Lisandro Aristimuño: confesiones de un músico afiebrado
De gira por Barcelona, España, el cantautor sureño adelantó detalles de su próximo disco; habló de su exitoso "39º" y de los proyectos que guarda para este año. Un imperdible paseo por el mundo interno de un artista que entiende la música como un juego.
Lisandro Aristimuño estuvo en Barcelona. Hasta allí llegó el cantautor oriundo de Río Negro, que desde hace 8 años reside en Buenos Aires para dar una serie de recitales -el comienzo de un periplo que tendrá como puertos de arribo distintos puntos de la Argentina, entre ellos Mendoza-.
Entre toque y toque, este músico "afiebrado" nos permite conocerlo un poco más. El resultado de ese viaje interior queda plasmado en esta extensa y verborrágica entrevista.
Música de exilio
Somos aire, somos plumas, somos parte del juego que hay que atreverse a jugar. La música y su universo infinito, la poesía y su tiempo exacto, la armonía y el silencio.
Hay quienes se aventuran a mutilar el espacio y servirlo de emociones coloridas, exploran en ventanas ajenas, bordan de azules turquesas las sedas de los sentidos y se afiebran en el intento.
De esta exploración a los huecos de la sonoridad, nace la puesta en escena convertida en canciones, el artista es un personaje que habla desde otro tiempo y desde otro lugar. De ahí la idea del exilio cobra fuerza en sus maneras y sus movimientos, la nostalgia posa su tremendo dulzor en la canción y la pintura se hace cargo de la luz.
Un músico que se está animando a renombrar el folklore nacional y que forma parte de una gran camada de exploradores que se aventuran a crear las leyes del nuevo juego. Leyes que sólo son leyes cuando se las puede transgredir, las leyes de la imaginación al servicio de lo lúdico.
Lisandro Aristimuño desde Barcelona, una tarde antes de su segundo concierto en esta ciudad española a la que vino a hacer una gira que posteriormente lo llevará a tierras mendocinas y a recorrer el resto del país.
- ¿Cómo va la fiebre, bajaste los 39 grados? -Sí, bajé por suerte.
- La fiebre te llevó a un lugar interesante y te ubicó con un disco que muchos lo consideraron como uno de los mejores del año y vos, convaleciente…
- “39º” fue un disco que me abrió muchísimas puertas fue el cierre de un ciclo de tres discos que me permitió tocar mucho por Argentina, Uruguay y España. Bueno, la tercera es la vencida ¿no? Este disco me permitió cerrar una parte, y me gusta muchísimo, fue el más solvente en relación al tema de las canciones con la mezcla de la electrónica, ahí es donde mejor lo pude lograr, es donde lo electrónico está más marcado.
- Sigamos con la fiebre. Teniendo en cuenta que ésta era el aviso de algo que estaba ahí y que había que sacar del cuerpo, ¿en tu caso qué fue?, ¿la electrónica?
-Sí, creo que sí, que ahí empecé a usar mejor las máquinas y a entender todo ese mundo. “39…” fue el logro, donde encontré el equilibrio entre las canciones, entre la madera de la acústica, las voces y la electrónica. Ahora acabo de terminar de grabar un nuevo disco en Galicia, aún no tiene nombre pero es todo lo contrario a lo que venía haciendo, va todo acústico. Toqué todos los instrumentos yo solo; la verdad fue una experiencia increíble y respecto a “39” tiene una diferencia: es súper acústico "total", no tiene ni una sola máquina.
- ¿Cómo llegaste a tanta temperatura?
- “39 grados” es el concepto de la ciudad y lo urbano, eso me enfermaba, de ahí la "fiebre". Llegar a ese estado, de pasar de vivir en la Patagonia a Buenos Aires. Además fue un disco muy inconsciente, lo entré a grabar y en 5 días ya estaba listo. Igualmente a mis discos no tardo mucho en grabarlos. "Azules turquesas" lo grabé en 3 días y "Ese asunto de la ventana" en 4. Es que no me gusta estar mucho grabando, laburo mucho la pre mezcla, hago una maqueta grande para estar poco en el estudio porque me agobia estar luchando tanto con la fiera.
"El árbol caído".
- Tú música genera sensación de exilio, ¿hay algo de eso por ahí?
-Sí, está bueno eso, claro que es una música de exilio. Los 2 primeros discos tienen una nostalgia, un recuerdo, una añoranza del lugar de donde vengo, del sur, de la Patagonia. Irte a Buenos Aires, donde vivo hace 8 años ya, es difícil, al principio extrañás mucho. Creo que mi música tiene eso del exilio, eso de haberte ido y sobre todo a una ciudad que es tan caótica, y también tiene que ver con la sensación de exilio. Sobre todo cuando toco acá, me pasa que los argentinos que vienen a verme se emocionan mucho con las letras.
- Siempre te he visto más como un pintor que como un músico, pareciera que tú música pintara, dibujara formas, o mejor, que fuera un cortometraje audiovisual…
-Mí concepto de la música tiene que ver con eso, tengo la suerte de haber nacido en un hogar donde mi viejo es director de teatro y mi vieja es actriz. Viví en los teatros y en el mundo de la actuación que fueron muy poderosos para mí y sirvieron de mucha influencia a mi música. Eso de ambientar las canciones, de buscar los colores, las texturas, creo que en eso el teatro tiene que ver. Mi infancia fue ahí, para que te des una idea mi viejo fundó 13 teatros y yo en pañales. En una ocasión mi vieja hizo de prostituta en una obra, y con 6 años no entendés nada, ¡era todo un tema!. Pero eso me permitió entender y entrar en ese juego, y con la música me permití entrar ahí, y quiero seguir en ese lugar, armando personajes. Por ejemplo, muchos piensan que mis letras hablan de amor y de relaciones y muchas veces no es así. Mi música no está cerrada, me gusta eso de que cada uno la tome como quiera, pero la mayoría de las veces juego a que soy otra cosa: una planta, una nube, una pluma y de ahí me pongo a escribir mis letras.
- Entonces construís el personaje desde donde escribís…
-Claro, algo así. A veces juego a ser agua, no soy agua juego a eso, porque para el mundo en el que vivimos ser humano ya es re pesado como para que en la música también tengamos que serlo. Me cansan las letras de que dicen: "mi chica sube a la moto y salgo con mis amigos”, me parece que en esas letras no hay una creatividad, que eso es un diario íntimo, la vida ya está para eso, no voy a hacer canciones de lo mismo. Hay mil herramientas como para jugar y no caer en esa vulgaridad. Se puede jugar a ser otras cosas, entonces juguemos.
"Pluma".
- Hay un gran movimiento de músicos que están buscando eso, ¿creés qué hay un público dispuesto a jugar a que la música es un juego?
-Sí, en Argentina se está empezando a abrir el juego desde el 2002. Desde la crisis el país tuvo una gran etapa. El hecho de que el disco se empezara a caer, se empezara a cerrar todo, cayeran las ventas, esto permitió que se armara una estructura independiente. Entonces muchos músicos, que no pudieron sacar discos desde grandes empresas o multinacionales, empezaron a auto gestionarse y el chico que está en su pieza en el edificio tiene su myspace, su blog, tiene su disco y su tapa impresa. Hoy con tu computadora podés grabarte tu propio disco porque la calidad de grabación ha alcanzado niveles altísimos; además a partir del 2000 hubo un cambio mundial con el internet y todo eso. La gente puede acceder a mucha información y quiere escuchar algo nuevo, más constructivo, no tan del "manual que te dice como hay que hacer canciones", quieren escuchar algo más abierto. Hoy hay un público que está cansado de la cosa fácil.
- Entonces, lo tuyo es un doble riesgo. Salís a jugar y a reconstruir el imaginario de un folklore que en nuestro país hace mucho que está inmóvil. ¿Te sentís cómodo con eso de ser, de alguna forma, el que encabeza esa bandera de la nueva búsqueda?
-Sí, me resulta agradable. Estoy luchando permanentemente. Cuando me toca definirme, me defino como un "músico independiente", me gusta intentar luchar contra las multinacionales y, como vengo de la Patagonia, traigo el folklore conmigo… lo de hacer folklore no fue una fórmula, no es que se me ocurrió la fusión de folclore con electrónica porque "iba a pegar", como pasó con el tango. En mi caso fue natural, toda la vida escuché folklore, mis viejos escuchaban y empecé a hacer canciones que salieron así. En la actualidad hay una nueva etapa, el folklore está pisando fuerte, inclusive en España; el folk y el indie también, pero hay que estar atentos porque se están volviendo una moda, y "las modas son una mierda", y se termina desvirtuando todo. Se está generando algo raro, realmente a mí me chupa un huevo, no quiero entrar en modas ni en denominaciones del estilo folk electronic, ni quiero festivales de folklore que me parecen una mentira. Creo que donde más voy a poner mi energía es en defendernos un poco y que todos estos gorilas no se abusen de algo que es tan sincero y tan puro como hacer canciones. Hay gente como Gabo Ferro, Coiffeur, Pablo Dacal y miles más, que lo hacemos con el corazón, con alma y con mucho esfuerzo como para que venga uno que quiere hacer un festival patrocinado por yerba Taragüí, eso no me gusta, es una falta de respecto a la música. Lo triste es que muchos músicos se dejan manipular por Pepsi o Movistar para que les saquen un tema, estos músicos no dan un mensaje claro, la música tiene que llegar al alma y ya, cuando se empiezan a meter esas cosas del sistema a mí no me motiva.
- ¿Cuáles son tus planes a corto plazo?
-Lo que quiero hacer apenas vuelva a la Argentina es seguir laburando por la independencia. Tengo un programa en radio, La tribu. Quiero seguir con eso y fomentar bandas, intentar desde mi lugar abrir la centralización lamentable que hay en el país y salir a tocar por todas las provincias que pueda. El año pasado fui al norte y toqué por ahí y fue hermoso, y este año quiero sacar el disco que te conté antes del invierno.
- ¿Cómo es este nuevo disco?
-Este disco tiene madera, tiene aire, no metí nada electrónico me moví para otro lugar, porque podría haber seguido ahí y ser la figurita que todos querían, no lo digo de arrogante, pero decidí moverme para otro lugar. Ahora es una guitarra, un bombo legüero y madera. Volví a la fuente de la canción, a la simpleza, volví a eso, a lo vital.
- Vos hablaste de tu juego y todo juego tiene leyes, una de ellas es la recompensa para el que lo gane, ahora ¿cuál esa recompensa?
-Yo creo que ya gané hace mucho, el hecho de haber venido de Río Negro, un lugar donde no pasa nada y nadie le da bola, y de repente sacar tres discos en un sello independiente como Los años luz, que vaya la cantidad de gente que va a los shows, viajar, conocer lugares, vivir de mi música, ya gané. Una de mis virtudes es no ser ambicioso para nada, lo que tengo me alcanza, soy muy feliz, no pretendo más que esto. Ya gané, estoy tranquilo y me encantaría que salgan muchos músicos como yo de Río Negro, de Córdoba, de todos lados. Se está empezando a abrir Argentina, un lugar importante en lo cultural. Hay mucha gente con ganas y creo que la computadora y el internet han aportado mucho al mundo, imagináte que un chico de Río Negro haya tenido 200.000 visitas en su myspace, y que David Byrne le haya escrito y pasado temas en su programa de radio, eso es mucho…