suicidas que evocaban a The Wall y el impactante falso final antes de la aparición de la Virgen de la Carrodilla proyectada en una pantalla.
La ejecución de la música en vivo fue uno de los riesgos que tomó Walter Neira para Cosecha de esperanza, como lo había hecho el año pasado Alejandro Conte. Y salió airoso. La labor de los músicos y cantantes fue, simplemente, impecable.
Un ingrediente no menor fue el excelente guión de Juan López. Combinando octasílabos y metro libre, casi sin adjetivos, su relato recorrió la vida de Ángel, su personaje, desde el abatimiento inicial hasta que recupera la esperanza.
El "estilo" López se hizo transparente en versos como los que el coro, a la manera de los coros de las tragedias griegas, una suerte de conciencia colectiva, decía con voz firme: "Malos fueron los indios / No: malos fueron los soldados. / Perdón: malos son malos fueron / los que no luchan y nunca lucharon. / Malo es el sol que seca la tierra y los labios / mala es la vida si solamente es un tango / mala es el hambre, muy mala".
La ausencia de las grúas que habitualmente sostienen las luces sobre el escenario hizo que éste ganara en limpieza ya que, completamente blanco, estuvo desprovisto de todo tipo de utilería, con las estilizadas y bien pensadas figuras de las cajas lumínicas por todo ornamento. Sólo una escalera central conectaba el escenario principal con los restantes.
Los equipos de sonido se corrieron hacia un escenario secundario, pero quedaron lamentablemente muy visibles y partiendo por la mitad dos enormes pantallas en las que se proyectaron algunas imágenes menores ya que servían más al propósito de poner notas de color al conjunto, en buena sintonía con el diseño de luces en general, que cual resultó más que adecuado.
Ahora, si todos los miembros del elenco estuvieron bien, si Walter Neira contó con excelentes músicos, si tuvo como soporte un nutritivo guión, si coreógrafos, actores y técnicos hicieron un buen trabajo, ¿por qué el espectáculo Cosecha de esperanza no fue demoledor?
Surgen un puñado de contradicciones como búsqueda de alguna respuesta posible: la fiesta fue ágil pero monótona, conservadora y provocadora, realista y surrealista, prolija y olvidable, lírica y prosaica.
Walter Neira intentó hacer la síntesis entre tradición y novedad, hizo un enorme y visible esfuerzo para mostrar, como sostiene desde hace tiempo, que "se puede hacer otra cosa con la Fiesta de la Vendimia". Pero lo logró a medias.
Tal vez el problema no radique en quién dirija el espectáculo, sino en las pautas obligatorias, en los tópicos que hay cumplir sin excepción en el planteo del show: la sucesión de danzas folclóricas argentinas, europeas, americanas.
A pesar de esto, el intento valió la pena. Cosecha de esperanza deja abierta, justamente eso, la esperanza de que alguna vez el espectáculo de la Fiesta de la Vendimia puede mejorar.
Patricia Rodón
![]() Por Walter Gazzo | |
Sergio Embrioni se ganó todos los aplausos porque su dirección musical brilló de manera destacada en la noche del sábado. Con muy pocos puntos bajos, la banda sonora de “Cosecha de esperanza” fue lo mejor de la velada. |