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Hubo un antes y un después de la llegada de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner al Carrusel Vendimial. Su llegada le imprimió el carácter político que el Gobierno trató de quitarle a la fiesta mayor de los mendocinos con la monopolización de la transmisión por TV al acto central. Y Celso Jaque aprovechó esta presencia estelar al punto tal que se mostró diligente en todo sentido.
Si durante la marcha de la multisectorial hizo mutis por el foro, el gobernador aprovechó la presencia de Cristina para exhibirse como un dirigente proactivo en varios aspectos.
Su ánimo, incluso, fue distinto cuando tomaron posesión del palco de autoridades.
Un Jaque distinto al que estamos habituados a ver, fuera de su parquedad diaria, de sus declaraciones escuetas.
Se ánimo a aplaudir efusivamente la cueca de la viña nueva, atajó todos los presentes que pudo -desde uvas hasta botellas de vino- para ofrecérselos a la presidenta -que amagaba con atajar, pero al final reculaba, quizás por la mala experiencia de Mirtha Legrand el año pasado por el famoso manzanazo-.
Si el desfile se demoraba, Jaque daba indicaciones de que continuara la movilización.
Y hasta se ánimo a tomar la cámara de MDZ para contribuir con la labor periodística.
Un contraste muy marcado con la previa, cuando el gobernador evitó enfrentarse a la multisectorial que marchó antes de que comenzara el carrusel. Después, se distendió. Salió del placard.
Un párrafo aparte merecen los dos funcionarios del Gabinete nacional que acompañaron a la mandataria.
A Sergio Massa, el jefe de gabinete cuyo alejamiento es un rumor constante, se lo pudo ver muy activo a la hora de recibir vinos, melones y hasta berenjenas. Un poco más apagado se encontraba Florencio Randazzo, ministro de Interior, que ligó apenas una fruta y no se animó a levantar los brazos ni para saludar a las beldades en los carros.
Cristina revolucionó el palco. Saludo cual reina de esta vendimia finalmente politizada por su presencia. Hizo pocas declaraciones políticas, se calzó una chupalla y hasta hizo algunos movimientos de baile. La presidenta ausó un revuelo inusitado entre periodistas y hasta militantes justicialistas que se colaron para extenderle panfletos de todo tipo o simplemente la mano y que obligó a un cerco muy celoso por parte de los policías.
Y en esto puede traducirse una pequeña victoria política del peronismo local transmitida a todo el país. Pues con el cerco de militantes del MUP que estuvieron desde temprano y que lo aplaudieron en todo momento, había razones como para distenderse. Al menos, por el momento.