Mario Mátar

"A los 50 años, se cierra un círculo"

Diálogo intimo con uno de los músicos más influyentes de Mendoza.

Mario Mátar es uno de los grandes músicos que tiene Mendoza. Su estilo para tocar la guitarra, sus avances tecnológicos, su técnica, siempre han sido incomparables.

Ha desarrollado una vastísima carrera musical, con proyección nacional e internacional. Desde 1973, Mátar ha integrado grupos como “Tiempo después” o “Altablanca”, sin dudas el grupo más influyente de la historia del rock de Mendoza.


Tuvo momentos cumbres en su vida como cuando en 1984 viajó a Los Angeles por 6 meses en donde estudió en el Musicians Institute de Hollywood, con profesores de la talla de Duanne Deyo y Jorge Strums. De allí volvió con una guitarra sintetizada digital con MIDI marca Roland 707, siendo la primera en el país.


En 1985 se sumó a la banda que acompañaría a Piero en su gran gira de 10 meses por Latinoamérica, junto a Los Enanitos Verdes y la historia siguió con otro grupo señero: Salsa Blanca, grupo con el que estuvo en Italia por 6 meses.

Neptuno Club fue su última banda aunque también hizo cosas con Zonda Projeckt además de  haber creado la música de numerosas obras de teatro, producido y grabado diversos solistas y grupos de Mendoza.

Este Mario Mátar cumple mañana 50 años y por eso se sentó a dialogar con MDZ para hacer un repaso de su vida.

Un artista que vale la pena descubrir.


-¿En algún momento tuviste alguna expectativa por lo que sería llegar a los 50 años?

-Siento como que a los 50 años se cierra un círculo de sucesos que yo ya los veía venir. He llegado a esta edad con toda la colección de mis composiciones muy organizadas, con toda mi etapa musical armada pero desconocida por la mayoría. La gente me habla mucho de Altablanca, Aeropuerto de pájaros o Salsa Blanca, pero desconoce mi obra solista, que en realidad es lo más nuevo que hice.

-¿Cómo es eso de estar organizado?

-Decidí registrar mis obras en Sadaic, y llegué a más de 90. Creo que son composiciones maduras, bien medidas y descubrí que había en mi una cierta coherencia compositiva aún cuando era inconsciente de eso. A esta edad, mirando hacia atrás en mi obra, he descubierto composiciones viejas que tenían métrica, forma, parte A y parte B… Creo que he sido un compositor nato más que un violero nato. Descubrí que estuve toda la vida componiendo cosas.

-¡Qué descubrimiento!

-Vengo de la escuela de la música progresiva, donde tratábamos de escaparle al blues y al rock and roll. Por eso me siento raro cuando me dicen “rockero”.

-¿Y cómo preferís que te digan?

-No se… El título “rockero” lo odié cuando muchas veces me tildaron así en la Fiesta de la Vendimia y me bajaban de la parte musical. Muchos pensaban –y lo siguen haciendo- que yo no calificaba  para la Vendimia porque yo soy “rockero”… La verdad, es que ahora que lo estamos hablando, me doy cuenta que me encanta que me digan “rockero”.

-¿Cuándo fue la última vez grabaste algo?

-En noviembre del 2006. Un mes antes hice un experimento buenísimo: me metí adentro de un armario para tocar la guitarra y lo grabé. Las tomas quedaron muy buenas porque había un ambiente muy limpio de sonidos. Lo que pasa es que siempre tuve mi home studio.

-En eso sos un adelantado en Mendoza.

-En 1986 armé mi primer estudio en mi casa. Conseguí un Foster X15, un grabador en casete de cuatro canales, mi guitarra sintetizada, una caja de ritmos Roland y un secuencer monofónico, de 96 notas. Con eso, armamos la primera conexión MIDI de Mendoza… Desde ese momento me enganché con la tecnología.

-¿Qué fue lo primero que grabaste en ese estudio casero?

-“Aeropuerto de pájaros”. No es lo que más me gusta de mi producción pero fue el nacimiento de una parte mía que llega hasta hoy.

-Tenés todo ordenado pero no lo tenés editado.

-Ese es uno de mis grandes errores. Tengo muy poco editado. Siempre aspiré a tener la mejor edición, la mejor tapa, la mejor grabación…y no lo hice. Ahora, no tengo otra obsesión más que publicar todo lo que pueda.

-¿Y lo vas a hacer?

-Estoy en eso. Son seis o siete discos que voy a editar en poco tiempo más, con aportes del Fondo Provincial de la Cultura. Voy a editar de a dos por vez. Quiero mostrar todo lo que hice en estos últimos años: música con climas, con muchas guitarras, con experimentaciones.

-Estás cumpliendo 50 años de vida y 34 como músico, de los cuales 26 fuiste solista. Sin embargo, la gente te ubica por tus participaciones en grupos como Altablanca o Salsa Blanca.

-Eso es muy mendocino. Acá te clavan un cartel y no te lo sacan más. Yo estoy orgulloso de las bandas en las que toqué. Altablanca fue una banda que despertó a muchos y eso fue muy bueno, porque surgió todo un movimiento atrás de esas canciones. Estamos hablando de 1976 a 1981. En 1987, fui el primero en tocar la guitarra sintetizada en esta provincia –y te diría que en el país- y eso también fue muy novedoso. Pero la mayor parte de mi carrera fue solista.

-¿La música te permitió ser feliz?

-Si, si…Pero prefiero recordar estos últimos cinco años donde todo era tocar y tocar y tocar. Nunca por plata porque nunca fui así, de ir a tocar sólo por la plata. Si pintaba un mango era porque venía del lado de la producción, de mi computadora, de mi teclado. Jugar mi “picadito” –musicalmente hablando- con mis amigos fue la felicidad. Tocar con Quique Oësch, con Rodolfo Castagnolo, con Eduardo Ordóñez… Miles de presentaciones chiquitas y muy felices.

-¿Tenés amigos en el mundo de la música?

-Muchísimos. Hoy saco la conclusión que mis únicos amigos son artistas. He visto a mucha gente jugársela toda por el lado de la amistad y si repaso la historia veo que cuando no me jugué por ese lado me sentí muy mal. Una vez, echamos de la banda a un amigo y nunca me lo perdoné.

-¿Y alguna vez le pediste disculpas?

-Si, pero no a él sino a la esposa. Creo que fui pagando mis deudas amistosas con el correr de los años.

-¿Qué otra etapa de tu vida destacás?

-La de Salsa Blanca. Ahí me puse la camiseta y rompimos todo. Era un bandón, que componía mucho y que estaba calificando para llegar a nivel nacional. Nos fuimos a Italia y priorizamos la amistad por sobre la música. Empezaron a aparecer productores que nos querían contratar y nosotros no entendíamos nada de porcentajes y regalías… Y dejamos pasar la oportunidad cuando podríamos haber estado compitiendo con Los Pericos o Los Fabulosos Cadillacs tranquilamente.

-¿Cuándo tocaste la guitarra por última vez?

-En noviembre del año pasado, en un ciclo de jazz que se hizo en la Alameda.

-¿Por qué no podés tocar más?

-Porque estoy enfermo.

-¿Cuál es tu enfermedad?

-Artritis psoriásica. Hasta ahora, la psoriasis no apareció pero la artritis sí y me afectó las extremidades. Yo le dije a mi doctora: “Dios me pegó donde más me duele, en las manos”. Lo que pasa es que no puedo agarrar una guitarra…

-¿Cuándo descubriste que había algo extraño en tu cuerpo?

-En diciembre del año pasado. Empecé a tener problemas con la movilidad de los dedos de la mano izquierda y me di cuenta que no podía tocar la guitarra. Ya llevo un año sin tocarla y la evolución de mi mano no es muy buena a pesar de la rehabilitación que estoy llevando a cabo.

-¿Y cómo te sentís?

-He incorporado la figura que a los 50 años me he retirado como guitarrista. Pienso como los futbolistas: “hasta acá llegué”. Empecé a tocar allá, en 1973, haciendo covers de Vox Dei y los dedos me bancaron hasta los 50… La artritis no me cerrará la otra parte mía, la del productor artístico por donde canalizo mi pasión. Por ahora, la enfermedad no se metió con mis ideas ni con mis orejas. Pero siento que ya no voy a tocar más la guitarra. Cerré un círculo y ahora se abre otro.

-¿Con quién te enojaste por tu enfermedad?

-Con nadie. Ni con Dios ni con la vida. Te diría que inconscientemente me venía preparando para esto porque no me veía tocando la guitarra hasta los 60 años. Estoy entero, con muchas pilas.

-¿La producción también te da energía para seguir?

-Es una de las cosas por las que me vienen a buscar. Hay mucha gente que confía en mi capacidad, en mi oído y siempre tuve trabajo como director de proyectos y otras cosas. Mucha gente valora mi trabajo, especialmente los jóvenes. Estoy actualizado tecnológicamente y podría decir que estoy jugando en la Primera B, cerca de la A.

-¿Te gustaría hacer una banda de sonido de una Fiesta de la Vendimia?

-Es el sueño de toda mi vida. Estuve dos veces como codirector y aprendí mucho. Hablar de Vendimia es hablar de plata y en mi no hay esa ansiedad de que ese trabajo se hace sólo por plata. Yo quiero hacer cosas distintas. Siempre soñé con meter una guitarra distorsionada en la Fiesta y en la nueva versión de la Marcha, del 2006, lo pude hacer aunque la viola la tocó Sergio Embrioni. Siempre quise hacer la música de una Vendimia. Capaz que ahora se de.

A tu derecha, encontrarás en Notas relacionadas tres canciones de Mátar. Una de Altablanca, grabada en vivo (toda una reliquia), y dos canciones que aparecen en su disco "Aldea". A disfrutar.

Acá te dejamos un video de una de las presentaciones de Zonda Projeckt, en el Teatro Quintanilla, con Mario en la guitarra. Imperdible.

Opiniones (2)
21 de agosto de 2017 | 12:50
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21 de agosto de 2017 | 12:50
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  1. matar es un grande con un corazón humilde. lo he escuchado y siempre quedo fascinado con su creación y magia. no lo conozco, no soy su amigo. soy un aficionado a la buena música
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  2. Me gustó mucho la entrevista a Mario Matar, porque es uno de los músicos más destacados de Mendoza y ningún medio le da hoy la bola suficiente para ubicarlo en su lugar. Este musico es un creador, por eso no hay enfermedad que lo deje sin aliento. Me gustaría saber su relación actual con el Estado, respecto a la Vendimia 2008, y qué diferencia hay entre componer su propia musica y componer musica vendimial. Ademas quisiera saber si está produciendo en este momento y a quiénes
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