Los Jardines Colgantes de Babilonia probablemente no “colgaban” en realidad, en el sentido de estar suspendidos por cables o cuerdas. Su nombre proviene de una traducción incorrecta de la palabra griega kremastos o del término en latín pensilis, que no significa “colgar” pero sí “sobresalir”, como sería el caso de una terraza o balcón.
El geógrafo griego Estrabón, describió así los jardines en el siglo I a. C.: “constan de terrazas abovedadas alzadas unas sobre otras que descansan sobre pilares cúbicos. Éstas son ahuecadas y rellenas con tierra para permitir la plantación de árboles de gran tamaño. Los pilares, las bóvedas, y las terrazas están construidas con ladrillo cocido y asfalto.”
Hoy, diferentes municipios en numerosos países desarrollados están comenzando a instaurar como mandato que los techos de edificios sean verdes, es decir, que sus cubiertas tengan algún tipo de vegetación, árboles, pasto, etc. El contacto con la naturaleza, en las grandes ciudades, es muy difícil de lograr. Rodeados de cemento, ladrillo y vidrio es muy sencillo olvidarse del relajante verde de las plantas que inunda de paz con tan solo contemplarlas. Éstas, además, tienen beneficios funcionales concretos, ya que purifican el aire, limpian el agua y ahorran energía, entre otras ventajas.
Este Quincho ubicado en Palmares, tuvo como objetivo original lograr un espacio de recreación de unos 100 metros cuadrados a donde pudiesen exportarse las actividades de ocio hogareñas tales como asados concurridos, uso de play station, home theatre, complemento de la piscina, etc. La premisa fundamental era permitir conservar las vistas que la casa tiene hacia un barranco desde donde se ve la ciudad de Mendoza y fortalecer otro aspecto fundamental que era el jardín preexistente, conformado por lomas de tierra que le daban intimidad a un terreno muy expuesto.
Con esas dos premisas se proyectó un quincho que debía ser una loma más del jardín y no superar cierta altura, de modo que no se cerraran las vistas. Enterrar el espacio era un desafío
técnico y proyectual difícil, para un programa arquitectónico relativamente sencillo.
Se optó por formas orgánicas, que representaran las ondulaciones que ya sugería el jardín, en todas las direcciones del espacio. En planta, en las fachadas o en los interiores, la curva es omnipresente y se relaciona en una suave oposición a la casa de líneas clásicas.
Los revestimientos de piedra son una metáfora de la gruta o de la morfología montañosa y se
complementan amablemente con el verde del jardín y las formas expresivas del hormigón.
El detalle técnico de cómo contener un jardín sobre el techo de la edificación se resolvió con tecnologías sencillas pero con un riguroso control de calidad que evitó completamente la aparición de humedades o filtraciones. El césped descansa sobre un lecho de tierra vegetal suficientemente profundo para mantenerse en buen estado fisiológico y aún existe suficiente espacio para plantas o arbustos. La aislación incluye, como lo hicieren antaño los babilónicos, el uso del asfalto.
En el interior predomina el color blanco y los muebles en un tono marrón oscuro, teniendo más fuerza las vistas desde adentro del quincho hacia el jardín, la piscina y la casa desde una nueva perspectiva que magnifica la imagen de la edificación clásica.
Ficha técnica:
Quincho con Losa ajardinada
Sup.: 102m2
Ubicación: Bº Palmares 2º etapa.
Arquitectos: Mariano Miquel y Adolfo Wessels
Ingeniero: Fernando Álvarez
Paisajismo y Diseño de interiores:
MQWS arquitectos asociados