Antes de elegir colores para un ambiente determinado, debemos preguntarnos qué clase de sensación queremos crear en ese espacio. ¿Queremos un lugar sereno y relajante o uno vigorizante y alegre?; ¿qué uso le daremos al ambiente?; ¿será privado o muy transitado?; ¿cuáles son nuestras preferencias y las de nuestra familia en colores?; ¿qué muebles, cortinas, objetos de arte y decoración estarán en este lugar?
Considerando estas preguntas estaremos encaminados para elegir la paleta de colores que mejor se adapte a nuestra casa y a nuestra forma de vida.
Podemos partir pensando en los elementos decorativos que ya tenemos. Tener en cuenta los muebles y accesorios que más nos gustan es una buena manera de encaminarnos hacia la búsqueda del color. Pero, si estamos empezando desde cero, es recomendable encontrar un elemento de inspiración que no necesariamente sea protagonista en el espacio, quizás un almohadón estampado, un cuadro o un sillón pueden guiarnos en la elección.
Del tarro a la pared
Al momento de decidirnos por las tonalidades, es muy importante tener en cuenta que, la pintura seca se ve mas oscura que cuando esta húmeda.
La textura de la superficie que recibirá la pintura también afecta la percepción del color. Una pared muy texturada se verá más oscura que una lisa porque la textura produce sombras.
Por último, el brillo de la pintura también afecta al color, mientras más brillante sea el acabado, más claro se verá.
Confrontar la carta de colores con los ambientes
En algunas pinturerías nos facilitan, gratuitamente, cartas de colores que podemos llevarnos a casa. Son herramientas interesantes para tener una mejor percepción de la tonalidad en nuestro ambiente. Es muy útil desplazarse con las cartas observando cómo se percibe el color cerca de la luz natural y bajo la luz artificial, además de los cambios que pueden presentarse en los distintos momentos del día. También es útil acercar las cartas a muebles y objetos para ver cómo combinan porque los colores se afectan entre si, de esta forma, podremos contar con más datos para la selección.
Para que nuestra casa no se convierta en sí misma en un “muestrario de colores” debemos limitar nuestra elección a dos o tres. Esto no significa que no podamos pintar el cuarto de nuestros niños en tonos divertidos, en este caso, será recomendable seleccionar muebles y accesorios que de alguna manera se relacionen con otros de nuestra casa, además de pintar
en tonos neutros los pasillos de manera que vinculen armoniosamente unos ambientes con otros.
Un detalle a tener en cuenta para que en toda nuestra casa haya integración es pintar todas las molduras, marcos de puertas y ventanas de un mismo color.
El círculo cromático
Seguramente todos recordamos algo de lo que aprendimos en la escuela sobre círculo cromático, colores primarios y secundarios. Pues esto nos puede ayudar mucho en esta tarea.
Podemos elegir un color del círculo cromático y trabajar con sus diferentes tonos, por ejemplo, tomar un color y usarlo en sus tonos mas intensos y claros, sumando algún tono neutro como el blanco, negro, beige o gris. Los tonos más claros podrán utilizarse en las paredes y los más oscuros en objetos decorativos, muebles, alfombras y cortinados. Será una decoración monocromática pero para nada monótona, ideal para lograr un ambiente sereno.
Otro planteo interesante es la utilización de una gama de colores próximos en el círculo cromático, por ejemplo: violeta, violeta azulado y azul. Optar por uno de ellos como principal y el resto para los detalles. Es importante no elegir más de tres colores y usarlos en distintas proporciones.
Si somos arriesgados y nos animamos a más, entonces se pueden utilizar colores complementarios, opuestos en el círculo cromático, que generan gran contraste en la combinación. Se debe considerar uno como principal y el otro en pequeñas dosis. Con esta elección lograremos ambientes vibrantes y alegres.
Después de estas sugerencias solo resta ¡ponerse a trabajar!