Eduardo Ibarra

"El Aconcagua es una parte mía"

25 temporadas seguidas a cargo del Refugio Plaza de Mulas

A pesar de sus 42 años, Eduardo Ibarra es una de las marcas registradas que tiene el Aconcagua, pues justamente este año cumple veinticinco años seguidos trabajando en el refugio Plaza de Mulas. Delante de sus ojos ha pasado lo que podríamos sintetizar en dos mundos bastante diferentes: el “viejo Aconcagua” y el “nuevo Aconcagua”.

A él le gusta sintetizarlo con una frase demasiado determinante, pero clara a los efectos de la comprensión: “Al principio, solamente había andinistas. Después, empezaron a llegar los montañistas. Ahora, llegan también los turistas”.

Eduardo está casado con Moo, a quien conoció en el refugio, y tiene una hija, Federica, de cinco años. Si bien es profesor de Educación Física, Guía de Montaña y dueño de una agencia de viajes, Ibarrak Viajes, Eduardo prefiere definirse de otra manera:  “Yo soy un refugiero. Soy un guarda de refugio. Es distinto a ser dueño de algo, yo estoy en el lugar en el que tengo que estar cada año: el refugio Plaza de Mulas, a 4.370 metros sobre el nivel del mar”.

El refugio a que hace referencia pertenece a una agencia llamada Emprendimientos Turísticos S.A. y fue construido con aquellos famosos préstamos del Banco de Mendoza en al época de Bordón. El lo alquila a la sociedad anónima cada temporada y, desde aquí, hace historia en la historia del Coloso de América.

- ¿Cómo empezaste con este modo de vida?

- A principios de los ’80 yo estudiaba Ingeniería Civil, aunque después abandoné y terminé como profesor de Educación Física. Entonces, armamos un grupo de montaña en la UNCuyo, a cargo de Mario Mulet. Ese grupo fue el ahora famoso CUDA (Club Universitario de Montaña). No teníamos experiencia, pero nos propusimos subir el Aconcagua en la temporada 84/85 y también hacer una limpieza. Así, empecé. En esos años, venían 400 personas por temporada; ahora vienen casi 9.000. Entonces, tomé algunos trabajos muy rudimentarios, básicos, como porteador o campamentero. Todo esto era muy distinto, no había nada de lo que hay ahora.

- ¿Y quiénes fueron los primeros que empezaron a ver esto como un negocio?

- Los que empezaron a marcar diferencia fueron Fernando Grajales, en primer lugar, y también Rudy Parra, pero todavía no había empresas ni campamentos instalados. Se mezclaba el amor por la montaña con la intención de hacer sustentable la actividad. Después fueron llegando otros como el Turco Jatif, Víctor y Juan Herrera, Pedro Rosell… Fernando Pierobón hizo una sociedad con Pancho Seufghegrld y Gatica, que se llamó Inti Raime y trabajamos juntos. Empezaron a aparecer japoneses y se hizo importante que algunos como yo manejaran otros idiomas…

- Igualmente, era todo muy distinto a lo que vemos ahora…

- Le subías equipo a alguien y abajo le decías:  “Te dejé tus bolsas al lado de la piedra grande tapadas con piedras”. No se pagaba permiso. Había que presentar una nota al señor Galera, de la Dirección de Deportes y después parar en la comisaría de Uspallata para que te asentaran. Y al bajar, parabas otra vez para avisar que no te había pasado nada. Tampoco había guardaparques y las mulas dormían en el camino con vos. Los calentadores, muy rudimentarios, eran marca Smark y las botas de moda se llamaban Dolomitti y ya aparecían las primeras Koflach…

- ¿De qué personajes te acordás de aquellos años?

- Los arrieros siempre han sido personajes totales, me acuerdo del Perico Sosa, El 14, El Sordo, Don Amoroso, Los Suárez… También recuerdo al Polo, un campamentero de ley. Y ya había guías ahora legendarios, que marcaron toda una generación en al montaña, como los casos de Alejandro Randis, Danielón Rodríguez y Lito Sánchez.

- Tres monstruos que han marcado a mucha gente en este modo de vida.

- Fueron y son muy importantes. Lito Sánchez, por ejemplo, sigue subiendo habitualmente a la cumbre. Es más creo que mañana llega a Mulas. Con Lito estuvimos una vez trabajando durante cinco años en la búsqueda de tres japoneses perdidos en el cerro.

- ¿Cinco años buscando a tres tipos? ¿Los encontraron?

- Encontramos sus cosas, pero en lugares muy distintos. Esa es una de las tantas historias misteriosas que tiene este cerro.

- Por aquellos años hubo una patrulla de rescate muy importante también.

- Era privada y, cuando empezaron a actuar, de 6/8 muertes por año, de pronto no se murió nadie durante dos temporadas. Carlos Tejerina estaba al frente y la integraban Lito Sánchez, Marcelo Acosta, Gabriel Cabrera, Horacio Cunnietti…

- Otros hombres importantes, que han hecho historia en el Aconcagua.

- Sí, y también van apareciendo otros como el Turco Mir, Mauricio Fernández, Daniel Pizarro, Leroy Ibazeta… Me estoy olvidando de mucha gente importante, pido disculpas… De mi propio hermano, por ejemplo, que comenzó con el servicio médico en el cerro y estuvo al frente durante diez años.

- Y también están los que se han ido, en el Aconcagua o alrededor de él…

- Justamente, en estos días aquí siento la dolorosa pérdida de Germán González Mena, quien murió hace unos días. Germán fue un hombre que hizo mucho por la montaña. El era el fotógrafo del Aconcagua. Fue tristísima su pérdida… Tampoco me quiero olvidar de gente valiosa como Felipe Tapia, Gustavo Lo Re, el Leroy, un chico Benegas en la Pared Sur, Giorgio Brugiavini, el Pájaro Javier Jardel o tu colega el Negro Carmona. Y, por supuesto, Fernando Grajales, quien murió hace dos años.

- Llevás veinticinco temporadas seguidas laburando en Mulas, ¿por qué seguís?

- Porque soy feliz haciendo este trabajo. Cuando deje de ser feliz, no lo hago más. Yo creo que este laburo me eligió a mí y la verdad es que uno se siente bien en este lugar, más allá de que a todos nos jode un poco estar tanto tiempo lejos de la familia. El Aconcagua es una parte mía.

Nota: Al día siguiente de realizada esta entrevista, Eduardo Ibarra,  por pedido de la Patrulla de Rescate de la Policía, subió hasta Independencia (6500 metros) y estuvo colaborando activamente en las tareas de rescate de los andinistas italianos siniestrados, poniendo en riesgo su propia vida en tales menesteres.

Opiniones (3)
19 de noviembre de 2017 | 06:51
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19 de noviembre de 2017 | 06:51
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  1. Me encantó la nota. Realmente en los tiempos que vivimos conocer personas que aman de esta manera su trabajo, a pesar de la condiciones adversas que implica trabajar en montaña, es un verdadero placer. Felicito a Eduardo por su experiencia de vida y a Ulises por la calidad de la nota.
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  2. - "El Aconcagua es una parte mía" - ¿Por qué? - Me caí y se me metió una piedra en el toor.
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  3. Muy buena la nota Ulises, sobre este personaje, quien fue amigo de club regatas, compañero de estudio y amigo de la montaña. felicitaciones Negro.
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