Ivan Werning

"La raíz del problema económico argentino es política"

Investigador del MIT. La revista “The Economist” lo señaló entre los 8 economistas jóvenes más importantes del mundo.

“Es un economista de economistas”, dijo sobre él la revista especializada “The Economist” al momento de consagrarlo como uno de los ocho especialistas jóvenes en el tema más importantes del mundo.

Es argentino, se llama Ivan Werning y es docente en el departamento de Economía en el MIT (el Instituto Tecnológico de Massachussets). Se trata de la universidad por la que puede tropezarse en sus pasillos con los Premios Nobel Paul Samuelson y Robert Solow. Paul Krugman se graduó allí antes de dedicarse a escribir editoriales para el New York Times.

Además, es docente allí, como Werning, Olivier Blanchard y el lugar por donde pasaron Rudiger Dornbush y Ben Bernanke, el economista jefe del FMI.

En enero, el ego nacional y popular se infló cuando se conoció el veredicto de la publicación. Como casi siempre ocurre en estos casos que nos enorgullecen espontáneamente, los argentinos desconocíamos su talento el que, sin embargo, representa un motor para el trabajo de economistas de todo el mundo.

Teórico y meticuloso, tal como lo califican, colegas y ediciones centradas en su temática en los más diversos puntos del globo, Werning ha desarrollado su trabajo de investigación alrededor de un tema que, si bien ha copado los discursos oficiales desde hace por lo menos cinco años, no ha logrado verificarse en la realidad cotidiana argentina: la redistribución de las riquezas.

En diálogo con MDZ, Werning habló de la crisis financiera mundial, del rol de las universidades y centros del conocimiento y se animó a evaluar el estado de cosas en su propio país.

- ¿Qué consideración le merece estar en la lista de los 8 mejores economistas jóvenes del mundo?

Fue una grata sorpresa. A nivel académico, que es el ámbito donde trabajo, no tiene gran trascendencia, pero ha sido interesante ver el alcance que tiene la nota periodística de "The Economist" fuera de la academia.

- ¿Cuánto de su formación actual tiene que ver con las universidades del país y cuánto con su experiencia en el exterior?

Una mezcla: en la argentina senté buenísimas bases para mi doctorado en el exterior. Como es bien sabido, la argentina es un criadero de economistas. En mi caso, empezando por el ámbito familar, mi padre es matemático y absorbí de él la disciplina de estudiar algo a fondo y el amor por la ciencia (NdlR: Pablo Werning, su padre, hace ocho años dirige los departamentos de matemática y economía en la universidad de Congreso en Mendoza).

Al mismo tiempo, antes de empezar mis estudios universitarios, los vaivenes de la economía argentina durante los 80 y 90, marcaron mi interés por la economía. Las dos cosas hicieron que me acercara a las ciencias económicas por curiosidad intelectual y no por ser una carrera con posible salida laboral en financias o negocios. En la universidad de San Andrés y Torcuato Di Tella conocí a profesores de primera, como Fernando Alvarez, Rolf Mantel, Osvaldo Schennone, Mariano Tomassi, Juan Pablo Nicolini para mencionar unos pocos. Todo esto me dio una base impresionante para mis estudios en el exterior. El doctorado lo hice en EEUU en la Universidad de Chicago, pero incluso ahí, uno de mis consejeros de tesis, Fernando Alvarez, era argentino.

- ¿Cree que los centros de conocimiento, como el MIT, en donde usted trabaja, están siendo consultados para replantear las bases de la economía capitalista, en estos momentos de crisis?

Primero que nada, por ahora no están replanteándose las bases de la economía capitalista. Durante la crisis hay muchas políticas que apuntan a sacarnos de la crisis. Después de la crisis, está claro que se retocarán algunas políticas regulatorias del sistema financiero. Pero no debería replantearse las bases de la economía capitalista. En todo caso, hay lugar también para una postura opuesta, ya que la crisis tiene su origen en la burbuja inmobiliaria y el fácil acceso al crédito, en parte fomentado por el Estado.

Respecto al rol de los centros de investigación, creo que es un momento muy interesante. Ha habido una discusión muy abierta de como enfrentar la crisis. Algunos economistas académicos han sido consultados directamente, a veces a través de reuniones y conferencias organizadas por la Reserva Federal y otras instituciones. También el debate se ha dado en conferencias universitarias y a través de los medios periodísticos y blogs, donde han participado todo tipo de expertos, con un lugar importante economistas académicos. El propio Chariman de la Fed, Ben Bernanke, es un economista de formación académica (con PhD en MIT), lo cual quizás fomentó al diálogo en este caso.

- ¿Cuál es, sintéticamente su visión de la situación actual?

En este preciso momento hay muchísima incertidumbre. El problema surgió primero en el sistema financiero. A medida que se fue entendiendo el problema, se han aplicado políticas muy activas para solucionarlo. Aunque, todavía hay incertidumbre, la Reserva Federal y el Tesoro americano han mandando señales suficientemente fuertes de querer proteger el sistema financiero y la cosa puede estar encaminándose a un arreglo.

El problema evolucionó al resto de la economía y ahora tiene vida propia. Hay preocupación por el impacto de una reducción al crédito. Pero también hay un cuadro recesivo tradicional, pero de mayores proporciones. Se miran indicadores que muestran una contracción fuerte en la demanda y una crisis de confianza del consumidor. El temor es que esto resulte en una recesión muy fuerte y prolongada.

- ¿Cómo cree que podría superarse la crisis?

Por el lado financiero, los bancos sufrieron perdidas en sus activos y ahora hay que recapitalizar. Esto se viene haciendo de varias maneras, pero la situación financiera no va a normalizarse del todo hasta que no se termine este proceso. Esto, yo creo, es la prioridad.

Por el lado del sector real, dadas las dimensiones del problema y el hecho de que la tasa de interés ya esta cerca de cero, se están discutiendo medidas fiscales que apuntan a reactivar la demanda - aumentos del gasto público o reducciones de impuestos. Pero hay mucha incertidumbre sobre la eficacia de este tipo de medida.

- Sabiendo que uno de los ejes de su trabajo está en el tema de la redistribución de la riqueza, ¿cree que el discurso imperante en tal sentido en la Argentina se condice con las prácticas del Estado?

No me cabe duda que el problema institucional y político en Argentina es la raíz del problema económico argentino. Esto lo digo no sólo por el momento actual, sino con perspectiva histórica. Hace mucho que andamos por caminos equivocados e inciertos. Tenemos el potencial económico para crecer e incorporarnos al grupo de países avanzados. El gran problema ha sido la falta de políticas económicas coherentes y creíbles que generen un marco suficientemente estable para que esto suceda. Una gran parte de los conflictos políticos tienen, a su vez, raíces distributivas.

Un problema es que la política redistributiva en la Argentina no es predecible. Es siempre tentador sorprender con un impuestazo que redistribuye de la noche a la mañana, pero a la larga esto genera la expectativa de predistribución y una incertidumbre que tiene efectos negativos sobre la eficiencia económica.

- ¿Fueron buenos intentos los del gobierno para redistribuir la riqueza apostar a las retenciones al agro o estatizar los fondos de jubilaciones? ¿O bien hay otros caminos y formas?

Políticamente, las retenciones móviles han demostrado ser una mala jugada. Económicamente, también son un instrumento demasiado indirecto e inexacto para la redistribución equitativa y eficiente. Los países más avanzados toman diferentes posturas en cuanto a cuánto redistribuir, pero todos utilizan instrumentos mucho más ajustados al objetivo de redistribución, como impuestos al ingreso y riqueza. De todos modos, incluso estos instrumentos deben ser utilizados sin descuidar los incentivos económicos que generan.

La estatización de los fondos de jubilación representa el último atropello a los débiles derechos de propiedad en la Argentina. Pero hay que tener en cuenta que, en forma más indirecta, ya se había maltratado al sistema jubilatorio privado, al imponerle deuda pública que luego sufrió recortes, por ejemplo. En ese sentido, la estatización representa prácticamente una extensión y sinceramiento con esta mala práctica. Pero es un paso en el sentido contrario al que tenemos que dar.

-¿Es posible una economía redistributiva en la Argentina sin que esto genere reacciones violentas de uno u otro sector?

Este es uno de los grandes desafíos que enfrentan todos los países. Los cambios permanentes que se necesitan en las instituciones y políticas económicas son decisiones que tienen que tomarse con convicción y credibilidad. Creo que sólo puede surgir de un momento político y económico auspicioso. Vivo optimista de que suceda en la Argentina.

- ¿Y qué hay de la generación de un impuesto a la herencia, algo que el Congreso ha tratado en estos 25 años de democracia, pero nunca logró aprobar?

Un ejemplo del tipo de política que he investigado es el impuesto a la herencia.  Es, sin duda, un impuesto controvertido. Se pueden decir cosas razonables a favor o en contra. Aquí, creo, es donde ayuda el análisis económico formal, donde se precisan los objetivos y restricciones del problema.

 

En mi investigación sobre este tema, con mi coautor Emmanuel Farhi, encontré algo inesperado. Si bien hay lugar para una política redistributiva, esta toma la forma de un subsidio, en lugar de un impuesto. Es un subsidio en el sentido que el Estado hace aportes que complementan las herencias. Es progresivo porque el subsidio marginal es mayor para herencias pequeñas.

 

Este es un ejemplo de como a veces el análisis económico no solo juega de arbitro, fallando a favor de un lado o otro del debate, sino que también puede plantear soluciones nuevas y creativas.

Opiniones (0)
18 de diciembre de 2017 | 03:43
1
ERROR
18 de diciembre de 2017 | 03:43
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    Leopardo al acecho
    7 de Diciembre de 2017
    Leopardo al acecho