Marcelo Zoloa

"No jugamos con fórmulas para que la banda sea más popular"

Vocalista de Bela Lugosi, banda que hoy toca en el Mendorock.

El que pasó fue un año “intenso y movidito” para el trío mendocino. No sólo lograron instalarse en la escena rockera de Buenos Aires –la ciudad-asfalto al que emigraron hace 3 años- sino también que visitaron Mendoza, su lugar de origen, en tres oportunidades diferentes (La Feria del Libro, General Rock y ahora el Mendorock).

Visto así, el balance para Bela Lugosi no puede ser más que positivo. Esta noche, la banda que se encuentra imaginando su próximo disco, el quinto, tiene cita obligada con el público vernáculo. Es una de las tantas locales que engrosa la grilla de esta nueva edición del festival.

Antes de cumplir su ritual musical con los mendocinos –en el que además de las canciones de “Tomándoselo con calma” (2007) van a sonar las de sus álbumes anteriores: “Qué hago aquí”, “Decidir” y “Haciendo lo que queremos”-, Marcelo Zoloa, su vocalista y fundador dialogó con MDZ.

En voz pausada, y desde una mirada retrospectiva, el músico repasó un ajetreado 2008 y recordó algunos momentos de la extensa historia del grupo que integra hace más de 15 años. Entre ellos, las experiencias compartidas con Alejandro Sokol, quien dejó grabada su huella en su último material discográfico.

En esta nota, sus postales verbales.

- Fin de año siempre es tiempo de balances, ¿Bela Lugosi hizo el suyo, de lo que fue 2008?

- Fue un año de tocar mucho, todos los fines de semana, en es punto fue intenso. Lo bueno fue que el disco, que salió a mediados de 2007, se bancó un año más con el segundo corte de difusión, “No me sirve”. Lo que se logró, fundamentalmente, en Buenos Aires fue que la banda se conociera, que se sepa que exista una banda de Mendoza, llamada Bela Lugosi (que no es poco, considerando la cantidad de grupos que hay). Si bien no fuimos con expectativas, pasamos de ser una banda fuerte, acá, a ser una prácticamente desconocida.



“No me sirve”.

- Corría entonces el año 2006…

- Sí, ya van dos años y medio que estamos allá. Creo que el balance está bueno y que la decisión que se tomó en aquél momento, empieza a dar sus frutos recién ahora.

- ¿Y ahora en qué están ocupados?

- Estamos componiendo, pensando en el próximo disco, que seguirá la línea del anterior y que ojalá podamos grabarlo este año. Hay canciones que están saliendo y que me gustan mucho, como “Soy libre”, que ya lo estamos tocando en vivo. Estamos ocupados en lo nuestro, no queremos agradarle a la gente, no jugamos con fórmulas para que la banda sea más popular. Si escuchás el primer y el último disco hay un color que siempre está, que es el color de la banda: tratar de decir algo en las letras, mal o bien pero decirlo. Tratamos de que haya un riesgo, sino no tiene sentido decir algo. Y ese compromiso seguirá estando hasta que la banda exista. No buscamos la masividad, no creo que Bela Lugosi sea una banda popular y no me preocupa en lo más mínimo. Me preocupa que sigan habiendo canciones, que hayan nuevos motivos para escribir.

- Sin embargo, ¿no los modificó radicarse en Buenos Aires y haber logrado posicionarse en el circuito rockero porteño?

- Sí, si no estaríamos allá, mintiéndonos a nosotros mismos. La banda goza de buena salud pero es una lucha que nos costó y nos cuesta mucho. Aunque corrimos un riesgo cuando nos fuimos y los seguimos corriendo ahora, no vamos a pegar el volantazo para ver si vendemos o no vendemos más discos; no es nuestra concepción de la música. Podés criticarle cualquier cosa a esta banda pero nunca que fuimos unos mentirosos.

- ¿Son reflexivos, de mirar para atrás, de hacer comparaciones entre el primer disco y el último?

- Creo que lo que se busca en cada disco es que las canciones y las letras sean cada vez más cortas pero que al mismo tiempo sean disparadores. Antes hacíamos canciones de 4 o 5 minutos, y lo que tiene “Tomándoselo con calma” es que tiene temas de entre 2 y 3 minutos. En ese disco se quiso decir mucho en poco tiempo. No sé si se logró en su totalidad, pero fue un buen comienzo para hacerlo. Me interesan las canciones cortas, a la vieja usanza, como las de The Beatles o Bob Marley. También hay canciones que necesitan un proceso en cuanto al desarrollo de las letras, y ahí se necesita más tiempo. Pienso que “Tomándoselo…” es la síntesis de los discos anteriores, fue como empezar a encontrar lo que veníamos buscando desde “Caballo Florido”.



“Tomándoselo con calma”.

- Hablamos del primer material que sacaron, un disco “no oficial”…

- Fue más bien un “cassette no oficial” (risas). En ese momento era algo muy novedoso. “Caballo…” fue un puñado de 8 temas que se grabaron de un modo muy fresco, sin ediciones, arreglos, ni nada que lo mejorara; éramos los tres tocando y nada más. Ahí se empezaba a insinuar lo que era la banda. Cambiaron muchas cosas… pasaron casi años Como lo grabamos cuando teníamos un año, era todo muy fresco y muy artesanal –hicimos el arte de tapa uno por uno-.

- ¿Se pierde esa frescura con el paso del tiempo y las ganas de profesionalizarse?

- No, digo fresco porque lo grabamos en 20 horas. Era lo que había y era lo que se pudo hacer con la guita que teníamos. Para nosotros era muy grosso escucharnos, es lo que nos dio el impulso para seguir confiando en que la banda podía llegar a mejores lugares, a otros estudios, a otros productores. En ese momento no sabíamos que un disco se grababa con un productor o que se podía pensar en tener uno. Después llegó “Qué hago aquí” y ya teníamos a Germán (N de la R: Daffunchio) diciéndonos qué tenía que hacer cada uno. A la vez estaba bueno porque era un ex Sumo, y nosotros éramos muy fan de Luca. Había muchas cosas buenas.



"Qué hago aquí” – Pepsi Music 2007.

- ¿Siguen tocando esas canciones?

- Sí, de hecho de las canciones de “Caballo…” las grabamos en el disco que nos produjo Germán. Excepto un blues a lo The Doors que era muy depresivo, de lo más apático, ese fue el único que quedó afuera. Los que tengan el cassette sabrán (risas).

- Además de Daffunchio tuvieron la posibilidad de trabajar, en el último álbum, junto a Alejandro Sokol, ¿qué les quedó de esa experiencia?

- “Bocha” era una persona que hacía que todo lo que estuviera alrededor de él se movilizara; no podías verlo quieto un segundo. Era muy loco pero, a la vez, un profesional de puta madre. Nosotros compartimos muchísimos escenarios con Las Pelotas y muchas veces, en el trasfondo, veíamos toda la locura de Sokol y decíamos con Manolo “cómo le resiste el corazón a este chabón para hacer todas las que hace”. Cuando estoy volviendo de Chile, lo primero que enteré es que había muerto, entonces se me vino a la cabeza una cosa que me dijo mientras estábamos grabando “La otra mitad” (un tema lento y bastante reflexivo que cierra el disco): “me encanta esta parte que dice: ‘prefiero seguir de largo antes de parar”. Cuando me enteré, entendí qué me estaba diciendo. Cuando grabó estaba en un momento de mucha euforia pero hasta que no quedó bien, no se fue. Era pura pasión, puro corazón… siempre digo que cuando tipos como él se van, se pierde un soldado de un ejército reducido -lo mismo pasó el año pasado con el Valdo y el Gordo-. Tal vez es gente que no nació para ser un espectador de un sistema que no te pide corazón sino astucia para manejar este negocio. Eso es lo que se extraña de gente así…

Los puntos suspensivos marcan un largo silencio y el final de la entrevista (es casi imposible pensar en otra cosa que no sea la repentina partida de Sokol).

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