Raúl Guiñazú

"Ahora el INV articula las estrategias del sector"

El presidente del INV explica por qué han crecido las exportaciones

Mientras la recuperación de la dura caída que sufrió en los últimos años el consumo mundial de vino aún es muy lenta respecto de la rápida evolución del potencial de producción registrado en los últimos años, Argentina cada vez vende más al exterior.

El fenómeno que preocupa a los industriales del sector del Viejo Continente que anualmente vienen padeciendo una retracción de su mercado a manos de los países productores del Hemisferio Sur se debe a un racimo de razones. Que principalmente se resumen en tres asuntos básicos para el caso de Argentina: tecnología de avanzada, información actualizada casi en tiempo real y una política de integración de la cadena de valor apoyada en la producción de vinos varietales.

Tanto motivos como detalles de ese progreso en el mercado exterior del vino argentino son explicados a fondo por Raúl Guiñazú, Presidente del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).

-¿Cómo estamos en materia de exportaciones?

-Comparando el primer semestre de 2006 con el de 2007, en vinos y mostos, las exportaciones en dólares han crecido un 29,55%. En el caso de vinos específicamente, en dólares ha crecido un 25% y en volumen un 33%. En el caso de los mostos, también en dólares, ha crecido un 46,10% y en volumen un 20,17%. Estos son datos hablan de un importante crecimiento de las exportaciones argentinas. Por otra parte, en el mercado interior, entre junio y julio pasados, han crecido los despachos en Mendoza un 1,3%, en San Juan un 0,65% y el promedio ponderado un 1,18%. Vale decir que esto habla de un leve crecimiento, que es importante considerando que hace cuatro años teníamos disminuciones brutales en el consumo del mercado interior.

-Considerando que el problema del consumo del vino no es exclusividad de Argentina. ¿Se podría decir que en parte el crecimiento de las exportaciones se debe a un mejor desempeño del INV?

-Puede ser, ya que el instituto hace mucho que ha dejado ser solamente un organismo de control. Hoy el mismo tiempo de tener la responsabilidad de ejercer un control eficiente el instituto también articula las estrategias público-públicas y público-privadas para contribuir a la competitividad del sector. Enmarcado en esa política se inscriben muchas de estas tecnologías que ha incorporado el instituto. El fin, tener bases de datos para respaldar a nuestros productos cuando salgan al exterior. Porque puede ser que nos digan, por ejemplo, que tal vino tiene cloruro en exceso y con la información detallada nosotros podemos ahora decir, no, no, momentito, este vino proviene de tal zona en donde los valores naturales detectados por el organismo oficial argentino son esos, o sea que son valores normales en ese vino. Y eso puede llegar a evitar una medida para arancelaria.

-Si bien es lógico, no deja de generar curiosidad que el INV sea uno de los únicos organismos gubernamentales nacionales que posee su sede central fuera de Buenos Aries.

-Cuando se fundó en el año ´59 el instituto fue muy importante que un organismo de control, que por su conformación es uno de los únicos que atiende exclusivamente a la vitivinicultura, tuviera su sede central en la sede productora. Esto es muy importante porque produce una sinergia entre el instituto y el sector que en definitiva no solamente tiende a un mejor control sino también a una interacción que coadyuva a la competitividad. Más en los últimos años donde se ha verificado un cambio cuali-cuantitativo muy importante en la industria, en donde han habido grandes inversiones en materia de tecnología, de innovación tecnológica y en gerenciamientos profesionalizados. Esto, junto a delegaciones cada vez más autónomas desde el punto de vista analítico en cada una de las provincias productoras, ha desarrollado una fórmula cuyos resultados están a la vista en los registros de exportaciones.

-El chileno Alejandro Hernández, cuando fue presidente de la Organización Internacional de la Vid y el Vino (OIV) a fines de los ´90, uno de los puntos que destacaba del INV era su actualización de registros casi en tiempo real. ¿Esto sigue siendo una fortaleza del instituto?

-Mire, mientras el instituto ofrece mensualmente las estadísticas de la vitivinicultura argentina, en cuanto a despachos al consumo o en cuanto a exportaciones detalladas, con un grado de desagregación muy importante, organismos internacionales como la OIV los produce en general con dos años de demora. Aunque no es culpa de ese organismo ya que distintos países productores socios no poseen una sistematización adecuada de todo lo que es las estadísticas vitivinícolas. El hecho de que el instituto trabaje específicamente para el sector vitivinícola es una gran ayuda para tener los números en tiempo y forma. Números que una vez que están listos son publicados inmediatamente y subidos en la página web del INV. El hecho de que las estadísticas estén actualizadas prácticamente al día es muy importante para el sector porque puede tomar decisiones con un mayor grado de certeza. Por ejemplo cuando realizamos el operativo de pronóstico de producción o cuando fijamos grado alcohólico.

-En la última Evico, uno de los consejos hizo blanco en la necesidad de que el sector privado mejore sus sistemas de mediciones científicas. Aurelio Sesto, decano de la Facultad de Enología Juan Agustín Maza, dijo esto citando como ejemplo el caso chileno, donde tienen mediciones minuciosas hasta de variedades según altitudes sobre el nivel del mar y según varietales. ¿Usted cree que ese es el próximo paso de la industria argentina?

-Yo coincido plenamente con el decano “Lilo” Sesto y hacia eso hemos tendido en los últimos cinco años en el instituto. Después de la crisis de 2002, el INV inició una franca política de adquisición de equipamientos y de innovación tecnológica en sus laboratorios, no solamente pensando en la fiscalización sino también en la producción de todas esas mediciones que son por las que se rige el mundo, donde cobran suma importancia las bases de datos. Muy útiles para respaldar los datos técnicos de las exportaciones. Porque en la medida en que un país como Argentina va creciendo al ritmo de los últimos registros, evidentemente comienzan a aparece medidas para arancelarias que pueden sutilmente disfrazadas de trabas técnicas al comercio. Evidentemente tiene que haber detrás de esas medidas que adoptan terceros países, una consistente defensa de la constitución de los vinos por parte del organismo rector como es el INV. A través de eso el instituto inició en 2003 convenios tanto para créditos como para subsidios con el Fondo Tecnológico Argentino (Fontar) que depende de la Secretaría de Ciencia Tecnología e Innovación Productiva de la Nación para equipar a nuestros laboratorios y ponernos a la altura del desarrollo que ha alcanzado la industria vitivinícola argentina. Vale decir que el instituto no podía ir detrás sino que tiene que ir delante. En ese sentido hemos equipado por más de US$ 8 millones los equipamientos de laboratorio y vamos a empezar a trabajar a los que alude el licenciado Sesto. En abril pasado firmamos un convenio con el gobernador de Salta para instalar un laboratorio de análisis en lo que actualmente es la sub delegación Cafayate, donde el próximo 20 de octubre estaremos inaugurando el edificio nuevo con el laboratorio funcionando, logrado gracias a un subsidio de US$ 250 mil, que permitirá que los productores de esa región tengan en tiempo real los datos analíticos que precisan. También dejaremos funcionando una tecnicatura en enología. Un convenio de idénticas características estamos por firmar, en un lapso mediato, con el gobierno de la provincia de La Rioja, por lo cual ya está solicitado el subsidio. Este sería el broche de oro para que el instituto tenga desde Salta hasta Río Negro, sus delegaciones con laboratorios de última tecnología, con el fin de que se facilite uno de los grandes objetivos del Plan Estratégico Vitivinícola 2020 referido a la ampliación de nuestros mercados con calidad, tanto el mercado interior como el exterior.

-Décadas atrás en la industria se hablaba acerca de que el mejor vino era el que más el gustaba al bodeguero. Luego llegó la tendencia de tener muy en cuenta el gusto del consumidor por lo cual los vinos casi se uniformaron. Hoy hay voces que defienden tanto lo que quiere el consumidor con las características distintivas que puede lograr el vino argentino. ¿Dónde se mediría el punto medio entre ambas posturas?

-Yo creo que la vitivinicultura argentina está cautivando a base de la tipicidad de sus productos. Nosotros tenemos una gran ventaja de tipo agroecológica donde tenemos vinos de altísima gama tanto desde Salta hasta Río Negro y Neuquén. Y manteniendo esa variabilidad dentro de los vinos varietales que se producen en esas distintas zonas es por lo que los vinos argentinos están causando tanta curiosidad en el consumidor. Yo creo que la tecnología y la apertura al mundo nos demostró que puedo tener todas las innovaciones y producir el mejor vino pero si el consumidor no lo elije nada se justifica. Entonces, por su puesto que se toman en cuenta las preferencias del consumidor, basadas en los equilibrios y la calidad, pero sobre todo, considerando el ecosistema en el cual las uvas son producidas.

-En el reciente Congreso Mundial del Vino celebrado en Europa sugirió tres medidas que han causado polémica: la erradicación de 220 mil hectáreas de viñedos, no seguir permitiendo la chaptalización (agregado de sacarosa para levantar grado alcohólico) y prohibir la destilación de los excedentes vínicos con destino a la fabricación de alconaftas. ¿Cree que esto será posible de cumplir, considerando que Argentina se beneficiaría directamente?

-Yo creo que no existe una única vitivinicultura en el mundo. Cada país tiene su propio esquema, su propio sistema, su propios problemas vitivinícolas y por lo tanto su propia estrategia para mejorar su negocio. El discurso de la erradicación es ambiguo y no en todos lados queda planteado de esa manera. Ellos tienen un mercado que se ha perdido por los vinos del Nuevo Mundo Vitivinícola (Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Argentina y Chile, principalmente), donde el punto relevante es la exaltación de las características varietales. Además existe el comentario de que esas 200 mil hectáreas se erradicarán cambiando la modalidad de las denominaciones de origen y aplicando la misma modalidad de elaborar vinos varietales. O sea se suplantarían hectáreas por otros tipos de vides similares a los que les han restado parte del mercado. Eso todavía está en discusión por parte de la Unión Europea, de donde provienen muchas de las inversiones que se han radicado en nuestro país y que hoy se dedican a la elaboración de vinos varietales que se exportan en un ciento por ciento.

-¿Puede ser Argentina considerada tanto dentro del grupo de los Países del Nuevo Mundo Vitivinícola como de los Países Tradicionales del Vino?

-En cuanto a modelo de vitivinicultura es casi una bisagra entre el Viejo Mundo y el Nuevo Mundo. Sobre todo porque mantiene esa estructura muy consistente de tener un muy buen mercado interior que a su vez le hace de soporte para ser un buen país exportador. Esa es la faceta del Viejo Mundo y el avance tecnológico y el incremento de las exportaciones a partir de la exaltación de los varietales lo hacen parte a los países del Hemisferio Sur. Un dato singular es que en Argentina la industria no está concentrada como en otros países, como por ejemplo en Australia, donde 10 o 12 grandes empresas manejan el negocio del vino y el mercado interno prácticamente es bajísimo y solamente se dedican a la exportación.
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