Alberto Acosta

"Latinoamérica apenas transita por un neodesarrollismo"

Ex ministro de Energía y ex presidente de la Asamblea Constituyente de Ecuador

Ecuador acaba de declararse en cesación de pagos, eso que técnicamente se llama “default”. 
Cuando sólo era una posibilidad, el vocero del gobierno argentino en el Senado, Miguel Angel Pichetto, dijo que esa actitud es propia de los “países bananeros”, tensando las relaciones con aquel país.

Alberto Acosta fue ministro de Energía de Ecuador y presidió la Asamblea Constituyente. Es economista de profesión, pero siempre estuvo vinculado a las actividades académicas y es conocido internacionalmente por su participación en movimientos sociales.

Es autor de numerosos libros y artículos sobre la ilegitimidad de la deuda externa y su análisis del tema puede sintetizarse en un párrafo: “a deuda externa ha sido eterna para Ecuador. Sus dificultades son tan antiguas como la formación de la República. Sus peripecias han sido un telón de fondo en nuestra vida económica, social y política. Y, en este interminable sendero, las soluciones, impulsadas y controladas por los acreedores, en contubernio con los negociadores nacionales, de acuerdo siempre con sus intereses, no han resuelto el problema. Por eso, las tan promocionadas ´soluciones definitivas´ apegadas a la racionalidad del mercado, a la postre han ahondado las crisis”.

Lo intentamos por las vías formales y resultó muy difícil hallarlo, luego de que renunciara a la presidencia de la Asamblea Constituyente y se distanciara, por izquierda, del presidente Rafael Correa.

Sin embargo, en virtud de su militancia social, gracias a la cadena de amistad que lo incluyen como amigo de otros, logramos hablar con Acosta.

Sabíamos que al preguntarle por Pichetto y sus dichos, estaríamos disminuyéndolo en su dimensión, pero hacía falta una réplica. Y lo hicimos. Hábil, dijo algo así como que “todos los países latinoamericanos somos más o menos bananeros”, agregando que en la época de Menem (de la que el senador Pichetto también ofició de vocero), la propia Argentina lo fue.

Su actividad tras la ruptura con Correa y un tema que lo desvela: el futuro del bloque de izquierda latinoamericano.

- Tras su salida de la Asamblea Constituyente , ¿cómo sigue su trabajo con los movimientos sociales de los que proviene y en la política?

- Como siempre, muy activo y comprometido. Estoy empeñado en defender la Constitución recientemente aprobada por el pueblo ecuatoriano, que se encuentra amenazada por varias acciones de quienes la gestaron, los miembros de la Comisión de Legislación y Fiscalización, e incluso de quienes deberían defenderla, el Tribunal Constitucional.

- Su posición se volvió distante con la del presidente Correa? ¿Por qué motivos?

- Así es. Son varias las causas que se fueron acumulando a lo largo de la Asamblea. El punto que visibilizó el distanciamiento se centró en el planteamiento de ampliar por unas tres o cuatro semanas los debates de la Constituyente, que no fue aceptado por el buró político de Acuerdo País y que provocó mi renuncia de la presidencia de la Asamblea, para no dar paso a una tradicional pugna de poderes que podía haber provocado una ruptura dentro del movimiento oficialista (al que me debía) e inclusive el fracaso de la propia Constituyente.

Mi objetivo era redactar con la mayor participación ciudadana posible la nueva Constitución, algo que era dio lugar a que el presidente Rafael Correa me tilde de "demasiado democrático" y que afirme que en mi gestión se practicó "la democracia del bla-bla".

Hubo otros puntos de fondo que tenían que ver con algunas amnistías, con temas ambientales, con la consulta y el consentimiento previos a las comunidades; estos y otros más algún día espero ventilarlos con el propio presidente.

- ¿Cree que se está consolidando un bloque de carácter progresista en Latinoamérica o que corre el riesgo de sufrir un efecto pendular en lo ideológico, que lo lleve luego nuevamente hacia la derecha? 

 - Es deseable e incluso indispensable que se consolide ese bloque. Lamentablemente hasta ahora más son los discursos que las realidades integracionistas. Un eventual fracaso de los actuales gobiernos progresistas, sin duda alguna alentará a las fuerzas reaccionarias. Sin embargo, aún en ese caso a las oligarquías les será muy difícil rearmar sus tradicionales estructuras de poder, salvo que recurran a prácticas abiertamente fascistas... que, de todas maneras, tendrán que enfrentar sociedades muchos más politizadas y concientes. 

  - ¿En dónde cree que están las fortalezas de los nuevos gobiernos?

- En sus respectivos procesos políticos, así como en su deseo de voltear la página de "la larga noche neolibereal", como califica al período anterior el presidente Correa. También es una fortaleza el proceso de acercamiento de estos gobiernos que hablan de integración...

- ¿Y las debilidades?

- Que no son capaces de concretar la integración. Hoy hay muchas condiciones regionales y mundiales que deberían ser aprovechadas. Otra gran debilidad de estos gobiernos es que apenas transitan hacia un neodesarrollismo, sin poner en entredicho en la práctica el extractivismo. Dicho de otra manera, en muchos casos repiten mucho de lo anterior con un estilo y discurso diferentes.

- ¿Estima que el triunfo de Obama en los Estados Unidos puede favorecer un cambio del modelo de la relación de ese país para con el resto del mundo?

Deseareía que así fuera. Por el bien de todos.

- ¿Cómo será esa relación con Latinoamérica y, en especial, en lo que tiene que ver con sus intromisiones en lo militar y en lo económico?

- La historia nos dice que no cambia mucho esa relación si es un gobierno demócrata o republicano. De cualquier manera es una alivio que se haya acabado el reinado-electoral de Jorge Bush II. Y es un motivo de esperanza que por primera vez un negro esté en la Casa Blanca, en donde antes los negros deben haber entrado en calidad de esclavos.  

- ¿Cómo ve la marcha de las relaciones entre su país y la Argentina?

- Mejores que nunca, pero falta mucho. No se aprovecha a cabalidad, en el término positivo de la palabra, la coyuntura política existente.

-  ¿Sabía que el jefe de la bancada kirchnerista del Senado, Miguel Pichetto, calificó a Ecuador de “país bananero”? 

- Realmente no. Esa declaración reafirma lo anterior. Todavía hay personas que no entienden que el mundo cambia. Y que si no nos integramos en los hechos, no habrá desarrollo para la región.

- ¿Es su país “bananero”, en el término despectivo del término?

- Como lo son o han sido muchos países de nuestra América, incluida la Argentina de Carlos Menem, cuando ese gobierno se vanagloriaba de tener relaciones carnales con Washington.

- ¿Qué opinión le merece esa afirmación?

- A palabras necias, oídos sordos, decía mi padre, quien visito su país en los años treinta y quien, con el relato apasionado de su viaje, hace mucho años, ya me hizo empezar a querer y admirar al pueblo argentino.

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