Varios son los motivos que justifican un muro verde, y muchos son los antecedentes que existen en la historia del paisajismo en la que se ha buscado verticalizar un jardín.
Por diferentes razones, desde ecológicas, ambientales, estéticas y suntuosas, los paisajistas han recreado la naturaleza en forma de paredes vivas… y para no ahondar demasiado en tecnicismos, podemos citar varios ejemplos ilustrativos como: los patios y senderos andaluces, los jardines colgantes de Babilonia, o las simples enredaderas que cubren más de un caserón toscano.
Una obviedad no tan obvia, es que el límite para estos desarrollos siempre fue el suministro de agua y nutrientes.
Podemos observar entonces que los españoles sortearon este inconveniente eligiendo especies resistentes a la sequía colocadas en macetas amuradas, los italianos confiaron en enredaderas que se pegaban a las paredes pero se regaban en el suelo, y los babilonios desarrollaron dificultosos sistemas de riego que desafiaban la gravedad, obteniendo jardines que fueron admirados por su belleza y hoy son considerados una de las maravillas del mundo antiguo. De este reconocimiento se desprende algo evidente, y es que de tan antiguos, ya no existen. La razón de su desaparición es bien sencilla: “el agua orada la piedra”, o en otras palabras, el agua que dio vida, a lo largo del tiempo destruyó el sistema de suministro. Es como la sangre de nuestro cuerpo, lleva lo necesario para que todos los órganos funcionen, pero también desgasta y erosiona nuestro sistema circulatorio.
¿Qué es lo que hace entonces que hoy volvamos a insistir sobre la idea de verticalizar un jardín?
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Fachada Radisson Hotel en Con Con, Chile. |
La conclusión es el avance de la tecnología, y quien podría darnos una buena respuesta a éste asunto es el botánico Patrick Blanc, que hace varios años, desarrolló en el Museo Quai Branly de París el primer jardín sustentado en bloques de una mixtura de sustratos naturales y sintéticos, regados por sistemas de irrigación por goteo.
Hasta aquí vamos bien, hemos solucionado el tema del suministro de agua, y con materiales livianos que son producto de desarrollos tecnológicos de los últimos años se pueden construir estructuras que sorprenden por su altura. Para llegar con agua hasta la parte superior (25m en algunos ejemplos) se depende exclusivamente de la potencia de una bomba.
Hemos encontrado también razones ecológicas que justifican su incorporación en grandes ciudades polucionadas, en oficinas muy transitadas, y en los llamados “edificios enfermos”, ¿o alguien puede negar que tener plantas cerca oxigena el ambiente, lo purifica, lo humedece, lo perfuma, y observarlo relaja y nos hace sentir bien?.
Sin embargo, no puedo dejar de mencionar lo que fue para mí ver por primera vez una construcción de este tipo.
Seguramente a más de un mendocino le habrá pasado, ya que me sucedió muy cerca, específicamente en la costa chilena.
Iba a comprar pescado al puerto de La Boca en Con Con, cuando después de una curva me encontré con el frente de un conocido hotel, el Radisson Resort; mitad piedras y mitad plantas
ocupaban el espacio que no eran ventanales.
No podía dejar de mirarlo, empecé a reducir la velocidad para observarlo mejor y, so pena de colisión y recibiendo bocinazos y saludos para mi madre, me detuve como pude en la entrada de una casa cercana. Me bajé del auto y me acerqué a eso que había visto, y si…eran plantas
nomás, miles de plantas pequeñas que estaban agrupadas por diferentes texturas, aromas y tipos de colores. Algunas abejas y un par de tábanos se hacían un festín con las flores de estación. Se sentía húmedo, limpio…me alejé un poco para verlo mejor y ahí estaba… un mural pintado con plantas, una composición abstracta que sorprendía por su belleza y que además estaba vivo, que latía, una maravilla del mundo moderno, un déjà vu babilónico, una manifestación insolente de la creatividad humana. En fin…una obra de arte.